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Con motivo del armisticio que dio fin a la conflagración europea de 1914 a 1918, el gobierno de Emiliano Chamorro declaró el 28 de noviembre del último año Día de Fiesta Nacional en la República.

Aprobado el 19 del mismo mes y publicado en La Gaceta del 23, su texto es el siguiente: “El presidente de la República, en consejo de ministros, considerando: que con el advenimiento de la paz que culminó con el triunfo de las naciones que enarbolaron el estandarte del derecho, se asegura el prevalecimiento de la democracia en el mundo; se garantiza la existencia de las pequeñas nacionalidades y se afianza de modo estable para los pueblos el ejercicio del Derecho y el triunfo de la Justicia.— Considerando: que tan fausto acontecimiento debe ser celebrado con manifestaciones de regocijo en la república, decreta: único”.— “El 28 de noviembre será día de fiesta nacional en la República y se tendrá como la fecha conmemorativa del triunfo de la democracia contra el absolutismo y la autocracia militar. Comuníquese.- Dado en el Palacio del Ejecutivo.— Managua, 19 de noviembre de mil novecientos dieciocho. Emiliano Chamorro. El ministro de Gobernación y Anexos, Venancio Montalván.

El ministro de Justicia y Fomento, por la ley, Juan J. Zelaya. El ministro de Hacienda y Crédito Público, Octaviano César. El ministro de Instrucción Pública, David Arellano. El ministro de la Guerra y Marina, Tomás Masís. El ministro de Relaciones Exteriores, José. A[ndrés] Urtecho”.

Al ministro de Instrucción Pública, David Arellano le correspondió leer el discurso oficial durante el acto celebratorio. En la parte medular de su discurso, Arellano dijo: “Este mes de noviembre es consagrado por la Iglesia Católica a la memoria de los muertos, y esta coincidencia nos está indicando que al regocijarnos por la victoria que celebramos, nos acordemos de entregar un recurso a todos aquellos que ofrendaron sus vidas como precio de esa victoria.

En su mayor parte, sus restos yacen sepultados en común, en fosas improvisadas en los vastos campos de batalla. Y los ojos del cariño doliente en vano se empeñarían con todos su maravilloso instinto en localizarlos.

Y el amor fiel hasta la muerte habrá de consolarse con llevar grabado en el corazón, a guisa de cenotafio —monumento funerario en el cual no yace el cadáver a quien se dedica—, cada nombre querido tiernamente recordado; confiando en que aquellos viven y vivirán eternamente esa vida superior que Jesucristo ha prometido a cuantos le imitan”.

También agregó “Y el mundo con nada podrá honrar tan dignamente su grata y sagrada memoria, como con hacer buen uso, un uso humanitario fraternal, de los frutos de la victoria a tan alto precio comprada, cuidando de que ella sea la victoria de la libertad y de la justicia para la humanidad entera”.

Este discurso tuvo alguna repercusión internacional, pues fue elogiado por Desiré Pector en el capítulo sobre la posición de las Repúblicas del istmo centroamericano ante la primera guerra mundial de uno de sus principales libros.

“O doit fare mention du remarquable discours si enthosiaste por la cause de la France et de ses alliés —recordaba en 1925— pronuncé a Managua, le 28 novembre 1918, por el Dr. David Arellano a l’occasion des fêtés en l’honneur de la signature de la paix mundiale”. Y realmente no dejaba de ser una hermosa pieza impregnada del esencial catolicismo y de la erudición espontánea, producto de una sólida educación francesa de su autor.

Este convidaba a hacer votos por la prosperidad de Francia y de las naciones aliadas, grandes y pequeñas como Inglaterra y Estados Unidos, China y Japón, Portugal e Italia, Serbia y Rumania, Montenegro, Grecia y Bélgica; al mismo tiempo trasladó al español el cuarteto de un desconocido poeta británico, en el cual sueña una verdad venturosa que Arellano identifica con esos días de paz: “Cuando deje de redoblar el tambor de la batalla,/ y se recojan los pendones de la guerra,/ cabe el Parlamento del Hombre/ en la Federación del Mundo”. Y termina evocando este dístico: “O France, douce France, o ma France bendit,/ Il ne faut donc jamáis desesperé de foi.// Oh Francia, dulce Francia, Francia bendiga,/ No hay que perder jamás la esperanza en ti”.

Mayores datos se localizan en la Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, tomo 77, mayo, 2015, pp. 35-54.