• |
  • |
  • Edición Impresa

Los últimos roces entre estadounidenses y chinos en el mar de la China Meridional reafirman la rivalidad política y económica entre ambas potencias y dan la impresión de que Pekín ha arrebatado a Moscó el estatus de máximo villano para Washington.

En el frente económico, el gobierno de Donald Trump ha aplicado aranceles a productos chinos por venir de 260,000 millones, amenazando con sancionar prácticamente todas las exportaciones de China y Estados Unidos.

El mandatario estadounidense profirió acusaciones de intromisión política ante el Consejo de Seguridad de la ONU, al declarar que Pekín trata de “interferir en nuestras próximas elecciones de 2018” y ataca a su Ejecutivo siendo “el primer presidente” de Estados Unidos en “desafiar a China en el ámbito comercial”.

No obstante, el inquilino de la Casa Blanca no es el único miembro de su Administración que hace tales señalamientos a Pekín que, en el pasado, solo dedicaba a Moscú. Dan Coats, director de inteligencia de Estados Unidos, sostuvo que China “trata de aprovechar cualquier división entre los niveles políticos y local y usa inversiones y otros incentivos para expandir su influencia”.

La preocupación de Washington por Pekín se exacerbó, cuando el Pentágono reveló una nueva “estrategia de defensa nacional”, calificando a China y Rusia como las dos mayores amenazas para los intereses de Estados Unidos. Tal designación marcó un profundo cambio en la política de defensa estadounidense, centrada en combatir el terrorismo durante más de una década.

Ya en julio de 2017, Mike Pompeo, entonces director de la CIA, declaró que Pekín representa la mayor amenaza para su país y señaló que los chinos “se ven a sí mismos como una superpotencia rival” y estiman que su misión es “reducir el poder relativo de Estados Unidos respecto a su propio país”.

El activista Brian Becker, coordinador de la coalición pacifista Actúa Ahora para Detener la Guerra y Acabar con el Racismo (Answer), por sus siglas en inglés, afirmó que la reorientación del poder estadounidense para contener las ambiciones económicas chinas cuenta con amplio apoyo bipartidista y se origina en la política del “giro hacia Asia” establecido por el expresidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Tal idea suponía no estar tan estancado en Oriente Medio con guerras que, en efecto, no logran mucho” para centrarse en el “ascenso pacífico de China, que amenaza la hegemonía de Estados Unidos”. Se trata de “una postura de consenso” debido a que tanto la élite liberal como las facciones conservadoras “estiman que hay que detener” al gigante asiático declaró Becker.

Aunque los demócratas y republicanos de Estados Unidos comparten el mismo objetivo, sus tácticas son diferentes. Becker recordó que Obama quiso utilizar el Acuerdo Transpacífico (TPP) para impedir que China estableciera las reglas comerciales, mientras que Trump ha adoptado un enfoque más directo, y emplea los poderes militar, político y económico para imponer su voluntad a aquellos que desafíen los dictados de Washington.

Andrew Leung, comentarista político internacional que vive en Hong Kong (China), destacó que “China se ha convertido en la peor amenaza para la dominación de Estados Unidos” por “su poder integral”, cuyo respaldo es “ser la segunda economía más grande del mundo”.

Considerar a China como una amenaza política, económica y militar es “parte integrante” de una estrategia más amplia de Estados Unidos para mantener “cierto nivel de dominación mundial”, valoró Michael Maloof, antiguo integrante del Pentágono, quien subrayó que el “giro hacia Asia” sirve para satisfacer una necesidad interna inmediata: la creación de más empleo a través de “más producción y venta de armas”.

Las acusaciones sin pruebas de Donald Trump ante la ONU también parecen cumplir una necesaria función interna ya que gran parte de su electorado se ha visto gravemente afectado por los aranceles chinos de represalia a productos estadounidenses, la soja, en particular, con lo cual el mandatario desearía satisfacer a los agricultores del Medio Oeste que lo apoyan.

Ahora que Pekín ha adquirido el rol de “intervencionista malvado”, ¿Podría aliarse Washington con Moscú para sumar fuerzas? Leung estima que se trataría de “una ilusión”, ya que Rusia y China tienen “muchos más intereses comunes” y Estados Unidos “puede pasar de amigo a enemigo en un abrir y cerrar de ojos, especialmente con Trump”.
En el punto álgido de todas estas tensiones económicas, políticas y militares, surge la interrogante: ¿Es China el nuevo enemigo de Estados Unidos?

* Diplomático, jurista y politólogo.