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Dentro de la narrativa dariana del miedo, figura en primer lugar “La larva”, cuento remontado a una experiencia personal. En su Autobiografía (caps. IX y XLVI) describe tal experiencia primero como pesadilla y luego como auténtica aparición sobrenatural: “En la plaza de la Catedral de León, en Nicaragua, una madrugada vi y toqué una larva, una horrible materialización sepulcral, estando en mi sano y completo juicio”. El hecho ya lo había referido en otras dos obras suyas: El viaje a Nicaragua e Intermezzo tropical (1909) y Los Raros (1892). Aludiendo a esa experiencia, sin revelar que era él quien la había aparecido, escribió en Los Raros (1896) sobre el mismo tema.

En “La larva”, Darío aparece desdoblado en Isaac Colodano, relator del cuento presumiblemente durante una tertulia en torno a lo oculto y lo extraordinario; y como personaje que, a su vez, hace oír su voz. Colodano, al comienzo del cuento asegura: “No sonriáis. Yo os juro que he visto, como estoy viendo a vosotros, sino una salamandra, una larva o una empusa”. Estas remiten directamente a la tradición grecorromana para iniciar desde allí un motivo que atraviesa los siglos hasta trascender a 1910 (cuando escribió “La larva”) con una intensidad mayor durante el siglo XVIII. Las salamandras, habituales en los bestiarios del medioevo, fueron importantes en el ocultismo por su asociación con el fuego. ¿Y la empusa? Era un espectro que atraía a sus víctimas adoptando la figura de una mujer joven y hermosa.

Isaac Colodano –transparente nombre hebrero y persa como el de Rubén Darío– introduce brevemente el escenario, vinculado a la naturaleza intrínsecamente mágica de su entorno natal. “Yo nací en un país donde, como en casi toda América, se practicaba la hechicería y los brujos se comunicaban con lo invisible. Lo misterioso autóctono no desapareció con la llegada de los conquistadores españoles. Antes bien, en la colonia aumentó, con el catolicismo el uso de evocar las fuerzas extrañas”. Pero este personaje, debido a su crianza en la supersticiosa ciudad de León, oscila entre el terror y el demonismo. De estructura muy semejante a “La ninfa”, de Azul…, “La larva” da lugar a la aparición de una ninfa macabra o antininfa, a una espantosa imagen de ultratumba.

Isaac se escapa de su casa, custodiada por la tía abuela que guardaba las llaves celosamente; pero roba la que corresponde a la puerta para salir a la calle. Su propósito era asistir por primera vez a una serenata. Esta se oye lejana en la noche y divisa en la plaza una figura de mujer, envuelta en su rebozo y como entregada al sueño. Enajenado por esta presencia y la obscuridad, el solitario muchacho (ya los serenateros no le acompañaban) corteja a la mujer con palabras ardientes. Cuando ya cree haber doblegado la voluntad femenina, ella vuelve, descubre su rostro. “¡y oh espanto de los espantos! Aquella cara estaba viscosa y deshecha; un ojo colgaba sobre la mejilla huesosa y saniosa; llegó a mí como un relente de putrefacción. De la boca horrible salió como una risa ronca; y luego aquella “cosa”, haciendo la más macabra de las muecas, produjo un ruido que se podía indicar así. –Kgggggg. Con el cabello erizado, di un gran salto, lancé un gran grito, llamé. Cuando llegaron algunos de la serenata, la “cosa” h
abía desaparecido. Os doy mi palabra de honor, concluyó Isaac Colodano, que lo que he contado es completamente cierto.”

Con las visiones espectrales de “Thanatophobia” y “La larva”, Darío se reveló como un cuentista capaz de generar miedo; aporte que lo ubica entre los primeros maestros del subgénero a nivel hispanoamericano. “Lo que da a ‘La larva’ una fuerza excepcional –asegura un crítico– no es solo una pluma avezada en el tratamiento de ese y otros asuntos análogos, y que acaba por agregar una intensa variación centroamericana al viejo tema español, grato a la literatura romántica, del Tenorio a quien sus aventuras arrastran a la perdición o al supremo espanto”.

Pero es la narrativa de Poe quien subyace en “La larva”, cuya estructura, tono y recursos evocan sus cuentos “El caso del señor Valdelomar” o “La caída de la casa Usher”. Es decir: que pertenece a la poética de lo sobrenatural de Poe, más definitoria de la amplia categoría de lo fantástico, a la cual no deja de pertenecer “La larva”.