•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Nicaragua es el único país, al menos de Centroamérica, que conmemora dos consecutivas fechas patrias: el 14 de septiembre de 1856 y el 15 del mismo mes de 1821. Si esta última celebra la emancipación política del antiguo Reino de Guatemala ––al que pertenecía nuestra provincia colonial––, aquella, desde la segunda mitad del siglo diecinueve, glorifica a José Dolores Estrada y la batalla de San Jacinto.

De hecho, esta fue el resultado de seis meses de resistencia del Ejército [legitimista] del Septentrión al filibusterismo. Organizado por los generales Tomás Martínez y Fernando Chamorro en el Norte del país, sus oficiales declararon en Matagalpa —el 20 de abril de 1856—, estar dispuestos a “sostener, hasta derramar la última gota de sangre, la independencia nacional”. Quienes ignoran este origen inmediato no ubican correctamente la memorable batalla, que no lo fue en términos específicos, “y quizás no llegue siquiera a categoría de combate”, según Adolfo Ortega Díaz en artículo de 1928; pero fue la primera jornada que se ganó en América contra la esclavitud: ¡está antes que Gettysburg! (la batalla del 1º al 3 de julio de 1863, en la cual el Ejército Federal derrotó al de la Confederación del Sur de los Estados Unidos). De manera que San Jacinto, no obstante su ínfima dimensión en términos militares, la precede.

Desde el 12 de septiembre los filibusteros organizaron en Granada otra expedición a San Jacinto (digo otra porque hubo una pre-batalla el 5 de septiembre en el mismo sitio, donde los expedicionarios walkeristas dejaron seis muertos en el campo y se llevaron sus heridos). En Tipitapa, la mañana del 13, se incorporó el teniente coronel Byron Cole, a quien le ofrecieron el mando. Cole había recorrido varios lugares de Chontales con el objeto de conseguir ganado para el ejército walkerista. Por lo menos 65 filibusteros (probablemente más) llegaron a las 5 de la mañana, deteniéndose unos momentos para disponer el plan de ataque. Este tuvo dos momentos: el primero de tanteo por las tres columnas —dirigidas por los oficiales O’Neal (mayor), Watkins (capitán) y Milligan (teniente)—; y el segundo de penetración por el punto vulnerable: la trinchera del lado izquierdo de los defensores.

Los soldados nicaragüenses se organizaron en tres grupos, aprovechando las características del sitio y rechazando tres veces la embestida filibustera; a la cuarta, Estrada concibió un efectivo movimiento envolvente enviando a Bartolo Sandoval, Liberato Cisne, José Siero, Tomás Fonseca y Juan Estrada con 17 hombres, detrás de la Casa-hacienda, para atacar sorpresivamente a la bayoneta. A ello se sumó la estampida de caballos, al servicio de los soldados de San Jacinto, que determinaron la fuga de los atacantes. Al respecto, Walker admitió que “La noticia de la defensa de San Jacinto alentó mucho a los Aliados”.

El jefe de los filibusteros e iniciador del movimiento esclavista en Nicaragua, Byron Cole, fue muerto por Faustino Salmerón, uno de los campesinos que lo capturaron en la hacienda de San Ildefonso. A este acto justiciero ––observa Aldo Díaz Lacayo––, “se debe que el Ejército Aliado cobrara conciencia de la oportunidad para iniciar el ataque a las fuerzas de William Walker”. En realidad, el encuentro bélico fue desigual entre los patriotas con fusiles de chispa y los invasores del Destino Manifiesto con sus rifles de repetición Mississippi y revólveres Colt; superioridad de las armas que fue desvirtuada por el ardor patriótico y la habilidad táctica de los nicaragüenses. Cinco horas había durado el combate: de las siete a las once de la mañana. “San Jacinto ––reconoció Ricardo Fernández Guardia, historiador costarricense–– tuvo una inmensa resonancia en Nicaragua; no obstante la cortedad numérica de las fuerzas que en él tomaron parte, contribuyó a desalentar a los filibusteros y a dar ánimo a los centroameri
canos”. Muy anteriormente, José D. Gámez lo había señalado, agregando que dicho combate dio el convencimiento de que los filibusteros no eran invencibles.

San Jacinto fue la única acción de la Guerra Nacional en los cuales nicaragüenses y estadounidenses ––sin auxiliares locales––, quedando una resonante victoria de los nuestros. Es por ello que ha pasado a ser el acontecimiento más memorable en la historia patria nicaragüense; Andrés Castro, valiente sargento primero que derribó a un filibustero a pedradas al faltarle fuego a su carabina, se inmortalizó como espléndido símbolo de esa lucha que llegaría a constituir el primer ejemplo glorioso del patriotismo nicaragüense.