Gustavo Hernández García
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Hay quienes afirman que ocurrirá el fin de la historia. Desde el siglo XIX Hegel y Marx abordaron ese final desde diferente perspectiva. Hegel lo planteó como la supremacía burguesa. Por el contrario, Marx promulgaba una sociedad sin clases, ninguno ha ocurrido.

Fukuyama (1992) actualizó esta tesis después de la caída del Muro de Berlín. Según él, las guerras mundiales y el desplome de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) darían paso al  triunfo de la democracia liberal, que se impondría sobre todas las demás ideologías. Sin embargo, la globalización y la interdependencia entre países  han generado  nuevos escenarios y retos a esa predicción.

Quienes vaticinan el fin de la historia  lo han hecho desde un enfoque universal, pero la tesis podría aplicarse también a países como Nicaragua, donde sus mandatarios de los últimos ochenta años asumieron que con ellos se había llegado al fin de la historia nicaragüense.

Por ejemplo, según los Somoza (1936-1979) estaban dadas las condiciones, para que en Nicaragua se viviera “for ever” (para siempre) el estadio último de su evolución política. Pero aquel modelo se desmoronó por la corrupción, la desmesurada represión,  el desapego de sus  países aliados y la insurrección popular interna. 

En 1979, después de una lucha armada contra los Somoza y su Guardia Nacional, triunfó la ideología de la revolución, el antimperialismo y el discurso del socialismo enarbolado por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) cuyos líderes aseguraron también que el pueblo había elegido esta nueva forma de gobierno, para siempre.

Pero esta idea se ubicó en el ojo de la guerra fría lo cual, sumado a políticas erráticas del FSLN, facilitó un conflicto armado entre nicaragüenses quienes finalmente, gracias a negociaciones internacionales, declaró fallida la revolución por medio del voto ciudadano.  

Como consecuencia, desde 1990 hasta el año 2006 tres gobiernos de corte neoliberal dirigieron el país electos de forma consecutiva, afirmando que la ideología de “izquierda” jamás retornaría. Pero La organización liberal fue débil, vulnerable y dispersa en el gobierno, y el FSLN retomó el poder por elecciones en el año 2007. 

El nuevo gobierno de Unidad y Reconciliación Nacional proclamó la continuidad de la revolución y entusiasmó a la población con atractivos proyectos, indicadores económicos e infraestructura, al tiempo que organizaba una estrategia de control social capaz de  garantizar el fin de la historia en Nicaragua.

Pero los procesos sociales e ideológicos son de ineludible evolución y la sociedad nicaragüense experimenta una nueva crisis ocasionada, entre otros, por la erosión del estado de derecho, la corrupción, la concentración del poder y nuevamente la represión.

En realidad la historia de Nicaragua es un proceso con momentos cumbres y grandes acontecimientos que han marcado su paso hacia nuevas  formas de gobierno y organización social incompatibles con las políticas predecesoras,  lo cual ha empantanado el desarrollo nacional y socavado la vida de los sectores sociales más vulnerables. 

Ojalá que de llegar el fin de la historia en el mundo y en nuestro país, este sea el fin de la violencia por el poder, independiente de las diferentes ideologías que deban convivir en una realidad concreta, por contradictorias que sean.   

*Sociólogo y exfuncionario civil de la Dirección de Convivencia y Seguridad Ciudadana de la Policía Nacional.