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Una de las características de una sociedad libre es, precisamente, la existencia de una pluralidad de centros educativos de diversas tendencias e idearios que puedan ser elegidos por los padres para sus hijos en función de sus convicciones y creencias. Allí donde el universo de posibilidades es mayor, mayor será la libertad. En sentido contrario, dónde el poder público reduce o limita el abanico de posibilidades, la libertad, obviamente, será menor.

Tratándose, como se trata, la libertad educativa, de un tema de capital importancia para el desarrollo de los pueblos y de las personas, es interesante analizar el reciente informe sobre el tema preparado por OIDEL, organización internacional para el derecho a la educación y la libertad de enseñanza, institución privada de prestigio global con estatuto consultivo ante la ONU y la Unesco. El informe que acabamos de conocer abarca el 95% de la población mundial. Como era de esperar, España ocupa en este registro un lugar que habla por sí solo del compromiso de nuestras autoridades con la libertad de enseñanza: está en el puesto 19, por supuesto detrás de 12 países europeos.

Los parámetros que son objeto de evaluación por los expertos de OIDEL se refieren a la libertad para crear y gestionar escuelas no gubernamentales según la propia legislación de los Estados, la libertad de los padres para elegir centro educativo, la legislación sobre la opción de la enseñanza en casa, grado de autonomía de los centros escolares. Es más, uno de los conceptos que más se valoran para la realización del informe, nada menos que 20 puntos sobre 100, se refiere a la autonomía real de las escuelas no gubernamentales. Para ponderar este criterio, se tienen en cuenta cuatros aspectos sumamente relevantes: la libertad para desarrollar un ideario propio, la libertad de admisión de alumnos, la libertad de contratar y gestionar al personal y el dominio del control de calidad.

A la cabeza de la lista figuran, como en otros tantos rankings relativos a la calidad de otras libertades, Dinamarca, Finlandia, Irlanda y Bélgica. Chile está también por encima de España en el décimo puesto. Por debajo de nuestro país se encuentran, entre otros, Filipinas (21), Tailandia (30), Singapur (31). Los treinta países del vagón de cola, como es lógico, son las dictaduras y regímenes autoritarios como Cuba, Camboya, así como algunas naciones de confesionalidad musulmana radical
¿Cuál puede ser la principal razón que explique la mala posición que España también cosecha en materia de libertad educativa cuando tiene una regulación constitucional impecable en la materia?. La principal razón reside, como en otras tantas cosas, en el intervencionismo y obsesión por el control que caracteriza a los poderes públicos, nacional, autonómico y local en general. Otras razones, en menor medida, las encontramos, por ejemplo, en el grado de autonomía real de los centros educativos no gubernamentales para la gestión del presupuesto del centro y la selección del personal. Y, por supuesto, tenemos la calificación que tenemos porque la libertad para elegir colegio todavía, como es bien sabido, deja mucho que desear.

En fin, la libertad, éste es un caso paradigmático, se torpedea desde el poder, desde este poder que tenemos. Por una razón, porque los partidos, y sus dirigentes, sobre todo, profesan un acendrado pánico a la libertad de las personas, al pluralismo y a que cada uno haga lo que le venga en gana responsable y solidariamente. Estos políticos no quieren, ni de lejos, una sociedad de hombres y mujeres libres. Quieren una sociedad de hombres y mujeres adocenados, adormecidos, y, sobre todo, dependientes de las prestaciones públicas. Por tanto, hay que seguir insistiendo en más libertad, que es lo mismo que reclamar, y conquistar, mayores espacios de solidaridad.


*Catedrático de derecho administrativo.