Julián Messina*
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II de II partes

Autor y Salomons describen estos efectos indirectos meticulosamente. Analizan 28 industrias en 19 países de la OCDE entre 1970 y 2007 y llegan a la conclusión de que, si bien el empleo ha disminuido en un 8.2% en las industrias afectadas por los avances tecnológicos, los efectos indirectos han generado aumentos totales del empleo de 17.8%. Desde luego, el pasado es un predictor imperfecto del futuro, pero estos resultados, como he mencionado, parecen ser noticias relativamente buenas.

El cambio tecnológico enriquece más a los ricos 

El aspecto quizás más preocupante del estudio es el resultado que muestra que esas mejoras en la productividad se han traducido en una disminución de la participación del trabajo en la renta. Históricamente, el trabajo se llevaba unas dos terceras partes del ingreso total generado en la economía, quedando la tercera parte restante para el capital, pero desde los años 80 esta participación ha ido disminuyendo en la mayor parte de los países desarrollados y en desarrollo.

Autor y Salomons calculan que seis puntos porcentuales de dicha caída se deben a la automatización. En otras palabras, el trabajo tiene una parte cada vez más pequeña de la producción, una parte más pequeña de la torta. Entre tanto, los propietarios del capital, los ricos, se están enriqueciendo más y volviéndose más poderosos.

Autor y Salomons no examinan la desigualdad entre trabajadores, aunque el propio Autor ha trabajado muchísimo en los últimos años en el análisis de los efectos directos de la tecnología en la distribución de salarios.

De estos análisis también se desprende que los cambios tecnológicos de las últimas décadas han sido fundamentales a la hora de explicar la creciente desigualdad salarial en países desarrollados. Sobre lo que está pasando con el cambio tecnológico y la distribución de salarios en América Latina sabemos menos. Una reciente e innovadora iniciativa del BID se está encargando justamente de intentar entender estos aspectos, y de forma más general de analizar los diferentes ángulos del futuro del empleo.

Los robots y la equidad económica

Entre tanto, ¿qué se puede hacer? Hay quienes han sugerido un impuesto a la tecnología para desacelerar los avances en el uso de la robótica. Esto me parece dañino para la productividad y solo retrasa lo inevitable. Pero no significa que no se deberían tomar medidas por el lado de la distribución para aumentar la equidad.

Por ejemplo, los impuestos sobre la herencia podrían ralentizar la acumulación de riqueza entre las familias que son dueñas del capital, de modo que no estemos permanentemente empoderando a una oligarquía.

Los ingresos provenientes de estos impuestos podrían servir para aumenten la red de protección social y ayudar con mejor formación laboral y otras compensaciones a quienes son perjudicados por el cambio tecnológico.

Además, justo cuando la sociedad ha llegado a aceptar la educación como un derecho inherente, también podríamos pensar en garantizar un cierto nivel de riqueza mínima para igualar las condiciones de juego. Nos guste o no, la inteligencia artificial y los robots son el futuro.

El reto para la sociedad consiste en cómo aprender a sacar partido de los aumentos de productividad para nuestro beneficio y garantizar una vida satisfactoria y justa para todos.

*Economista investigador del 

Departamento de Investigación del BID.

Este asrtículo se publicó en el blog 

“Ideas que cuentan del BID”.