Carlos Tünnermann Bernheim
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Hasta ahora, entre nosotros, las relaciones entre el sector universitario y el sector empresarial han sido muy limitadas y han estado dominadas por la suspicacia, cuando no por la mutua desconfianza.

Esta situación, afortunadamente, comienza a ser superada y ya existen buenos ejemplos de relaciones mutuamente provechosas entre ambos sectores. Varias universidades del país han avanzado en sus contactos con los sectores productivos, industriales y empresariales. Los programas organizados conjuntamente han demostrado que reportan beneficios para las empresas y para los estudiantes y profesores de las universidades involucradas.

Hoy día es una tendencia universal la búsqueda de una relación más estrecha entre el mundo académico y el mundo empresarial. Cada vez más arraiga el convencimiento de que el desarrollo de un país pasa por una integración de esfuerzos de los sectores estatales, académicos y empresariales, conservando cada uno su propia identidad y propósitos.

En los países desarrollados la vinculación entre las universidades y las empresas es vista como un factor clave para el desarrollo, desde luego que a tal vinculación se le considera como el camino más adecuado para transferir tecnología hacia el sector productivo. Si las universidades son los centros por excelencia para el cultivo y avance del conocimiento, ellas también tienen la capacidad de generar las tecnologías susceptibles de dar valor agregado a los productos o de mejorar los procesos productivos. Hoy día el conocimiento es el principal insumo de los procesos productivos.

Una mayor vinculación universidad-empresa permite sacar mayor provecho a las capacidades nacionales existentes, que bien pueden proporcionar a las empresas del país las tecnologías intermedias que requieren, sin necesidad de depender únicamente de la transferencia de tecnologías del exterior.

Las universidades deberían también interesarse más sobre las necesidades tecnológicas de la industria nacional y dedicar esfuerzos a satisfacerlas, valiéndose de su capacidad científico-tecnológica.

Las universidades, como generadoras de conocimiento y tecnologías no pueden aislarse de los esfuerzos encaminados a promover nuestro desarrollo. Para ello deben aceptar su rol como promotoras de procesos de gestión e innovación tecnológica, capaces de aumentar nuestra productividad y nuestra capacidad exportadora, especialmente en los sectores agropecuario, forestal y uso racional de recursos naturales y fuentes de energía.

Sin duda, la existencia de una política nacional de desarrollo científico-tecnológico, contribuiría a fomentar la vinculación de la academia con la empresa, desde luego que dicha política tendría que contemplar entre sus propósitos un mayor estímulo a esa vinculación.

En los países industrializados, e incluso en varios de América Latina, como son los casos de Brasil, México, Chile y Argentina, existen excelentes ejemplos de experiencias de vinculación universidad-industria, que bien podrían ser aprovechados por nuestros académicos y empresarios.

El primer paso para fomentar entre nosotros una mayor y provechosa vinculación entre las universidades y las empresas tiene que partir del abandono de los prejuicios y de la creación de un ambiente de mutua confianza. La vinculación se deberá establecer sin que signifique sacrificar ninguno de los principios esenciales que caracterizan a cada sector: en el académico, la autonomía, la libertad de cátedra y la naturaleza de la educación superior como un bien público social; en el empresarial, su forma propia de asumir el mundo de los negocios.

Ojalá que la voluntad de encontrarse y trabajar juntos por el desarrollo endógeno, humano y sostenible del país, conduzca a trazar los caminos apropiados para esa vinculación.

Para concluir, citamos a Ceferino Sánchez, antiguo Secretario Nacional de Ciencia y Tecnología de Panamá, quien en un foro dedicado al tema expresó: “Uno de los principales retos que debe enfrentar un sistema moderno de ciencia y tecnología es el de reevaluar el papel que deben jugar las universidades. Además de que es indispensable encontrar un mejor balance entre la función de transmitir el conocimiento (formación, entrenamiento) y el de producirlo (investigación), en la actualidad muy a favor del primero, las universidades tienen, en estos tiempos, que implementar la relativamente nueva función de transferir el conocimiento a los actores sociales y económicos, especialmente a las empresas, cuyo papel es utilizar ese conocimiento y producir bienes y servicios”.