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El viernes pasado, Rusia, Turquía e Irán se reunieron en Teherán. Intentaban plantearse sus intenciones y expectativas  de lo que significaría el asalto a Idlib, último enclave rebelde sirio, bastión de la lucha contra el régimen de Bashar Al-Assad.

El ataque a Idlib sería con aviones rusos y un combinado sirio e iraní de tropas contra la provincia nor-occidental. Esta alberga a grupos diversos opuestos a Bashar Al-Assad. Pero a Turquía le preocupa que --estando tan cerca de su frontera, habrá una estampida de refugiados que, en un número mayor a los 800,000--  serían una amenaza contra el régimen de Erdogan.

Mi punto: Turquía y Siria se están jugando mucho con el ataque a Idlib. Moscú querrá más. No se quedará contenta con haberse asegurado un enclave más para tener corredores estratégicos en esta zona geográfica.

Putin no solo busca liberar a Siria de amenazas, sino crearle otro problema a Occidente: soltar refugiados que lleguen a Europa, pongan presión al Gobierno de Turquía. Y a Erdogan --irritado, y a moderada distancia de Bruselas y Washington-- enrostrarle que sus amigos de OTAN no le ayudan y que le tiene más cuenta aliarse con Rusia. Estados Unidos está fuera. Irán ganará en patio ajeno.

Sin dudas, en el epílogo de la guerra en Siria hay mayores peligros en juego. Turquía ha estado bien involucrado hasta ahora, no solo por la vecindad, sino porque apoya a ciertos rebeldes que a su vez luchan contra los kurdos --la piedra en el zapato del Gobierno de Ankara.

Moscú tiene su agenda. Siria es su aliado regional estratégico: nadie ahí debe inmiscuirse. Después, creo, ajustará el mando político en Siria. Luego de 7 años de guerra, el país está hecho añicos.

Es hora de poner orden institucional. Los rusos pusieron muchos soldados; su presencia debió crear roces entre las fuerzas armadas sirias, que albergan sentimientos ultranacionalistas. Además, hay etnias en ese país que van a reclamar cuotas de poder. Sucede siempre.

Las guerras suscitan cambios. Hay reclamos, de unos y otros. Surge otro balance de poder: se reajustan las fronteras internas y externas. 

Y ahí, Turquía, Irán y Rusia van a demostrar cuánto podrán resolver sus diferencias --hasta ahora solo vistas con euforia triunfalista porque Estados Unidos se ha quedado afuera--. Pero, ese distanciamiento tiene costos para Washington.

Estados Unidos ahora está ensimismado en sus asuntos domésticos. Pero, si se excluye --como lo está haciendo, totalmente del asunto sirio-- después perderá su influencia ahí. Turquía no es confiable; Israel se mantiene a cautelosa distancia. 

Además, ha sonado una alarma entre la comunidad internacional tratante de derechos humanos. Se dice que en la toma del último bastión rebelde se usarán armas químicas. Ya Washington y Moscú se habían acusado mutuamente. El punto es que quien las use causará mucho sufrimiento y dolor a la población civil. 

¿Cómo supervisar y controlar el uso de armas prohibidas por las convenciones internacionales si ahí están involucradas las mayores potencias militares?

La ONU solo podría lidiar con este asunto con las manos atadas. Desde el Consejo de Seguridad, el veto de cualquiera de los cinco grandes no ayuda a resolver nada. Turquía tiene iguales intereses y ha estado abogando para que se minimicen los daños a civiles porque los que salgan afectados irán  buscando la ruta que les lleve a territorio turco. Ahí ya hay campamentos y existen mecanismos establecidos para atender a los refugiados, aunque haya condiciones precarias. 

Otro punto importante será si el conflicto cesa porque hubo una victoria militar pro-Bashar y aliados, ¿querrán regresar los refugiados a Siria bajo el actual status quo?

El presidente turco no solo está dando una campanada de alerta. Él será el primer afectado si se da una estampida humanitaria. Sabe muy bien que Putin lo está presionando por haber lucido ambiguo en sus posturas frente a la OTAN (donde Turquía es socio); y a la larga, Moscú quiere rehacer alianzas con los desencantados con Occidente.

Cuando este artículo salga publicado ya la suerte estará echada. Para Turquía toda acción u omisión le creará problemas, está en dos aguas. Otra guerra sería controversial. Si se involucra perdería respeto de Occidente; si no, de Rusia, que propiciaría oleadas de refugiados.  

Washington está fuera de este asunto. Su aliado, Israel, solo podrá mantener ojos vigilantes. Pero Irán está ganando preponderancia en patio ajeno.

Damasco pidió mucha ayuda prestada a otros países. Ahora debe compensar. ¿Sabe Bashar cómo pagará su deuda con los aliados?