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La elección del ultraderechista Jair Bolsonaro, como presidente de Brasil, completó el giro a la derecha, recién iniciado en América Latina, región donde hace una década campeaba la hegemonía izquierdista y en la que Venezuela, Cuba, Bolivia y Nicaragua han quedado aisladas. 

En Latinoamérica, las últimas nueve elecciones presidenciales fueron conquistadas por candidatos liberales identificados con la derecha (Argentina, Colombia, Costa Rica, Chile, Ecuador, Honduras, Paraguay y Perú), con la única excepción de Andrés Manuel López Obrador, que en julio ganó en México.

En pleno auge de la izquierda en la región, en noviembre de 2007, la Cumbre Iberoamericana de Santiago, reunió a líderes emblemáticos como Luiz Inacio Lula Da Silva (Brasil), Hugo Chávez (Venezuela), Evo Morales (Bolivia),  Cristina Fernández (Argentina), Michelle Bachelet (Chile), Rafael Correa (Ecuador), Alán García (Perú), Tabaré Vásquez (Uruguay), José Manuel Zelaya (Honduras) y Daniel Ortega (Nicaragua). A la cita faltó Fidel Castro (Cuba). En medio de la élite izquierdista el único que contrastó fue el colombiano Álvaro Uribe. 

La victoria de Mauricio Macri, en noviembre de 2015, dio inicio al viraje de América Latina hacia la derecha. En febrero de 2017, los ecuatorianos eligieron a Lenin Moreno, quien distanciado de las políticas izquierdistas, se alió a la derecha, aproximándose a Estados Unidos. En noviembre de 2017, la victoria del conservador Sebastián Piñera en Chile, puso fin al liderazgo de Bachelet.

En febrero de 2018, Costa Rica optó por el oficialista Carlos Alvarado, y Honduras por el conservador Juan Orlando Hernández. Desde marzo, los peruanos son gobernados por Martín Vizcarra, político independiente de ideas conservadoras, escogido para concluir el mandato del empresario liberal, Pedro Pablo Kuczynsky, destituido por escándalos de corrupción. En abril, el conservador Mario Abdo Benítez, hijo del secretario personal del dictador Alfredo Stroessner, asumió la presidencia de Paraguay; y en agosto Iván Duque, apadrinado por el derechista Álvaro Uribe, asumió la jefatura colombiana.

Según analistas consultados por Efe, la ola conservadora llegó a América Latina, precedida por una grave crisis económica en varios países, provocada por la caída de precios de materias primas de exportación, y escándalos de corruptela protagonizados por varios gobernantes de izquierda; ello erosionó el apoyo recibido durante la bonanza económica. 

Comulgando con estos presidentes, Bolsonaro, se inclina por una política económica claramente liberal, su fuerte discurso contra la corrupción y el respaldo que recibió de los grupos evangélicos. Pero sus posiciones son más radicales: la defensa de la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985; y sus declaraciones machistas, racistas y homófobas.

En las elecciones de este año, Brasil, hasta hace poco ejemplo y envidia como país emergente, se convirtió en otra ficha más del tablero geopolítico mundial. Su llegada a la presidencia trae más confusión a los planes internacionales del país, deteniendo cualquier tipo de relación con el chavismo, y se alineará con otros gobiernos, como el de Colombia del conservador Iván Duque.

La retórica de Bolsonaro, evoca la de Trump; para ambos, los intereses de su país están por encima de todo, al costo que sea necesario. De hecho, Steve Bannon (ideólogo de la campaña del presidente estadounidense), declaró su simpatía por el político brasileño.

El brasileño tiene menos peso que su homólogo norteamericano, tratando de venderse como una suerte de Trump tropical e incluso ha amenazado con retirar a Brasil del Acuerdo del Cambio Climático de París y del Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Los analistas dan por sentado que Bolsonaro cambiará la Embajada de Tel Aviv a Jerusalén, alineándose con Trump, cumpliendo una promesa electoral, para congraciarse con un gran número de líderes evangélicos que le apoyan; y con la comunidad judía más ultraderechista, crucial en la campaña.

Ello marcaría un antes y un después en la historia de la diplomacia brasileña, que incluso durante la dictadura mantuvo los mismos parámetros, en señal de respeto a la gran comunidad árabe que tiene Brasil.

Hay que tener presente, que a partir de la dictadura del general Castelo Branco, en 1964, se inició la noche más oscura en la región. Se generalizaron los más atroces regímenes represivos: Onganía (Argentina), Hugo Banzer (Bolivia), Pinochet (Chile), Bordaberry (Uruguay); consolidándose la interminable opresión del general Stroessner en Paraguay. Henry Kissinger dijo, con o sin razón, “a dónde vaya Brasil irá América Latina”.

Su presidencia anuncia serios peligros para la democracia de Brasil y la estabilidad de América Latina. Este país es la octava potencia mundial, con posición geopolítica de primer orden en América del Sur.  

* Diplomático, jurista y politólogo.