Lorena Silvestri
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Alejandra, Jesús Ángel y Jara: tres nombres, tres agentes de cambio o, en su versión inglesa, Changemakers. Ellos son jóvenes comprometidos con la mejora de sus comunidades y la vida de las personas.

Y, mientras cambian el mundo, aprenden a desarrollar la empatía, identificar y entender en profundidad los problemas de su entorno, pensar de forma crítica, comunicarse de manera eficaz, formar equipo, trabajar de forma colaborativa desarrollando un nuevo modelo de liderazgo, gestionar proyectos, resolver problemas y a reflexionar sobre sus éxitos y sus fracasos. Estas son habilidades que les permitirán adaptarse y reinventarse en un mundo rápidamente cambiante: ¡genial! Entonces, ¿quiénes son ellos y cómo han desarrollado sus habilidades y proyectos?

Conozcamos más de cerca sus perfiles. Alejandra Acosta lucha contra el tráfico de personas para la explotación sexual a través de la concienciación en centros educativos con su proyecto “Break the Silence”. Jesús Ángel Gómez Martín, un apasionado químico, creó Cienciaterapia para compartir todo lo que sabe sobre ciencia, de una manera divertida, con niños hospitalizados. Y Jara Ramos, promueve la educación artística y creativa dentro de su propio colegio a través de talleres en horario escolar.

Alejandra, Jesús y Jara han desarrollado las llamadas (Changemaker Skills),  habilidades generadoras de cambio que hoy en día tantas escuelas buscan promover desde la innovación educativa.

Por ejemplo, la Red Escuelas de Cambio de la organización internacional Ashoka las desarrollan utilizando nuevas metodologías (que no tecnologías) como Emprendimiento Social, Aprendizaje y Servicio, Aprendizaje basado en Proyectos, Design Thinking para educadores o Design for Change.

¿Cómo ayudar a los jóvenes de América Latina y el Caribe a convertirse en agentes de cambio?

Si bien la escuela es el epicentro del desarrollo de habilidades, son varios los actores que influyen en el aprendizaje de los jóvenes. El cambio de paradigma en la educación exige un compromiso de todos: sector público, privado y ciudadano/comunitario tal como se apuntó en el último encuentro “Ciudadanos de Futuro”, organizado por el BID y el Instituto Brookings en la ciudad de Washington.

En América Latina y el Caribe, una región en la que la mitad de los jóvenes no culmina la educación secundaria, con altos índices de violencia juvenil y embarazo adolescente, es urgente darles a los jóvenes más y mejores oportunidades para empoderarlos y ser agentes de cambio. ¿Cómo? Aquí cuatro pistas:

Animar a los niños y jóvenes a hacer pequeños proyectos de cambio en su entorno más cercano. 

Para guiarlos, los docentes pueden apoyarse de este pequeño manual para ayudarles a pasar del deseo a la idea: ¿Cómo cambiar el mundo? en 45 minutos

Conectar personas con oportunidades y crear una comunidad de agentes de cambio. 

Organizar encuentros presenciales con jóvenes en la comunidad y con profesionales que les den asesoría gratuita. Es importante que los jóvenes con ganas, ideas y proyectos se encuentren con otros como ellos para compartir recursos y, sobre todo, para darse cuenta de que no están solos.

Compartir información, hay mucha ahí fuera. 

Apoyar a los jóvenes a llegar de forma fácil y rápida a la información que necesitan es clave. Crear un directorio o base de datos, que recoja a todas las personas, organizaciones y oportunidades que hay allí fuera y compartirlo de manera abierta y gratuita a través de Internet o de forma impresa puede ser inspirador para muchos. ¿Un ejemplo? Explora el Primer Mapa del Emprendimiento Social Juvenil en España.

Usar las redes sociales para redirigir y contar toda la información interesante que hay allí fuera, a través de un solo canal.

Pero, sobre todo: decirles que Sí, siempre. 

La respuesta más habitual a un “quiero cambiar el mundo” es “déjalo, es imposible, estás loc@” y así nuestros agentes de cambio vuelven a sentarse en sofá y todo sigue igual. Pero si estamos siempre abiertos y disponibles y decimos “sí, ¿Qué necesitas para empezar?” entonces los jóvenes se ponen en marcha, convierten sus ganas en ideas, sus ideas en proyecto, sus proyectos en acción y su acción en cambio.

¿Y si hacemos todo esto y aún así fallan? No pasa nada, la naturaleza de cualquier proyecto es fallar y aprender. Y en ese proceso habrán desarrollado esas habilidades generadoras de cambio que les permitirán ser mejores ciudadanos, trabajadores y personas. Serán de por vida Agentes de Cambio positivo allí donde vayan.

*Especialista en emprendimiento e innovación social juvenil, Fundadora de Puntojes.org, directora ejecutiva de TedxYouth@Madrid.

Este artículo se publicó en el blog  “Enfoque educación” del BID.