Moisés Mercado
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La confesión de fe más importante para los primeros cristianos proclamaba que: Jesucristo es el único señor (Flp 2:11). Esta confesión en el contexto del Imperio romano tenía profundos matices subversivos para el emperador y sus súbditos. En el contexto del siglo I en el que dio sus primeros pasos el cristianismo se estaba consolidando el culto al emperador y él mismo gobernante reclamaba para si el título de único señor y salvador del mundo. 

Es necesario enfatizar la postura radical del cristianismo frente al poder y la injusticia social. Los impulsadores del cristianismo se vieron confrontados con el poder y en constante denuncia de la injusticia social. Por ejemplo, Juan el Bautista que predica en el desierto denunciando la injusticia social y el pecado del rey Herodes, su actitud crítica frente al poder, le cuesta la vida; pero que a la vez la encuentra, según palabras primitivas de Jesús, dar la vida, por lograr la justicia, es hallarla, ya que preservarla sin justicia y dignidad, no es vida.

El mismo Jesús, el galileo, se ve confrontado al poder cuando desde niño, es forzado a desplazarse con sus padres al exilio, debido a la orden de Herodes el Grande de acabar con la vida de los niños menores de dos años de edad (Mateo 2:16-18) y finalmente muere crucificado en manos del poder romano, cuando es acusado de cometer el delito de “laesa maiestas” (conspiración contra el gobernante). Los poderosos siempre temen a quienes están con el pueblo y a quienes no temen denunciar la injusticia y el pecado estructural.

La paz (shalom) en la Biblia tiene que ver con el bienestar integral del ser humano en todas sus dimensiones pero principalmente con el  respeto a la dignidad, acceso a la justicia y el respeto a la vida que toma como referencia que todos as somos imagen y semejanza de Dios, la vida debe ser respetada por encima de todo. Sin embargo, en la época de Jesús existían otras comprensiones de paz, por ejemplo, la pax romana que consistía en la imposición del orden mediante las armas y la violencia, por ese motivo Jesús proclama que su paz es diferente (Juan 14,27). La respuesta de Jesús frente a la violencia es el amor, la paz y el diálogo, Jesús fue un hombre de diálogo.  

La paz de Jesús está en oposición a la paz del César, la paz de Jesús tiene que ver con el reino de Dios, el reino de Dios para Jesús debe ser comprendido en dos dimensiones: 1) la construcción de una sociedad en paz, justicia y equidad y 2) el juicio final sobre los reyes y reinos de este mundo que no converjan con los valores y principios éticos del Reino de Dios.

Todo esto implica que el protestantismo evangélico nicaragüense tiene serios desafíos, como parte de su deber ético y moral con Jesús quien los desafía a proclamar el evangelio y el reino de Dios de forma integral y a ser constructores de una nueva sociedad.

La Iglesia está llamada por Dios a incidir de manera positiva en los espacios públicos para la construcción de una nueva sociedad en paz, justicia y equidad. La misma debe asumir su rol público y profético para ser luz en el mundo y transformar las situaciones de injusticia. 

En la crisis actual, la Iglesia católica ha asumido un rol profético y pastoral que está inspirando a ciertos sectores del protestantismo nicaragüense, a pasar de la compasión al compromiso con el pueblo sufriente y a rescatar aquellas características proféticas con las que nació el protestantismo en el siglo XVI. 

Es muy válido decir que debido a la situación fragmentada de los evangélicos en Nicaragua, el protestantismo nicaragüense tiene rostro católico. Tal afirmación, solamente se puede comprender si se investiga seriamente las características del protestantismo del siglo XVI. ¿Qué entendemos por protestantismo? 

En la parábola bíblica sobre el buen samaritano hay lecciones importantes, una de ellas es que se necesita pasar de la religiosidad al compromiso concreto con el prójimo. El ayuno y la oración son importantes, pero el relato enseña que el levita y el sacerdote habían estado oficiando el culto en el templo, probablemente en ayuno y oración por una semana; sin embargo, cuando les toco hacerse prójimo del que había caído medio muerto, no fueron solidarios, en otras palabras, si queremos hablar de fe, hablemos de una fe que nos moviliza a hacer acciones concretas de amor.

La Iglesia evangélica tiene la responsabilidad pastoral, moral y ética de acompañar pastoralmente a las víctimas de la crisis, sin exclusión, me refiero a familiares de personas autoconvocadas que se les trunco la vida (niños, estudiantes y presos políticos), familiares de policías y partidarios de gobierno, ellos también son víctimas. Se debe denunciar la injusticia y el pecado estructural, la Iglesia no puede llamar a la impunidad justicia, a la mentira verdad y a la muerte vida.

La Iglesia debe movilizarse para incidir positivamente en los espacios públicos y privados con el fin de crear espacios en los que se promuevan la paz, la justicia, el diálogo y la reconciliación como única vía para la resolución de esta crisis que nos afecta a todos los nicaragüenses, al final todos somos hermanos y soñamos con una Nicaragua en paz, justicia y equidad. Enorme es el reto, ser la voz de los que no tienen voz y ser prójimo de los crucificados.

Educador, teólogo y biblista e ingeniero de sistemas. 
Miembro del Movimiento de Juventudes Cristianas por la Paz (Mojuncpaz)