Anne Hand y Lukas Keller
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La economía del comportamiento sugiere que, si el ahorro voluntario fuera más fácil, más personas estarían ahorrando para su vejez. Ante este contexto, el Congreso de Estados Unidos está considerando reformas a las reglas de operación de las cuentas de ahorro de largo plazo, para intentar promover que la gente ahorre más y de una manera más dinámica. ¿En qué consisten estos cambios y cómo involucran elementos de la economía del comportamiento? ¿Qué puede aportar América Latina y el Caribe en este debate?

Similitudes en materia de ahorro para el retiro

Cuando se trata de previsión social, Estados Unidos y los países de América Latina y el Caribe tienen más en común de lo que se pensaría. En ambos contextos dominan sistemas de pensiones de contribución definida, donde los trabajadores formales financian sus pensiones aportando a cuentas personales de ahorro gestionadas por administradores de fondos del sector privado. Además (y aunque sea por razones distintas), ambos otorgan grandes responsabilidades y compromisos financieros a las personas para ahorrar voluntariamente: en Estados Unidos porque no existe la obligatoriedad legal de contribuir a dichas cuentas y el sistema público de seguridad social está diseñado para cubrir un piso mínimo de necesidades, y en la región porque los altos índices de informalidad laboral hacen que, para muchas personas, ahorrar voluntariamente sea la única manera de asegurar una vejez digna.

Otro aspecto en común son las bajas tasas de ahorro voluntario, a pesar de los esfuerzos de promover el ahorro pensional. Mientras que alrededor de un 28% de la población adulta no jubilada de Estados Unidos no tiene ahorros de largo plazo (ni tendrá acceso a una pensión), en países como Colombia, Chile, México y Perú se estima que solo un cuarto de la población económicamente activa contribuye a su ahorro previsional.

Acumulación y desacumulación

El período durante el cual las personas están ahorrando para su pensión se conoce como la etapa de acumulación. En este sentido, hay dos factores clave que están bajo consideración en las reformas de Estados Unidos: promover, a través de incentivos fiscales, que la gente ahorre desde una edad más temprana e incluir una forma de incrementar estas aportaciones automáticamente. En cuanto al primero, mientras que hay evidencia de América Latina y el Caribe de ciertos programas de educación previsional que incrementan el conocimiento del sistema (y, a veces, la intención a contribuir), no se conocen ejemplos de la aplicación de incentivos fiscales para promover el ahorro desde una edad temprana (aunque sería interesante probar este esquema en un entorno donde no distorsione el mercado laboral). En cuanto al autoescalamiento de contribuciones, está demostrado que los incrementos en las tasas de contribución que suben en función de aumentos salariales funcionan bien para incrementar el ahorro voluntario de los traba
jadores. En el caso de nuestra región, la reducción de trámites administrativos y la automatización han ayudado a generar más ahorros en menos tiempo.

Cuando estamos listos para empezar a utilizar el dinero que hemos ahorrado, entramos entonces en la etapa de desacumulación. En las cuentas de ahorro de largo plazo, la compra de una renta vitalicia es una de las modalidades más comunes de desacumulación. En Estados Unidos, se está considerando hacer más fácil para los trabajadores conocer la renta vitalicia que podrían recibir con sus ahorros actuales. Este tema ha sido abordado en países como México, en donde recientemente se incorporaron cambios a los estado de cuenta de las Administradoras de Fondos para el Retiro (AFORE) para destacar el monto de la pensión proyectada con base en los ahorros de la cuenta (los resultados de una evaluación de impacto de estos cambios están cerca de publicarse). Conocer el monto de la renta vitalicia que sus aportes actuales soportarían es clave para permitir a las personas ajustar su nivel de ahorro cuando todavía hay tiempo para alcanzar un monto mayor.

Otra modalidad de desacumulación son los retiros programados para un período extendido. Teniendo en cuenta que en Estados Unidos se está planteando permitir el retiro de dinero de las cuentas de ahorro de largo plazo en circunstancias de necesidad, consideramos que deben ser muy cautelosos porque esta flexibilidad podría resultar en la liquidación de grandes partes del dinero de las cuentas. Es el caso de Perú, donde en 2016 se permitió que los ahorristas pudieran retirar casi todos sus ahorros en lugar de elegir una pensión al momento de jubilarse, y como resultado el 95% está retirando los montos máximos (con efectos negativos potenciales en el bienestar de largo plazo de las personas).

Trasladar los aprendizajes

El análisis comparativo de las políticas que se han implementado en América Latina y el Caribe arroja lecciones que pueden replicarse en otras regiones para promover una gestión positiva de las pensiones. Las iniciativas de la economía del comportamiento que facilitan el ahorro, el acceso a información sobre proyecciones de pensiones y la priorización de retiros programados o rentas vitalicias serán importantes para que los sistemas de pensiones a nivel global puedan garantizar una vejez digna para los adultos mayores. Promover el ahorro de largo plazo es un reto para cualquier sociedad, pero es posible superarlo si se tienen en cuenta los aprendizajes de otros países.