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Todos los años, con ocasión del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, en el Grupo Banco Mundial destacamos los avances logrados hacia nuestros dos objetivos: poner fin a la pobreza extrema para 2030 e impulsar la prosperidad compartida del 40 % más pobre en todos los países del mundo. Pero, más importante aún, en este día evaluamos cuánto nos falta.

El porcentaje de la población mundial que vive en situación de pobreza extrema disminuyó del 36 % en 1990 al 10 % en 2015, el valor más bajo del que se tenga registro en la historia. Durante ese periodo, más de 1000 millones de personas lograron salir de la pobreza. Casi la mitad de todos los países han reducido la pobreza extrema a menos del 3 %, la meta establecida por el Banco Mundial y prevista para 2030.

Este es uno de los grandes logros de nuestro tiempo, pero aún hay 736 millones de personas que viven en la pobreza extrema, es decir, con menos de 1,90 dólares al día. El ritmo de la reducción de la pobreza se está desacelerando. Entre 2013 y2015, la pobreza en el mundo disminuyó 0,6 puntos porcentuales, la mitad de la disminución registrada entre 2011 y 2013. Para alcanzar la meta de reducir la pobreza extrema a menos del 3 % para 2030, los países más pobres del mundo tendrán que crecer a tasas que superen con creces sus experiencias históricas.

La pobreza se está también concentrando cada vez más en África al sur del Sahara. En 2002, el continente albergaba a solo un cuarto de los pobres del mundo, pero en 2015 vivía más gente extremadamente pobre en esa región –413 millones– que en todo el resto del planeta. Nigeria ya es, o será pronto, el país con más habitantes que viven en pobreza extrema, sobrepasando a India. Tres cuartas partes de los países de África al sur del Sahara tenían tasas de pobreza superiores al 18 % en 2015, y de los 28 países más pobres del mundo, 27 se encontraban en África al sur del Sahara.

Esto significa que hay que evitar caer en un exceso de confianza. Debemos intensificar nuestros esfuerzos para impulsar el crecimiento económico en los países rezagados y asegurar que el 40 % más pobre de la población obtenga mayores beneficios del progreso económico.

Al mismo tiempo, estamos analizando la pobreza desde una perspectiva más amplia. La mayoría de los pobres del mundo vive actualmente en países de ingreso mediano, y nuestra investigación indica que estos países tienden a tener una visión más exigente de la pobreza.

En el informe La pobreza y la prosperidad compartida de este año, analizamos otros dos umbrales de pobreza: la cuarta parte de la población mundial vive con menos de US$ 3.20 al día, valor que marca el nivel de pobreza típico en los países de ingreso mediano bajo, y casi la mitad de la población del planeta vive con menos de US$ 5.5 al día, la línea de pobreza típica de los países de ingreso mediano alto.

Por ejemplo, Kalu Ram y Kherun Nisha, una pareja que vive en Jaipur (India) donde el ingreso medio es menos de US$ 3.20 al día, pueden comprarse sandalias y quizás una cocina simple, pero para ellos adquirir una bicicleta para su hijo es aún un anhelo. O la familia Poma de La Paz (Bolivia), conformada por siete integrantes, que vive con menos de US$ 5.50 al día en una casa de dos habitaciones y cuyo sueño es tener un refrigerador.

Nuestros dos objetivos seguirán orientando nuestra labor. Sin embargo, dado que la mayoría de los pobres del mundo viven en países de ingreso mediano, estos nuevos umbrales ayudarán a ampliar nuestra concepción de la pobreza. Pueden ser tanto metas ambiciosas para los países de ingreso bajo como umbrales de pobreza más relevantes para los países de ingreso mediano. 

Medir la pobreza significa también medir el bienestar de las personas. Nuestra nueva medición de la pobreza multidimensional tiene en cuenta carencias en educación, electricidad, agua y saneamiento. A menudo los recursos no se distribuyen equitativamente dentro de las familias, lo que origina una mayor desigualdad, en especial para las mujeres y los niños, por lo que debemos examinar cómo se distribuyen los recursos al interior de los hogares.

Hemos realizado enormes avances, pero el último tramo del camino será el más difícil. Estamos acelerando nuestros esfuerzos para impulsar el crecimiento económico inclusivo y sostenible; generar resiliencia ante las crisis y las amenazas, y ayudar a los países a invertir más y con más eficacia en su gente.

Nuestra investigación señala que los mejores resultados en materia de salud y educación están mucho más correlacionados con el crecimiento económico de lo que jamás imaginamos y pueden ayudar a impulsar la reducción de la pobreza en todo el mundo.

Poner fin a la pobreza es nuestra misión en el Grupo Banco Mundial. Cuando el personal y los visitantes ingresan a nuestra sede central ven tallada en la pared la frase: “Nuestro sueño es un mundo sin pobreza”. Nunca hemos estado tan cerca de cumplir ese sueño, pero debemos intensificar nuestros esfuerzos para poner fin a la pobreza en todas sus formas y finalmente hacerlo realidad.

* Este artículo se publicó en el Blog 
del Banco Mundial, en la sección Voces.