Karelia Villa, Viviana Vélez-Grajales y Bárbara Cedillo
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En 2011, Honduras tenía la tasa de homicidios más alta del mundo: 93 personas asesinadas por cada 100,000 habitantes. La sensación de inseguridad ciudadana estaba generalizada, y el 80% de la población consideraba que la Policía Nacional (PN) no podía hacer frente a la situación. El Gobierno de Honduras comenzó una carrera para modernizar a la policía, pero surgió la pregunta… ¿por dónde empezar una reforma policial en un contexto de crisis social y alta violencia?

Todos los diagnósticos coincidían que el ingrediente principal era la modernización del modelo educativo policial: el plan de formación policial estaba desactualizado, los profesores no tenían la formación adecuada y los criterios de reclutamiento eran débiles. En resumen, los policías de escala básica, que son el 90% de la fuerza policial, no estaban preparados para atender al ciudadano.

La reforma policial de 2012, impulsada por el Gobierno de Honduras, significó un esfuerzo conjunto por parte del propio país, la cooperación internacional y organismos multilaterales. El BID, junto con el Gobierno de Suiza a través de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (Cosude), contribuyó a este esfuerzo con un programa dirigido a fortalecer las capacidades de la policía de escala básica y mejorar la gestión de la investigación criminal.

Los ejes de la reforma: formación, profesionalización y más diversidad.

Los primeros pasos de esta trasformación consistieron en cambiar el perfil de ingreso de los agentes y extender el período de su formación. Si bien, antes un ciudadano podía convertirse en policía con menos de seis años de escolaridad, ahora para ser agente se exige como mínimo haber acabado el bachillerato.
Formación con filosofía comunitaria en el Instituto Técnico Policial

. La filosofía que inspira la formación de los nuevos agentes hace énfasis en el acercamiento a la comunidad y el respeto a los derechos humanos. En este sentido, se generó un currículo nuevo y más largo. Antes, los policías se graduaban con menos de seis meses de entrenamiento. A partir de la reforma, los nuevos agentes se forman por un período de 11 meses de clases teóricas con prácticas en el terreno.

Más mujeres en las filas policiales. Se impulsó la inclusión de un mayor número de mujeres en la policía, ya que al inicio de la reforma se contaba con solo un 10% de mujeres en la fuerza policial. Este porcentaje era muy similar al promedio regional de mujeres en fuerzas de seguridad, pero se encontraba muy por debajo del 40% de mujeres económicamente activas en la región.

Mejora de las condiciones laborales: El Gobierno se dio a la tarea de mejorar las condiciones de trabajo de los policías. Por ejemplo, se mejoró la infraestructura del Instituto Técnico Policial para la formación policial, incluyendo adecuaciones para el personal policial femenino. Asimismo, se incrementaron las prestaciones de seguridad social, incluyendo más servicios médicos especializados para atender a las mujeres policías. Adicionalmente, el salario se incrementó en más del 40%.

Equipamiento policial más sofisticado. Para mejorar la labor de prevención y control del crimen de la policía, se desarrolló un sistema de información que facilita el control operativo de todas las unidades policiales. Asimismo, las patrullas cuentan con computadoras que permiten el acceso a bases de datos institucionales para hacer consultas en tiempo real. Para mejorar la labor de investigación criminal se financió el equipamiento y la puesta en marcha de laboratorios de criminalística que ahora cuentan con última tecnología.

Participación de la sociedad civil: Se conformó una comisión de depuración que tuvo como objetivo separar de sus funciones al personal de la policía que no cumplía con el perfil y su trabajo de manera efectiva. Hasta el momento, más de 4,000 policías que no cumplían con los requisitos han sido apartados del servicio.

Seis años después del inicio de la reforma policial, la Policía Nacional cuenta con una generación de agentes con un nuevo perfil, formados bajo un sistema educativo policial renovado, basado en la filosofía de Policía Comunitaria y con un enfoque de respeto a los derechos humanos. Más de 4,000 agentes ya se han graduado en el nuevo currículo. Las mujeres policías ahora son el 20% de la fuerza policial.

¿Qué ha cambiado en las calles de Honduras en este tiempo? Desde que se introdujo la reforma policial, la tasa de homicidios pasó de 93 a 42.8 por cada 100,000 habitantes. Aunque aún queda mucho trabajo por hacer, los ciudadanos hondureños se sienten más seguros y confían en la policía. El porcentaje de los ciudadanos que reportan sentirse seguros caminando en sus barrios aumentó en 11 puntos porcentuales de 2015 a 2016. La confianza de la ciudadanía en la policía también se ha triplicado, pasando de 19% en 2015 a 54% en 2017.

Mucho de los resultados fueron posibles gracias al compromiso asumido por parte del Gobierno, que tomó los pasos legislativos necesarios , tales como la creación de la tasa de seguridad como un mecanismo de financiamiento complementario o la aprobación de la Ley Orgánica y la Ley para la Carrera Policial. El gran desafío ahora radica en consolidar todos los esfuerzos que se han venido realizando en esta reforma policial. El trabajo continúa, pero la evidencia demuestra que Honduras está en el camino correcto hacia la profesionalización de la policía en el país.

Este artículo se publicó en el blog Sin miedos del BID