•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Personalidades del pacifismo mundial se preguntan ¿Qué habría pasado si se hubiese atendido aquella primera y pequeña movilización, aquel primer reclamo? La de la Reserva Biológica Indio Maíz o la del decreto inconsulto de la seguridad social…a su vez se responden, no habría habido un solo muerto. El estadista atiende y gobierna dialogando con su pueblo. En cambio, el caudillo ve en el ejercicio de cualquier derecho ciudadano un peligro, un cuestionamiento a su poder; en el reclamo constitucional ve un intento de golpe de Estado y en la acción de las masas una acción terrorista. Es un constructo que encubre el sustrato de una realidad social diferente.

Estamos llegando al medio millar de muertos, fruto de la represión y la confrontación, pero a pesar de ello y del colapso económico en el horizonte, más bien asistimos a un retroceso en la búsqueda de la salida a la crisis.

El diálogo nacional es la única opción para acordar la salida democrática, de justicia y de paz que el país necesita. Los más altos  organismos internacionales y regionales, entidades ecuménicas, académicas, religiosas y personalidades mundiales reafirman la opción de diálogo nacional, brindando todo su respaldo y legitimidad a la Alianza Cívica y a la Conferencia Episcopal como mediadora y testigo, nunca una instancia nacional convocó tanto respaldo. No se trata de resistir esa inmensa interlocución internacional e interna que induce al diálogo, sino de abrirnos a la verdad que ello representa.

El presidente Ortega tiene elementos de razón al señalar debilidades en la organización del diálogo nacional que él mismo promovió, sin embargo, estas son absolutamente superables. Existe consenso en incorporar el factor garante conformado por: ONU, OEA, UE y SICA, es cuestión de invitarlos; asimismo, la Alianza Cívica puede ampliar la representación del diálogo invitando a otros actores de la sociedad: movimientos sociales, partidos políticos con o sin personería, medios, organizaciones de derechos humanos, etc. La Conferencia Episcopal tiene suficientes referencias históricas nacionales e internacionales sobre el papel del mediador y testigo, es decir, esa figura imparcial que busca la avenencia entre las partes, identificando los elementos de interés común para llegar a acuerdos en un proceso progresivo, de lo simple a lo complejo, la garantía de una agenda consensuada, metodología adecuada, cronograma y el factor público o transparencia, minuta al final de cada sesión.

Lo que nunca se ha visto es que una parte del diálogo nacional, el Gobierno desate la represión directa contra su contraparte, con quien  acordó conformar ese instrumento de paz. En los años del diálogo en La Habana entre las FARC y el gobierno colombiano, este más bien garantizaba la seguridad de dirigentes guerrilleros para que pudieran viajar a La Habana o entrar y salir a Colombia. Aquí se les persigue, apresa, tortura, enjuicia ¿Cómo hacer realidad un diálogo donde se elimina a una de sus partes?

El presidente Ortega habla de nuevas modalidades de diálogo para la paz y la reconciliación, el que se da en la base de la sociedad; esto es válido, incluso nosotros como IMLK, lo hemos planteado y sistematizado en nuestros estudios de paz sobre la guerra pasada y enviado al Gobierno, pero ello corresponde a otro contexto, pues el diálogo en los territorios solo se podría dar en un ambiente de seguridad, pero el accionar represivo de las estructuras partidarias (CPC, CLS) elimina esa posibilidad, sería como asistir a una muerte anunciada.

Una pedagogía para la paz y la reconciliación solo tendrá sentido como fruto de los cambios políticos, habrá de orientarse ahora sí, a la creación y desarrollo de una cultura de paz y democrática en nuestro país que sea sustento y fundamento de ese nuevo sistema político que ya avizoramos. De nada servirán los cambios políticos, si no van acompañados del cambio de mentalidades, la Constitución del 95 y lo que estaba por venir así lo demuestran.