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En mis lejano tiempos de “profesor”, soy licenciado en teología y filosofía, muchas veces mis alumnas/os, bastante secularizadas/os, me preguntaban “a qué sirven las religiones” y “si yo creía en “Dios”. Mis respuestas inmediatas eran siempre las mismas. Si las religiones sirven para que los hombres y las mujeres sean y vivan felices, en paz consigo mismo y con los demás, si ayudan a construir relaciones de colaboración, de respeto, de justicia, de paz, de fraternidad entre todos y todas, si sirven para construir un mundo justo…. benditas sean las religiones (etimológicamente religión significa unir).

Si las religiones sirven para crear divisiones, para sembrar miedos, para fomentar fanatismos, fundamentalismos, divisionismos y providencialismos, mejor vivir sin religiones. Por lo referente a Dios contestaba siempre regresándoles la pregunta de esta forma: “¿de qué Dios hablamos?” obligando mis alumnas/os a reflexionar sobre qué tipo de idea de Dios tenían elaborada o qué tipo de idea de Dios le había sido inculcada.

Para provocarlos a reflexionar les demostraba que hay una infinidad de representaciones de Dios en las mismas tres grandes religiones monoteístas, como son el hebreaísmo, el cristianismo y el islamismo. Cada una de estas religiones refleja una manera diferente de percibir y representar a Dios, a segundo de las interpretaciones de sus textos sagrados. La conclusión final era que ninguna religión puede “apropiarse de Dios”, ninguna religión se puede autodefinir “verdadera” y que todas las religiones son una manera de “balbucear” lo indecible y el misterio.

Las religiones son un medio y son expresiones de actividades humanas, son un sistema de símbolos, metáforas, parábolas y otros géneros literarios para intentar hablar y relacionarse con lo invisible y lo indecible y para regular la práctica humana. No es casual que para los hebreos y por ende para los cristianos “Dios se reveló a Moisés con la expresión de ‘Yo Soy el que Soy’”.

Su nombre era impronunciable y se deletreaba solo con cuatro consonantes sin vocales (YHVH), porqué es un nombre que no se pronuncia sino se contempla y se vive. Afirmaciones como “no es Dios que creó el hombre a su imagen y semejanza sino es el hombre que creó a Dios a su imagen y semejanza” o “los hombre creen en los dioses que ellos crean” no afirman la negación de Dios sino afirman, para los creyentes, el “respeto” hacia el “Yo soy el que soy”, la relatividad de cualquier aproximación a “Dios” y el respeto hacia el misterio.

He querido hacer este pequeño referente histórico porqué es increíble la manipulación de “Dios” a la cual se asiste continuamente por parte de muchos hacedores de opinión, sean clérigos o laicos que usan y abusan de un literalismo y fundamentalismo también bíblico. Hago una premisa: tengo un grandísimo respeto para las personas creyentes, para sus expresiones de religiosidad popular, sus creencias, sus ritos, sus mitos, su visión, pero me entristece y me da rabia la manipulación a la cual muchas personas del pueblo están sujetas por parte de los que tienen el poder religioso, cultural, económico, político, ideológico y social, presentando un Dios ad uso y consumo de sus intereses.

Es común escuchar gente “culta” que con la máxima ignorancia (ignorar = no saber del tema) asume que todo lo que pasa en el bien y en el mal es “voluntad de Dios”, “predestinación de Dios”, “providencia de Dios” presentando así un Dios “vertical”, con su coro celestial que gobierna la naturaleza, gobierna los acontecimientos históricos, gobierna nuestra vida y gobierna el universo. La manipulación llega tan lejos que “hasta una victoria o una derrota electoral” es percibida como manifestación de la voluntad de Dios.

Dios es el omnipotente, omnisciente, el que puede todo, el que sabe todo, el que conoce todo, el que decide todo, concediendo a los mortales un pequeño espacio de libre arbitrio. Todas pobres categorías humanas proyectadas para definir lo indefinible, para encapsular el Misterio. Yo me pregunto, ¿si todo eso fuera cierto no sería mejor que esta caricatura de Dios en lugar de perder tiempo a supervisar las elecciones, y a poner y quitar reyes y presidentes no dedicara más tiempo a solucionar el problema de que cada siete segundos muere un niño o niña de hambre, niño o niña inocente? ¿Si fuera cierta esta caricatura de Dios, por qué nuestras vidas empiezan con una Lotería Biológica y por ende empiezan con una injusticia? ¿Por qué hay niños y niñas que tienen la suerte de nacer en familias sin particulares restricciones económicas y sociales, mientras hay millones de niños y niñas que nacen en situaciones de hambre y miseria? ¿Por qué este Dios, rector del universo, omnipotente, es tan discriminatorio y ha creado un mundo tan injusto, al punto tal que los hombres han tenido que inventarse el mito de Adán y Eva para quitarle a Dios la responsabilidad?
¿A lo mejor no somos nosotros los equivocados y hemos creado un Dios en función de nuestras necesidades, miedos, deseos e interrogantes sin respuestas? ¿A lo mejor no somos nosotros que hemos aplicado, según el contexto histórico, categorías humana para “inventar” un Dios que lleva en sí todos los atributos que quisiéramos tener y no tenemos?
Me parece que una pista para aproximarse y repensar “nuestro Dios” nos viene leyendo exegéticamente y hermenéuticamente el mensaje del hebreo “Jesús de Nazareth”, mensaje expresado, en su contexto, a través de las metáforas, las parábolas, las hipérboles y sobre todo a través de su íntima relación con Dios. Me parece que el Dios de Jesús de Nazareth es un Dios horizontal, que se descubre no mirando arriba sino mirando horizontalmente, un Dios madre y padre, no un Dios patriarcal, un Dios que se revela en las relaciones fraternas y no un Dios hacedero de milagros, un Dios impotente porque hizo la locura de respetar la libertad del hombre, un Dios que no necesita oraciones, ritos y culto sino un Dios que necesita del hombre para revelarse, un Dios que no vino para salvar al hombre del pecado sino para solidarizarse con el hombre , un Dios que no soporta las injusticias pero quiere actuar a través del mismo hombre … Al fin un Dios Impotente que quiere expresar su Omnipotencia en la misma debilidad. ¿A lo mejor habrá llegado el momento de hablar menos de Dios y practicar más la única manera para “conocerlo” que es vivir una ética de las relaciones humanas, ética hecha de comprensión, respeto, amor, justicia, fraternidad, coparticipación, inclusión, compasión entre todos y todas? Al fin y al cabo lo importante no es saber si Dios existe o no existe, lo importante es saber que la injusticia existe y que el hambre existe…y hay que eliminarla”. Me parece que es la única manera para sustentar la fe en Dios, creer en Dios y manifestar a Dios!!!
Quisiera terminar con una reflexión del gran pastor y teólogo luterano Dietrich Bonhoeffer, mártir de la lucha antinazista y colgado tras el fallido intento para asesinar a Adolf Hitler. Bonhoffer decía “hay que aprender a vivir como si Dios no existiera”, y por ende “ Dios es gratuito pero no superfluo”.


Nota: Para los que están interesados en profundizar estas reflexiones, me permito sugerir dos libros: “Jesús, aproximación histórica”, de José Antonio Pagola, y “Otro Dios es Posible”, de los hermanos María y José Ignacio López Vigil.