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Solo dos expresidentes de la República han sido incorporados a la Academia Nicaragüense de la Lengua: José María Moncada (San Rafael del Sur, 8 de diciembre, 1870-Managua, 23 de febrero, 1945) y René Schick Gutiérrez (León, 23 de noviembre, 1909-Managua, 3 de agosto, 1966). Moncada ejerció el Poder Ejecutivo entre 1 de enero de 1929 y el 31 de diciembre de 1932; Schick Gutiérrez lo hizo, sin terminar su período, de 1963 a 1966. 

Moncada tomó posesión el 5 de septiembre de 1940 y su discurso se titulaba “El lenguaje” que, a su juicio, constituía “la mejor expresión del espíritu divino sobre la tierra, alma del hombre y, primero, alma de Dios”, añadiendo que el “castellano era el idioma más puro de la tierra, nacido del verbo latino, el más expresivo del mundo antiguo”.

Le contestó José Antonio Lezcano y Ortega, director entonces de la Academia, declarando que era prestigioso para la institución que el general Moncada tomase asiento en ella, pues desde su temprana juventud era autor de libros muy interesantes, entre ellos “El gran ideal”, del que hizo citas para comprobar los merecimientos del recipiendario.

Por su parte, el secretario de la Academia, Carlos Cuadra Pasos, recordó que Moncada era un “personaje complicado, eminente e interesante de la historia de Nicaragua, e indudablemente un hombre ilustre. Lo fue principalmente por las armas; pero pudo haberlo sido más por las letras, pues logró manejar las dos y ejercer influencia en la sociedad por obra y gracia del pensamiento”.

La sesión tuvo lugar en el local de la cámara de senadores y asistieron a ella miembros de la Academia, “el cuerpo diplomático, magistrados de la Corte Suprema, senadores y diputados residentes en la capital: entre ellos el presidente del Congreso Aurelio Montenegro; los ministros de Gobernación y de Instrucción Pública; el cuerpo consular, clero de la capital; el académico electo doctor Juan de Dios Vanegas; numerosa y selecta concurrencia de damas y caballeros”.

Por su lado, Schick —electo desde 1962— tomó posesión en el Salón Rubén Darío en el Palacio Nacional el 30 de abril de 1966. El título de su discurso fue “Rubén Darío y la política”; le contestó Diego Manuel Chamorro.

“Fue electo académico como reconocimiento a su dedicación a las letras desde su temprana juventud y, sobre todo, por su gran contribución a la cultura nacional desde el Ministerio de Educación Pública”. Además, durante su gobierno se ratificó el Convenio Multilateral sobre Academias de la Lengua Española suscrito por Nicaragua el 28 de julio de 1960 durante el tercer congreso de dicha asociación.

El discurso de Schick constituyó una pieza memorable y un aporte novedoso al tema. De hecho, se refirió al Darío liberal jacobino en su adolescencia, al unionista centroamericano en su juventud, al platónico fundamental y al “religioso y penitente acongojado por la inquietud de Dios y por la angustia ante el destino inescrutable del hombre”.

Pero destacó al Darío consciente y preocupado por los problemas sociales y políticos, las revueltas sangrientas, los predicadores de la fuerza y de la lucha de clases, el desafío victorioso de las razas sajonas, la construcción de una sociedad equilibrada libre de odiosidades, la insensibilidades de los poderosos, los anhelos de sed y de justicia de raíces cristianas, el militarismo teutón, la pujanza imperialista, la solidaridad con la madre patria, el porvenir de la identidad latina, etcétera.

Diego Manuel Chamorro, su rival conservador en las elecciones que lo habían elevado a la primera magistratura, sostuvo que por primera vez un jefe de Estado —en el ejercicio de su cargo— hacía su ingreso a la ANL. “El doctor Schick, quien en su juventud tuvo inclinación al cultivo de las letras, hubo de abandonarla para entregarse a una constante y meritoria vocación de servicio público”.

Igualmente, glosó el elogio de Schick a la política civilista del doctor Carlos Cuadra Pasos, “acentuada notablemente en la administración pasada y que ha culminado en el actual gobierno”, puntualizando: “Consecuencia de esa política es el clima de libertad, garantía y seguridad personal de que gozan todos los ciudadanos, así como el portentoso desarrollo económico de que hoy disfruta el país, porque de no haber los discípulos políticos del doctor Cuadra Pasos resistido la presión para contribuir al caos político en las elecciones anteriores, se hubiera desembocado en un derrumbe económico que hubiera redundado en la miseria 
popular.”