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Le decía hace unos días a un militar retirado de alto rango, y que ha mantenido su conciencia patriótica intacta, con quien me he encontrado en las marchas de protesta, que me gustaría ver el cambio de sistema en este pobre país, lo cual sigue siendo una ilusión pendiente después del estrepitoso naufragio de una revolución que además de hermosa, nos pareció tan real, hasta que muchos guerrilleros al llegar al poder, se corrompieron y se convirtieron en demonios, ocultando debajo de las suelas de sus zapatos, pretensiones como las de “patria libre” y “el amanecer dejó de ser una tentación”.  Pero a mi edad, le agregué, no creo que tenga tiempo. Esto puede ir para largo, aunque quizás no tanto como los 18 años que le tomó al movimiento sandinista derribar al somocismo, cuando el pueblo se sumó decididamente gritando ¡basta ya! Confiando que estábamos en buenas manos, lo que resultó fue el más grande fraude de nuestra historia.

Ojo con lo incluyente

De su respuesta rápida y precisa, cargada de convicción, tomé la frase del título de esta nota: “Lo importante es que pase lo que nos pase, el cambio de sistema es una certeza, porque ya no hay vuelta atrás, así que podemos sentirnos tranquilos”, dijo, recordando: “En mi época de clandestinaje, sabía que podía morir, pero con la seguridad que la dictadura caería. Y así fue”. Claro, lo esencial es cómo van a manejar ese cambio tan deseado y tan necesario para poder democratizar el país. Las nuevas generaciones, no deben cometer el error de confiar en políticos que han vivido abrazados al oportunismo, y que no han cultivado ningún historial pro-patria. Esta chavalada en plena evolución peleando por vivir en otro país, sabe que desde antes de traer a los filibusteros, la inmensa mayoría de los llamados políticos tradicionales, han sido terriblemente dañinos para Nicaragua, más allá de los pactos, sumisiones, atropellos y su obscena indiferencia con el presente y el futuro del país. Así que deben ser cuidadosos e
n ser incluyentes, contando con gente fiable por sus antecedentes o por sus correcciones, certificadas con actuaciones convincentes, para evitar ser sorprendidos.

Se siente que esta escrito

Lo irreversible del cambio está escrito, diría Diógenes frente al estrepitoso deslizamiento del falso paraíso, a la realidad nada mágica que los todopoderosos estaban obviando, aprovechando el sometimiento confiscador de conciencias, del que habla uno de los funcionarios judiciales de Hitler de apellido Schlengelber durante el Juicio de Nuremberg. Desde el inicio de la impresionante rebelión cívica, se pensó que Nicaragua no regresaría a la mansedumbre que obligaba a la gente a refugiarse en la resignación, mientras todos sus derechos eran pisoteados con la complicidad de una clase política, ahora también rechazada. La pérdida del sometimiento, la disipación del miedo, la posición rectilínea de la iglesia y el sector privado, la fuerza del movimiento universitario, la acumulación de esfuerzos en la Alianza Cívica, la creación de una opción unificadora, la exigencia de justicia frente a la brutal represión que ha producido tantas muertes, la condena de los diferentes organismos internacionales desnudando al régimen, el fracaso de la mentira, la imposibilidad de gobernar, hacen improbable la frustración. Es una lucha cívica riesgosa que exige todas nuestras energías. Y no podemos flaquear.