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Se están volviendo una pandemia a lo interno de la Iglesia Católica los escándalos sexuales en los que se han visto involucrados en los últimos días sacerdotes de esa institución religiosa. El caso más sonado es del actual presidente del Paraguay, Fernando Lugo, sobre quien pesan tres denuncias, las que señalan que estando en pleno ejercicio del cargo de Obispo de la Iglesia Católica, subrepticiamente mantenía amoríos y relaciones sexuales con tres mujeres, que de esas relaciones nacieron tres hijos. El denunciado públicamente ha reconocido y aceptado que es el padre de dos de los tres hijos que le achacan, por ese “pecado” pidió perdón al pueblo de Paraguay.

Ahora estalla otro escándalo, el del sacerdote Alberto Cutié, de origen cubano, nacido en Puerto Rico, este cura católico fue captado por un paparazzi, acariciando a una amante. Este sacerdote tenía un programa llamado “Cambia tu vida con el Padre Alberto” en la cadena de televisión Telemundo, la mayor cadena hispana de Estados Unidos. Una vez que se publicaron las veinticinco fotografías comprometedoras, el referido sacerdote es retirado temporalmente del cargo de párroco del templo de San Francisco de Sales en Miami.

En nuestro país son muchos los casos de escándalos sexuales en que se han visto involucrados sacerdotes. Un caso de reciente data fue es el de un sacerdote de origen italiano que ejercía el ministerio en la ciudad de Chinandega, el que fue denunciado por abusos sexuales en perjuicio de varios jóvenes que servían de monaguillos. Las víctimas del delito sexual, conscientes de que si ponían la denuncia ante las autoridades judiciales de Nicaragua no se aplicaría el castigo ni la justicia que demandaban, sin contar que en la sociedad aún pesa el oscurantismo y el poder ideológico de la iglesia, fueron a Italia y denunciaron al referido sacerdote. El victimario allá fue procesado y condenado por los delitos de abuso sexual.

Ahora se ha convertido en todo un escándalo con ribetes políticos, un escrito que por internet supuestamente suscribió el sociólogo Orlando Núñez, asesor de la Presidencia de la República, ya que se dice que en dicho escrito se señala a la jerarquía de la Iglesia Católica de Nicaragua de corrupta, que hay sacerdotes ambiciosos, que algunos curas se reúnen y beben licor, entre otros señalamientos graves. Ante esa situación los jerarcas de la Iglesia Católica han negando los hechos, aduciendo que son injurias y calumnias, que lo que se quiere es destruir a la iglesia, etc. etc.

Los Obispos perfectamente saben y conocen que a lo interno de la Iglesia Católica hay casos de sacerdotes que faltan al compromiso de cumplir con el celibato, es decir, abstenerse de llevar una vida sexual activa. En todo caso si un sacerdote no es capaz de controlar su apetito sexual, lo correcto sería que renuncie al sacerdocio.

Lo repudiable es el ministro religioso que quiere llevar una doble vida, una doble moral, en la que quiere aparentar ante el rebaño de la iglesia y la sociedad en general, que está cumpliendo con la abstinencia sexual, con el celibato, cuando en la realidad se está aprovechando de su condición de sacerdote, de la confianza que depositan las personas miembros de la iglesia. Lo más grave de esto es que en vez de tomar medidas y acciones contra el cura infractor del código canónico, guardan silencio, niegan los hechos y atacan sin piedad a toda persona que se atreva a señalar que dentro de la iglesia existen esos vicios y pecados humanos.

Con esa actitud cómplice, los jerarcas de la Iglesia Católica, en vez de hacerle un bien a la institución, provocan un daño increíble, ya que cuando los casos ya no pueden seguir en la clandestinidad y salen a luz pública, el efecto es contraproducente. La opinión pública no sólo condena moral y éticamente a los autores de los delitos sexuales, sino también a los cómplices y encubridores de los hechos bochornosos, por no haber tomado acciones concretas.

Estos escándalos sexuales en los que se ven implicados ministros religiosos de la Iglesia Católica están minando y destruyendo la confianza que un importante segmento de la población de este país tenía en dicha institución. De aquí que en las últimas encuestas realizadas se refleje que la Iglesia Católica va perdiendo seguidores. Ya no es cierto que la iglesia tenga un noventa por cierto de católicos en Nicaragua, sino que el porcentaje puede ser un cincuenta o sesenta por ciento.

Si en verdad la jerarquía católica quiere recuperar el terreno perdido, en cuanto a prestigio, moral y ética, cuantitativa y cualitativamente, deben tener un cambio de óptica. Esos cambios podrían ser los siguientes: a) Deben opinar menos en política partidaria, hay que dar al César lo que es del César; b) Deben ser más humildes, bajarse de esa nube de creerse que siguen siendo todo un poder terrenal, ya que la Iglesia Católica no está en la época feudal, por tanto que se olviden que puede estar a la par del poder de los laicos; c) Deben dejar de ser cómplices y encubridores de aquellos sacerdotes que estén involucrados en delitos sexuales, es más, ellos mismos deberían encabezar la denuncia y la destitución del que se vea implicado en este tipo de delitos.

Cuando dentro de los muros de la iglesia inicie ese cambio, será entonces la oportunidad que tenga la institución para recuperar el terreno que poco a poco ha venido perdiendo en Nicaragua. Ojalá que los hechos acaecidos en los últimos tiempos sirvan de reflexión a la jerarquía católica, para que retomen la senda correcta de una verdadera y sincera praxis religiosa, sin hipocresía, sin doble moral, sin vicios sexuales, que es lo que tiene en escombros la piedra de Pedro, en la cual supuestamente Jesucristo pretendió construir una iglesia fundada en la verdad y en el amor sincero al prójimo.


*Abogado y Notario