Eydin Carrasco*
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La juventud rural del municipio de Somoto enfrenta muchas barreras para asegurar un trabajo que les permita vivir dignamente. Entre esas barreras están la débil economía familiar, la distancia respecto de las universidades y centros educativos de secundaria y el poco acceso a tecnología.

Todo esto hace difícil el desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida, alcanzar estudios superiores y tener acceso a recursos como tierras e insumos u oportunidades para desarrollarse como profesionales en otro tipo de trabajos.

Los jóvenes dicen que no es fácil trabajar y estudiar; la mayoría de ellos se agotan; es una vida dura, sobre todo, si tienen que trabajar la tierra y cuidar a los hermanos, pues no tienen tiempo libre para sí mismos e incluso no pueden tomar decisiones sobre su propio trabajo.

Sin embargo, buscan fuerzas, se proponen metas, logran vencer esas barreras, y de una u otra forma luchan a diario con el afán de ser independientes y ayudar a sus familias, ya que lo poco que se produce con el trabajo agrícola cubre apenas lo básico.

Según datos publicados en diferentes medios, los jóvenes tienen poco acceso a los trabajos en cargos públicos o privados, porque la mayoría de los generadores de empleos exigen experiencia laboral de uno a tres años por lo menos.

Este es otro de los retos que tienen que vencer los jóvenes, sobre todo, si proceden de las zonas rurales, pues si nadie los conoce es difícil que obtengan una recomendación o les den una oportunidad.

Esto obedece a la cultura de los generadores de empleos, que no están dispuestos a darle a una persona joven la oportunidad de desarrollar su capacidad y trasmitirle los conocimientos que han acumulado a lo largo de su experiencia.

Si los jóvenes rurales reciben formación y no encuentran empleo como profesionales en su campo de estudio, siempre pueden trabajar la tierra, incluso mejor que antes, pues podrán poner en práctica los conocimientos adquiridos en la Universidad y en los procesos de aprendizaje que las mismas oenegés les han brindado.

Para que estos jóvenes de las zonas rurales puedan cumplir sus metas, es necesario tener el apoyo de los padres, de las personas adultas, de amistades y de organizaciones que les permitan avanzar, aprender, tener más confianza en sí mismos y empoderarse en cuanto al acceso a recursos y conocimientos.

Cuántos jóvenes hombres y mujeres de las zonas rurales se han superado con mucho esfuerzo gracias a la tierra, y hoy son docentes, ingenieros, doctores, enfermeras. Todos ellos y ellas rompieron esas barreras, y puesto que están aportando a un mejoramiento de la vida y de la tierra, y puesto que la cuidan y le devuelven lo que de la tierra han recibido, no es posible que no sigamos cuidando de esa gran madre, que a pesar de todo nos regala la vida y todo lo que tenemos.

Lo que pretenden los jóvenes rurales es llevar una vida más sostenible y que la comunidad progrese para evitar la migración que desune a las familias. Si se empleara a más personas para cultivar la tierra, tendríamos más producción, más exportación y mejoraríamos la seguridad alimentaria y la nutrición.

Es importante que en este municipio se genere un proyecto donde participen varias organizaciones que trabajan en las zonas rurales, a fin de fomentar el empleo para jóvenes y que se disponga de una gama de especialidades para ofertar a las instituciones que buscan trabajadores; asimismo, que al momento de ubicarlos en su nuevo empleo, se les dé acompañamiento en sus centros de trabajo para verificar que están laborando en buenas condiciones y con igualdad de género.

Aun con todas las dificultades que enfrentan estos jóvenes, siempre están esforzándose, y a pesar de que su salario no es suficiente, se sienten bien, pues valoran lo que han invertido y lo que han aprendido en sus estudios, y confían en que lograrán sus metas, ser dueños de su propia casa, implementar sus propios proyectos, ser profesionales que aportan al desarrollo del país y que implementan estrategias de igualdad, equidad, acceso a tierra para las mujeres, y otras oportunidades que hasta ahora no tienen en las zonas rurales.

* El autor es miembro del Movimiento Comunal de Somoto, integrante de la iniciativa Multipaís Mujer Rural y Tierra de la International Land Coalition (ILC).