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La seguridad ciudadana, en su sentido más amplio, incluye amenazas y riesgos y percepción de las personas sobre el riesgo contra sus derechos fundamentales como la vida, la integridad física, la libre movilización y el derecho a la propiedad. La violencia delictiva afecta derechos y limita el desarrollo de los seres humanos, pero también lo hacen (cada vez con mayor frecuencia e intensidad) los desastres naturales y las epidemias como la que ahora amenaza al mundo. Se llamó al inicio Influenza porcina, pero dada la pronta adaptación que ha tenido el virus AH1N1 en el ser humano, en parte por nuestra gran proximidad genética al cerdo, influenza humana. Algunos se preguntan con razonable duda: ¿fue el virus creación artificial en un laboratorio de la “guerra bacteriológica” que soltaron o escapó por accidente, fue formado por los desmanes humanos contra el medioambiente o fue una mutación natural y espontánea ocurrida --según dicen-- en Oaxaca, México?
La seguridad es “integral, indivisible e inseparable del ser humano” según el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica (1995). Es difícil desagregar, desde el temor y riesgo de los individuos, cual es por violencia delictiva, social y política, por inseguridad jurídica, cual por inundaciones, lluvias y el desborde de cauces y ríos, cual por desempleo y los precios de productos básicos, cual por el limitado acceso a los servicios (agua, energía, alcantarillas), salud, educación y seguridad social.

La amenaza de la epidemia es inminente contra Nicaragua (la espera nos angustia y a la vez nos consuela el tiempo que las circunstancias nos dan), podría ser “la crónica de una epidemia anunciada”, ningún esfuerzo preventivo debe ser desestimado, somos uno de los cuatro países más pobres del Continente, sus ciudadanos(as) tenemos, como en todos con esas condiciones, más fragilidades y vulnerabilidades que quienes habitan en países ricos. En Nicaragua, los riesgos son diferenciados; los más afectados serán los más pobres ¿Qué pasará en localidades más alejadas, con difíciles vías de comunicación, sin acceso a centros de salud ni medicinas? Tal vez les protege su eterno aislamiento y abandono. Varias condiciones se conjugan: a) bajo nivel nutricional, insuficientes defensas para contrarrestar un virus de reciente mutación, b) poca información y educación que le permita actuar con mejor conocimiento preventivo o correctivo, c) limitado acceso al agua potable, a sistemas de higiene y sanitarios que reduzcan los riesgos, d) condiciones urbanísticas de hacinamiento y no planificadas que dificultan la convivencia, e) infraestructura y sistema de salud pública escaso y limitado para atender la demanda y urgencia social. A lo anterior tendremos que sumar las contradicciones de la política interna que limita una estrategia articulada de la nación en función del ineludible objetivo de proteger y salvar vidas humanas.

Hay que reconocer la respuesta inmediata que el Presidente de la República y el Gobierno Sandinista ha dado ante las primeras noticias de la epidemia-pandemia, al convocar a los ministros de salud de la Región, tal y como le compete por ostentar Nicaragua (enero-junio 2009) la Presidencia Pro témpore del Sistema de Integración Centroamericano y motivar acciones preventivas, informativas y de gestión de recursos conjuntas. Además de conformar la Comisión Interinstitucional bajo la responsabilidad del Ministerio de Salud. Desde el gobierno se ha asumido un liderazgo responsable y visible como le compete. Los trabajadores de la salud, maestros, estudiantes, organizaciones comunales y entidades públicas, han sido movilizados en función de la emergencia. Los medios de comunicación han tenido y pueden seguir teniendo un rol preventivo, educativo, orientador e informativo, no hay que llamar a la psicosis colectiva, pero hay que ser responsables en decir y hacer lo que corresponda. Esta respuesta inmediata, seguramente ayudará a reducir daños. Considero que todos(as) los(as) nicaragüenses, debemos unirnos alrededor de ese esfuerzo; los grupos políticos de todos los signos deben colgar las desavenencias al lado de la puerta de la casa (al menos una tregua temporal común), apartar las diferencias legítimas e ilegítimas según las “razones” a las cuales cada quien acude, y salir con responsabilidad a tratar de hacer lo mejor que se pueda para que esta crisis, que se suma a anteriores, a la económica, y a la que lamentablemente se adicionará en los próximos días la amenaza potencial por la temporada de lluvia, con sus cíclicas enfermedades y bonanzas, ojalá provoque las menos afectaciones posibles y el país unido, logre salir adelante, por el bien nuestro de hoy y mañana (el director de Ineter informó que será de mayor incidencia de huracanes que 2008 cuando nos afectó tangencialmente ALMA y en 2007 el FÉLIX causó graves estragos en el Caribe).

Es lamentable pero hay que decirlo, así como el robo, las agresiones y la violencia urbana y rural, afectan más a las personas pobres, para quienes la pérdida de un objeto pequeño y barato (de bagatela, dirán algunos) puede ser la carencia de un bien valioso e insustituible, una persona pudiente, podrá reponerlo inmediatamente. O la lesión de la que fue víctima que requiere atención médica especializada, medicinas y alimentación apropiada, no podrá ser atendida. Quien puede, contrata médicos, gestores, abogados o se comunica con amigos(as) influyentes para resolver un problema, mientras la gente común y corriente tendrá que ver qué hace con su propio esfuerzo, esperar largo tiempo y quizás al final no recibir respuesta... Por eso es que esos sectores vulnerables, de escasos recursos (la mayoría del país), con limitado acceso a la educación, salud, crédito, propiedad, agua, etc., requieren ser prioritariamente atendidos. Así como la inseguridad provocada por la violencia delictiva afecta más a los que tienen menos, las epidemias y los desastres naturales lamentablemente encontrarán en estos grupos sociales, a sus potenciales víctimas. Sin embargo, nadie está excluido del riesgo. Dios quiere –no le echemos la culpa- que no pase nada o que lo que pase podamos superarlo unidos ¿querremos nosotros como nación hacerlo?

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