•  |
  •  |
  • END

Quizás debido a que la semana pasada consignamos la prédica del profeta del mercado de Masaya sobre la Nueva Iglesia, el lugar donde éste compartía su encendido verbo se encontraba atestado de gente. Hasta ahí se llega a través del callejón de las especias, lógicamente inundado de una lucha de aromas, y en las especierías polvos, flores, tallos y raíces medicinales, junto a plantas y trozos de madera de diversos usos afrodisíacos o de milagros y encantamientos. En el trayecto uno se va encontrando una multitud de rostros con las fisonomías y rasgos étnicos del plural pueblo de Nicaragua al lado de artesanías, pechos, frutas, caderas y cosas de horno, hasta que se llega a esa esquina de los pescados en donde vende doña Carmen y los transeúntes se detienen a escuchar al profeta, junto a cangrejos y punches moviéndose en los canastos y hasta diplomáticos que han llegado a escuchar a riesgo de que este gobierno los expulse o por lo menos los amenace con ser expulsados por conspirar junto con peces, moluscos y crustáceos contra nuestro rey Enrique VIII, quien junto con su beatísima esposa son los jefes indiscutibles de la Nueva Iglesia, y del Reino Socialista de Nicaragua por añadidura.

Aprovechando una pausa del profeta, durante la que una solícita samaritana lo prodigó con un vaso repleto de la refrescante chilla, un viejo rezongón decía: Tiene razón este bachi. Ya es moda en la Nueva Iglesia que todo el mundo reparta bendiciones y repita a cada rato, por estar en sintonía con los monarcas, frases como seremos los pobres del mundo si Dios quiere, estamos con gripe gracias a Dios, se acabará la corrupción cuando quiera Dios, vamos a salir de la miseria Dios mediante, los monarcas son iluminados de Dios, y así sucesivamente, por lo que uno no puede menos que pensar que el único que trabaja en el país es el pobre Dios y por si fuera poco y salen mal las cosas, Él es el culpable de todo. Monarcas, ministros y funcionarios menores son deístas irredentos y no desaprovechan oportunidad para echarle a Dios encima a sus adversarios y críticos, aunque éstos sean obispos como nos decía el bachi profeta. Al paso que vamos pronto va a resultar que el pacto entre los caudillos es obra de Dios. ¡Dejémonos de babosadas! Quien está con Alemán está con Daniel y quien está con Daniel está con Alemán. Es hora de exigir que esos politicastros de una y otra pandilla nos dejen de tratar como imbéciles. Es hora de que dejen de fingir ser adversarios, en lo que en realidad es una repugnante farsa de chanchos.

Mientras esto decía el viejo rezongón con la evidente complacencia del profeta, quien parecía ver en él más a un oportuno relevo que a un rival, la gente se apiñaba sin importarle las salpicaduras de escamas que en aquel momento les quitaban a los recién llegados peces. Y como pez en el agua, el viejo continuó: Desde que hicieron el pacto, ambos caudillos crearon el Partido Único del que en Cuba habló Daniel o Enrique VIII, es igual. ¿Entonces, por qué escandalizarse ahora? ¿O es que alguien puede creer que los liberales, siervos de las consignas del caudillo Arnoldo Alemán, pertenecen a un partido diferente al del monarca? El rojo de sus banderas lo comparten a plenitud. El negro de la del monarca es por los partidos chicharrón, es decir aquellos que han sido asesinados y enterrados por el CSE, acatando sus reales órdenes. A todas luces cuando el monarca, el día de hoy, habla de revolución, no se refiere a la echada a perder por él y sus empresarios, sino a la Islamista. Hay que atar cabos: Cuando en Cuba el monarca habló de un Partido Único –olvidando el pluralismo político de la revolución perdida-, casi simultáneamente Muslim Jan, líder religioso Swat, dijo que la democracia era un concepto ajeno al Islam, y que los talibanes tenían la intención de eliminarla en Pakistán. Nuestro monarca tiene una prueba irrebatible de que la democracia es un fracaso: su propia elección.

El profeta y la gente asintieron con gestos de cabeza y murmullos de aprobación, ocasión que el profeta aprovechó para despedirse: Así vivimos en este Reino Socialista de Nicaragua con su Nueva Iglesia. No hay nada que discernir, pues claro está que el cielo es chicha, “la vida es moronga y el porvenir cerote”. A esa conclusión nos ha conducido el absolutismo dinástico de nuestro anglicano e islamista Enrique VIII, infalible y omnímodo. Recordemos que siendo inglés abjuró de “los obispos más corruptos del mundo”, Papa incluido, y fundó su propia iglesia para divorciarse de Catalina de Aragón y casarse con Ana Bolena, quien en esta triste historia encarna a Nicaragua, pues para el monarca quienes no creemos en él somos adúlteros, delito del que acusó a Ana Bolena, conocida también como Ana de los cien días, para “justificar” su despiadada orden de mandarla a decapitar.

Instintivamente Caresol se sobó el cuello, mientras prometía que para la próxima plática iba a hablar de los “Hackers”, seres malignos a quienes unos consideran aliados del gobierno y otros de infiltrados en el mismo, miembros de los Consejos del Poder Ciudadano, agentes del imperialismo yanqui, ó simplemente chivos expiatorios, según las circunstancias.


luisrochaurtecho@yahoo.com