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La actuación del (ex) padre Alberto ha sorprendido a moros y cristianos. Quienes critican de obsoleta a la Iglesia Católica se han alegrado. Otros, aún sabiendo que la iglesia debe renovarse y dar un giro gradual considerable, se han sentido defraudados. Y no es para menos. En lo particular, no critico que Alberto se haya rendido al amor. ¿Quién puede, cómo? No obviemos que él debe haber sido siempre una tentación para muchas mujeres, pues es un hombre guapérrimo, con un ángel, un carisma y don de gente, además de inteligente y líder. Lo que duele en este caso es el engaño, la doble moral y que con su hipocresía o cobardía, arrastre a la Iglesia Católica, como si la Iglesia mandara a los clérigos a tener mujeres, a vivir en boato, en opulencias, o peor aún, que practiquen la pedofilia como hemos visto casos hasta la saciedad.

Lo que no puede o no debió hacer el ex-Cura Alberto, ni ningún otro sacerdote que ande a la búsqueda de los paparazzi para que le ayuden a salir del closet o ande capeando el bulto para mientras la Iglesia cambia sus reglas respecto al celibato, es reírse o manosear a la feligresía, engañándola con su falso voto de castidad, diciendo una cosa y haciendo otra. Aunque se sabe que el voto de castidad no es un dogma, sino una disciplina a partir de los Concilios de Letrán y de Trento, si se da por sentado y entendido que es un juramento que debe ser respetado, aunque sea un juramente voluntario, opcional. Pero es un compromiso como los hay en cualquier profesión u oficio. Si los requisitos para ser militar exigen levantarse diario a las 4 de la mañana y correr 5 kilómetros, nadar en aguas frías de mañana, y al aspirante no le gusta, ni levantarse a las 4, ni nadar con el frío de la mañana, ni correr 5 kilómetros diario, lo más lógico y seguro es que el aspirante no entre a ningún cuerpo castrense. A excepción de los sistemas que imponen el servicio militar obligatorio. La infidelidad que comete un religioso esposado con Dios, con la iglesia es igual o peor que la infidelidad que comete un laico.

Pero analicemos sin pasiones esta arremetida o este quebranto humano del padre Alberto. Ya él había dado señales de alerta de lo que podría venir a partir de sus declaraciones en diversos medios de comunicación. Al menos en el programa de Jaime Bayly (en Miami), dijo hace tiempo que “estaba en contra del celibato”, que era un padre “un poco rebelde”, que “no esperaba a pedir permiso para hacer muchas cosas”, “que no vivía bajo el miedo de hacer o decir cosas como algunos curas, obispos y cardenales porque así bajo el miedo no se puede vivir”, que “todo mundo tiene que decir lo que siente, sin mentir ni engañar” (¿), “que quien no toma riesgos no vive”, que “era un rebelde con causa ya que sus causas las reflexionaba” y que “había casado a tres de sus ex novias”.

Pocos días después de haberse destapado el caso en los medios, la periodista Teresa Rodríguez entrevistó a Cutié, quien aparece con su traje de sacerdote, muy tranquilo y sonriente, como personaje de farándula, diciendo entre otras cosas que “él nunca dejó de ser hombre cuando se hizo cura”, que “no pudo evitar enamorarse porque uno no planifica el amor”, que “el amor es espontáneo”. ¡Por favor! Vemos que él sólo cumplió lo que decía y ¡hacía desde hace tiempo! (casi 10 años), pero nadie le tomó en serio sus palabras. Nadie pudo orientarlo de que era mejor renunciar a su vida religiosa antes que continuar con esa doble vida, casado con Dios y con una mujer. Las autoridades religiosas no le dieron atención a su actitud. Los fans del padre Alberto Cutié, a quien la publicación Hispanic Magazine lo ubica como uno de los hispanos más influyentes en Estados Unidos, lo consideran el Lutero moderno. El comentarista peruano Jaime Bayly lo llamó el “Lutero de South Beach”. Es lamentable que hechos como estos sean los que empujen a los cambios o renovaciones de la Iglesia. Cambio que debe venir pronto pues con ejemplos como los del padre Alberto en Miami y Lugo (cuando era obispo), en Paraguay, y tantos otros que cometen verdaderos crímenes contra menores y adolescentes, la iglesia tiene que correr antes de una estampida de los fieles. Porque no hay cosa que más duela que el engaño, por más que queramos excusar con las frases de; “es de humanos equivocarse”, “es hombre y la carne es débil”, cuando se supone que ellos tienen una fortaleza divina. ¿O no? Y si las cosas se dan, porque Dios así las quiere, entonces, no hay más que esperar o no hay más que hacer. Lo cierto es que entre más se prohíbe algo más rápido se hace.

En la iglesia católica oriental, los sacerdotes son casados. De hecho, lo que no permiten es que contraigan matrimonio, una vez ordenados sacerdotes. (¿?). No se explica la diferencia entre la práctica en el oriente y la del occidente, siendo una misma iglesia. La historia cuenta que el voto de castidad comienza a perfilarse con el Concilio de Letrán II (1139) y luego con el Concilio de Trento (1546), aunque los sacerdotes e inclusive los papas continuaron casándose y procreando hijos varios siglos después. De hecho, muchos papas eran hombres casados, hombres con vida sexual activa. En el Concilio de Trento, convocado por el Papa Calixto II, el tema del celibato o voto de castidad fue introducido por Fernando I de Hamburgo, cuando presentó el Proyecto de Reforma sobre el matrimonio de los sacerdotes. Luego, en una de las sesiones, en 1563 (el Concilio de Trento duró dieciocho largos años), se promulgó un decreto prohibiendo el matrimonio en los sacerdotes. En uno de los estudios del antropólogo e investigador de las religiones, Elio Masferrer (argentinomexicano), aparecido en el libro; “Votos de castidad. El debate sobre la sexualidad del clero católico” (Grijalbo, 2005), dice que una de las finalidades de decretar el celibato en la iglesia católica, fue para evitar que los sacerdotes dejaran en herencia sus propiedades o las de la Iglesia, a sus hijos.

Recordemos también que la historia registra siete papas casados, empezando por Pedro. Al parecer la Biblia no hace mención a la esposa de Pedro, aunque sí habla que tuvo una suegra. En fin, Alberto Cutié pasará a la historia clerical como uno de los líderes de la iglesia que ayudó a empujar la renovación, eso nadie lo duda. Pero mientras, el hermano Alberto, debe entregar la sotana, porque no va a permitirse la iglesia de poner la carreta delante de los bueyes. ¿O sí?. Siempre, apreciaremos más a un buen esposo que a un cura mentiroso. Happy bridal mister Alberto, ex - cura Cutié. Bienvenido al mundo laico.


*Católica