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Fernando Solís Borge me facilitó un impreso digital del artículo aparecido en el diario madrileño La Correspondencia de España (año LXI, núm. 19.220, lunes 5 de diciembre de 1910, p. 1, columna 3). Titulado “En Méjico / La expulsión / de Rubén Darío”, reproduce una entrevista desconocida del gran poeta y entonces diplomático acerca de su viaje a la capital azteca para representar a Nicaragua en las Fiestas del Centenario de México organizadas por el Porfiriato. Sin más comentario, lo reproduzco a continuación:

“De París Journal copiamos la siguiente información, de doble interés para el público español, por referirse al poeta Rubén Darío, tan popular entre nosotros: ‘Hoy llega a nosotros la noticia de que el escritor Rubén Darío, a quien suele llamarse el Tolstoi de la América del Sur, se vio, en el momento de las fiestas de Méjico, obligado a salir del país./ La razón de que se dio para esta brusca indicación fue el hecho de que en 27 de mayo último, Rubén Darío publicó en París Journal, después del paso del ex presidente de los Estados Unidos por París, un artículo, titulado «Las palabras y los actos de Roosevelt». 

La influencia anglosajona se manifestaba de esta suerte contra un hombre que cometió, por única falta, la de discutir la sinceridad del que había venido a catequizar a Europa. / Ayer visitamos a Rubén Darío, el cual nos dijo todo lo que sigue: ––Voy, por lo pronto, a hacerles a ustedes la historia del incidente./ »Regresaba yo de España, donde había ejercido las funciones de ministro plenipotenciario de la República de Nicaragua./ »En La Habana subieron a bordo la Delegación cubana y varias personalidades que debían asistir a las fiestas de Méjico./ »El Gobierno del país que yo representaba había cambiado, y, en vista de ello, dirigí un marconigrama, consultando, si debía presentarme en Méjico como enviado oficial o como simple particular./ »No habiendo obtenido respuesta, cuando visité a las autoridades de Veracruz lo hice sin llevar uniforme.

»Me declararon, desde luego, que me recibían con los honores debidos a un literato, y me anunciaron que en el pueblo de Teocelo, cerca de Xalapa, se acaba de dar a la calle principal el nombre de «calle de Rubén Darío»./ »Al mismo tiempo, experimenté la satisfacción, profunda siempre para un artista, de recibir comisiones, de ser aclamado por el pueblo y de saber que todos los organismos docentes del país reclamaban mi presencia./ »Pero pronto me hizo llamar el gobernador civil, y me manifestó que, en nombre del ministro de Instrucción pública, me rogaba que suspendiera mi viaje y que deseaban vivamente verme abandonar aquel territorio./ »No podía hacer otra cosa que someterme.

»¿Hay que hacer responsable al general Porfirio Díaz de esos procedimientos? Seguramente no. en cada una de las Repúblicas de Centro América existen hombres que se hallan bajo la influencia de los Estados Unidos, y que encarnizadamente combaten todas las manifestaciones del espíritu latino./ »Sin embargo, todo el Sur de los Estados Unidos no se halla animado del mismo criterio de hostilidad para nosotros: la brutalidad y la tiranía anglosajonas son execradas por aquellas poblaciones generosas, ardientes, enamoradas de claro genio francés, y que no pueden olvidar que Colón y sus compañeros eran latinos, y que, como yo decía a propósito de Roosevelt, «no corresponde a un país cuya historia se cuenta por años todavía, enseñar los deberes del ciudadano a los pueblos civilizados desde hace veinte siglos».

»A pesar de que en Méjico se haya procedido así, hay en París, un hombre que es el ídolo de toda la población mejicana, pues entiende que «Méjico es para los mejicanos». Es el general [Bernardo] Reyes./ »Este espera su hora, y en él tendremos un defensor contra la codicia de nuestros poderosos vecinos del Norte»’./ Termina la interviú con estas palabras de Rubén Darío./ ‘Si escribí hace seis meses que deseaba ver a Mr. Roosevelt practicar las doctrinas que enseñaba, diciendo: ––Es el deber de todo hombre de Estado guiar a la nación de tal manera que no cause ningún daño a otra nación alguna, hoy no puedo sino repetir la expresión del mismo deseo’./ París Journal se limita a publicar estas palabras de Rubén Darío, sin añadir comentario alguno. Lo mismo hacemos nosotros, reiterando con este motivo nuestra admiración al poeta”.