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El 4 de septiembre de 1970, el médico Salvador Allende se convirtió en el primer presidente socialista electo democráticamente en el mundo. La victoria revolucionaria del pueblo se llamó Unidad Popular.

También fue el primero en intentar transitar al socialismo por la vía pacífica, conocida como la vía chilena al socialismo. Participó en política desde sus estudios en la Universidad de Chile. Fue sucesivamente diputado, ministro de Salubridad del gobierno de Pedro Aguirre Cerda y senador desde 1945 hasta 1970, presidiendo la Cámara Alta del  Congreso entre 1966 y 1969.

En cuatro oportunidades fue candidato a la presidencia de la República: en las elecciones de 1948 alcanzó la segunda mayoría simple tras Jorge Alessandri; en 1952 con bajos resultados; en 1964 obtuvo un 38% de los votos, no superando a Eduardo Frei Montalvo; en 1970 en una reñida elección a tres bandas, consiguió la primera mayoría simple con un 36.6% de los votos, siendo ratificado por el Congreso Nacional, erigiéndose en el primer presidente marxista del mundo en acceder al poder a través de elecciones generales en un Estado de Derecho. Sin duda, fue uno de los mejores gobernantes del siglo XX.

Su gobierno fue apoyado por Unidad Popular, por un conglomerado de partidos de izquierda, destacando por el intento de establecer un Estado Socialista usando medios legales del Poder Ejecutivo (vía chilena al socialismo), por proyectos como la nacionalización del cobre, estatización de las áreas “claves” de la economía y la profundización de una reforma agraria, en medio de la polarización política internacional de la Guerra Fría y de una grave crisis económico-financiera interna, al parecer a causa de un complot que saboteó la economía y que años después sería revelado.

El Golpe de Estado marcó el fin del Gobierno de la Unidad Popular, seguido por el establecimiento de una junta militar liderada por Pinochet. Chile, que hasta entonces se mantenía como una de las democracias más estables en América Latina, entró en una dictadura militar que se extendió hasta 1990. Durante tal período, se cometieron sistemáticas violaciones a los derechos humanos, restringiendo la libertad de expresión, se suprimieron los partidos políticos y el Congreso Nacional fue disuelto.

Peter Kornbluh, analista del Centro de Investigación Periodística de Chile, sostiene que archivos desclasificados de la CIA en 2017, revelan que la Agencia contó entre sus agentes chilenos con, al menos, un líder del Partido Demócrata Cristiano, dos directivos de El Mercurio y un alto oficial del Ejército.

Según documentación de la CIA, el 15 de septiembre de 1970, tras las elecciones, el presidente Richard Nixon convocó a una reunión en la Oficina Oval de la Casa Blanca a Henry Kissinger, consejero de Seguridad Nacional; Richard Helms, director de la CIA, William Colby, su director adjunto, y al fiscal general John Mitchell, para elaborar la política a seguir en relación a las malas nuevas procedentes desde Chile.

Colby en sus notas escribió que: “Nixon estaba furioso” porque una presidencia de Allende potenciaría la diseminación de la revolución comunista pregonada por Fidel Castro, no solo a Chile, sino al resto de América Latina. En dicha reunión, propuso impedir que Allende fuese ratificado por el Congreso y que inaugurase su presidencia.

El mensaje tomado por Helms, expresaba claramente el odio y la rabia que el triunfo de Allende provocaba en Nixon. Según Helms, sus instrucciones fueron: “una chance en 10, tal vez, pero salven a Chile”; “no involucrar a la embajada”; “no preocuparse por los riesgos implicados  en la operación”; “destinar 10 millones de dólares para comenzar, y más si es necesario hacer un trabajo de tiempo completo”; “mandemos los mejores hombres que tengamos”; “en lo inmediato, hagan que la economía grite. Ni una tuerca ni un tornillo para Chile”; “en 48 horas quiero un plan de acción”.

Hoy día, sería ingenuo pensar que en la Oficina Oval de la Casa Blanca, Donald Trump convocase a sus asesores para elaborar estrategias políticas distintas a las utilizadas para derrocar y causar la muerte de Allende.

Tempranamente, la CIA, detectó el peligro que su figura representaba para los intereses de Estados Unidos, ya en la campaña presidencial de 1964 la agencia había movilizado grandes recursos para impedir el posible triunfo de la coalición de izquierda que lo postulaba para el cargo.

De lo anterior se desprende con meridiana claridad, las razones por las que Washington desde la noche misma del 4 de septiembre de 1970, se opuso al hecho de que Allende asumiera la presidencia de la República.


* Diplomático, Jurista y Politólogo.