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excesivos gastos militares de los países son faltos de ética, inhumanos y contrarios a los principios del desarrollo de las naciones. Estos gastos quebrantan la posibilidad de cualquier intento de paz, agravándose al considerar lo lejos que estamos de los enunciados del Concilio Vaticano II: …“Es por tanto necesario que todo lo que el hombre precise para llevar una vida dignamente humana se le haga asequible, como son: el alimento, el vestido, la vivienda; el derecho de elegir libremente un estado de vida y a fundar una familia; el derecho a la educación, al trabajo, a la buena fama, al respeto…”

En un trabajo continuado por la paz, la Iglesia Católica intervine con su enseñanza evangélica con Pacem in Terris (Encíclica del Papa Juan XXIII, 1963), Gaudium Et Spes (Concilio Vaticano II, 1965) y Centenario Rerum Novarum (Encíclica de Juan Pablo II, 1991): “La paz no es una mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas contrarias, ni nace del dominio despótico sino, con razón y propiedad, se la define como “la obra de la justicia (Is 32, 17)”… Sin embargo, esto no basta todavía; no puede obtenerse la paz en la tierra si no se garantiza el bien de las personas y si los hombres no saben compartir entre sí.

En su cuarto viaje a México, el Papa Juan Pablo II (1989) expresó su creciente preocupación por la insensibilidad de las corporaciones en los intereses de la comunidad: “Cada vez más, en muchos países americanos impera un sistema conocido como neoliberalismo; sistema que haciendo referencia a una concepción economicista del hombre, considera las ganancias y las leyes del mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad y del respeto de las personas y los pueblos.

En Nicaragua, el balance de los seis gobiernos (1940 a la fecha) civiles y dictaduras, electos democráticamente o no, han estado lejanos de lograr la paz verdadera. La situación es más crítica cuando a diario se agudizan las confrontaciones, somos personas proclives al conflicto, más que a la conciliación, se expande la miseria, se aumenta la brecha entre ricos y pobres, se deterioran los sistemas de salud y educación, se ha perdido la confianza en el sistema de justicia, se irrespeta la dignidad de las personas y se acrecienta la corrupción.

En nuestro país los individuos, las familias y los grupos sociales, sufren angustias y frustraciones, originadas por la inestabilidad política, la incertidumbre en sus trabajos, los escuálidos ingresos y el incierto porvenir en la educación de los hijos.

Una forma de estudiar esta crisis es analizando el documento del Papa Juan Pablo II y el Celam de 2002: 10. “Nos interpela a todos la extrema pobreza de la gran mayoría de las familias en nuestro continente. El capitalismo salvaje y la dictadura del mercado provocan cada vez más desigualdad entre los hombres y el crecimiento del desempleo. Compartimos el sufrimiento de tantas familias que experimentan la necesidad de emigrar por la falta de oportunidades de trabajo en muchas regiones.

11. No es verdad que el incremento de seres humanos sea la causa de la pobreza y la miseria. Sabemos que ellas son producto de la injusticia reinante. Ésta es la que produce mayor enriquecimiento de los ricos y más empobrecimiento de los pobres. Nunca antes hubo mayor contraste entre riqueza y pobreza. Dentro de este contexto, la víctima principal es la familia. Para los niños, invitados al banquete de la vida, la mayor pobreza es carecer de una familia en la que sean acogidos, amados y educados.

El Papa Benedicto XVI reitera los pensamientos de Juan Pablo II y se extiende retomando pensamientos de la doctrina social de la iglesia. Parte de su homilía del 23 de septiembre de 2008, es clara cuando indica: En verdad, la vida es siempre una opción: entre honradez e injusticia, entre fidelidad e infidelidad, entre egoísmo y altruismo, entre bien y mal. Es incisiva y perentoria la conclusión del pasaje evangélico: “Ningún siervo puede servir a dos amos: porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo”. En definitiva —dice Jesús— hay que decidirse: “No podéis servir a Dios y al dinero” (Lc 16, 13)…. Podríamos decir que la riqueza se presenta como el ídolo al que se sacrifica todo con tal de lograr el éxito material; así, este éxito económico se convierte en el verdadero dios de una persona.

… es preciso elegir entre la lógica del lucro como criterio último de nuestra actividad y la lógica del compartir y de la solidaridad. Cuando prevalece la lógica del lucro, aumenta la desproporción entre pobres y ricos, así como una explotación dañina del planeta. Por el contrario, cuando prevalece la lógica del compartir y de la solidaridad, se puede corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo, para el bien común de todos.

En la comunidad de naciones incluyendo la nicaragüense, existen grupos sociales que viven ajenos a la dura realidad de los países, ignorando por completo la crisis que en la actualidad enfrentamos. El apego a los bienes materiales, el consumismo, la imposibilidad de compartir con terceros, el derroche de los bienes, los lujos y extravagancias, el rendirle pleitesía a las personas, el hedonismo, las frivolidades, el culto al dinero, el desprecio a las clases marginadas. Comportamientos todos que distancian al individuo de la caridad cristiana y la solidaridad con la gente.

La Encíclica Pacem in Terris, del Papa Juan XXIII, está llena de enseñanzas para superar las debilidades que obstaculizan el acercamiento a la paz. “Esto recordaba nuestro predecesor, de feliz memoria, Pío XII, cuando decía: “No en la revolución sino en la evolución bien planeada se encuentra la salvación y la justicia. La violencia nunca ha hecho otra cosa que destruir, no edificar; encender las pasiones, no aplacarlas…”

A todos los hombres de alma generosa incumbe, pues, la tarea inmensa de restablecer las relaciones de convivencia basándolas en la verdad, en la justicia, en el amor, en la libertad… Así, Cristo nos ha traído la paz, nos ha dejado la paz: “La paz os dejo, mi paz os doy. No la doy como la da el mundo”…
La Encíclica Rerum Novarum, del Papa León XIII (1891), marca un momento de gran importancia en la historia de la Iglesia Católica. Llamada “inmortal documento” por el Papa Juan Pablo II, vino a ser el primer instrumento de la “doctrina social” de la Iglesia. Su esfuerzo está centrado en presentar propuestas para resolver los problemas de los obreros. Su alcance es amplio y continúa vigente, los temas que trata corresponden: a la dignidad del trabajador, a los derechos a la propiedad, de asociación de los obreros y empresarios, a las horas limitadas de trabajo y al descanso justo, al salario justo, entre otros.

A finales del Siglo XIX, el mundo presentaba una transformación política, económica y social importante. Una sociedad tradicional terminaba y nacía otra cargada de esperanza y libertades con la llegada de la revolución industrial. Por otro lado, el movimiento socialista con las expectativas de la clase obrera, surgía en algunas naciones europeas. Ambos movimientos presentaban peligros de nuevas formas de injusticia y de esclavitud. La Rerum Novarum critica los dos sistemas sociales y económicos: el socialismo y el liberalismo. Al primero le aclara la necesidad de respetar la propiedad privada; al segundo, le indica al Estado y a los empresarios, que no se debe favorecer a una sola parte de los ciudadanos -a los “ricos y poderosos”- y descuidar a los otros.

El documento es un testimonio de la continuidad de la “opción preferencial por los pobres”. La Encíclica sobre la “cuestión obrera” es, pues, una Encíclica sobre los pobres y sobre la terrible condición a la que el nuevo y, con frecuencia, violento proceso de industrialización había reducido a las grandes multitudes..

Desde la publicación de Rerum Novarum, en 1891, el mundo ha visto grandes acontecimientos que logran expandirse para luego transformarse, menguarse o simplemente desaparecer. La revolución industrial, el socialismo, el liberalismo, el marxismo, las democracias y dictaduras, los movimientos artísticos, los descubrimientos científicos, el neoliberalismo, la caída del bloque soviético, la globalización, las guerras, holocaustos, revoluciones y genocidios.

Independientes de estos cambios, muchos de ellos positivos, innovadores o de vanguardia, hay asuntos que permanecen y lastimosamente en varios países las condiciones se han venido deteriorando: la miseria en que vive una cantidad importante de personas; las injusticias sociales y abusos de las autoridades; la corrupción en las distintas estructuras de la sociedad; y el egoísmo y la falta de solidaridad.

En el mensaje de su Santidad Benedicto XVI Combatir la Pobreza, Construir la Paz , nos presenta un documento rico en pensamientos orientados a encontrar la tan anhelada paz. El Papa invita a que estudiemos las implicaciones morales de la pobreza encontrando soluciones sostenibles: al crecimiento demográfico; las enfermedades pandémicas; la pobreza; la relación entre el desarme y el desarrollo; la crisis alimentaria; y la solidaridad global, comercio internacional y crisis financiera.


*CPA y MAP
patrmartinez@hotmail.com