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Somos humanos por la palabra y el lenguaje desde que existimos, no nos constituimos en la confrontación. El diálogo es un instrumento para la transformación, para la paz, hay diálogos entre personas, entre civilizaciones… El diálogo tiene una condición única y es el rechazo a la violencia. La paz como cultura frente a la cultura del balazo. La paz,  la normalidad y la tranquilidad -después de guerras y rupturas no se imponen- no se hacen por decreto sino que son fruto del diálogo y la negociación. La cultura de la paz es la garantía para la sostenibilidad de la paz. 

El diálogo no solo nos lleva a superar la violencia sino que es también una escuela de conocimiento y crecimiento mutuo, individual y para toda la sociedad. Debemos ir al diálogo dispuestos y abiertos a ser transformados, a conocer y reconocer en el otro sus intereses legítimos, sus temores y desconfianzas, sus valores y percepciones.

1.    En nuestro contexto debemos ser capaces, en primer lugar, de reconocer con humildad, que el Diálogo Nacional ha adolecido de errores en ambas partes que generaron desconfianza mutua. Por lo tanto, la desconfianza en un hecho objetivo. 

2.    Un reinicio del Diálogo Nacional debe atender la realidad de que existen temores también legítimos, producto de la condición del Presidente Ortega de mandatario y líder político partidario. Él es responsable de un amplio conglomerado de burócratas que integran las entidades del gobierno y el estado y que presas de terror, presionan y ven en el aplastamiento de la otra parte, su propia seguridad. 
    En su condición de líder valora y cavila el futuro de una organización protagonista de épocas luminosas y heroicas, pero hoy en franco riesgo de desaparecer, como lo fue el zelayismo liberal, el chamorrismo conservador, el somocismo. Daniel medita en esto, se pregunta si esta fatalidad es inexorable o si es posible un golpe de timón, a pesar de la posición de los burócratas y la maquinaria represiva. 
    Por su lado, el gobierno debe dar señales de voluntad de voluntad de diálogo con iniciativas que crean el clima adecuado que se necesita. 

3.    En esta situación de máxima gravedad, de temores y desconfianzas, de tentaciones de radicalización en búsqueda de una salida definitiva de la crisis, es recomendable la creación de un Grupo de Acercamiento,  el cual goce de la confianza intima de ambas partes, que pueda servir de interlocución, que pueda descifrar sus perspectivas y pueda interactuar alimentando y retroalimentando un Diálogo Nacional mejor estructurado en sus objetivos, funciones, funcionamiento, su representatividad, su agenda, sus integrantes, su transparencia y su vocación de sinceridad y que tenga como único objetivo la realización de elecciones en las condiciones adecuadas. Esta propuesta está siendo recomendada por grandes pacifistas y mediadores mundiales que siguen con atención la evolución de la crisis en Nicaragua.

Nos cuenta el profesor John Paul Lederach, pacifista y negociador mundial, que una vez le tocó mediar con un jefe guerrillero que se negaba a reunirse con otros jefes para firmar la paz en una región del Asia Central. Tenía profunda desconfianza de ser asesinado por algún otro grupo, pero el de él era el más poderoso y sin él no podía haber paz. El profesor Lederach subió a la montaña y pasó con el jefe guerrillero una semana. Durante 5 días no hablaron nada acerca del imperativo de firmar la paz sino que los dedicaron a hablar de poesía y literatura. A la semana el jefe guerrillero aceptó bajar a la reunión, no sin antes decirle que su vida quedaba en manos. La paz dependía de la capacidad de ambos de construir aquella relación de confianza, de empatía. 

* Director del Instituto Martin Luther 
King de la Upoli.