Orlando López-Selva
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En el mundo de las relaciones internacionales y la diplomacia el silencio puede ser muy elocuente. Pero, contrariamente, también hay que conversar en cualquier lugar. Implica no solo saludar, decir algo; sino comunicar las ideas propias en otro u otros idiomas.

Los tres últimos presidentes del Gobierno español: desde, Aznar, Zapatero y Rajoy fueron palpables ejemplos de políticos, fuera de España, silentes y entumecidos. La razón: ¿No sabían comunicarse en otro idioma?

En este sentido, Pedro Sánchez está sentado un buen precedente para España.

Mi punto: Pedro Sánchez puede comunicarse en inglés y francés. Esas son grandes herramientas para las frecuentes, y a veces, inesperadas y sofocantes travesías diplomáticas. Esta aptitud mejorará, significativamente, la imagen de España. Que sus últimos tres predecesores no lo hicieren así, ponía en desventaja a los jefes de la Moncloa. El no poder comunicarse en, al menos, inglés con otros altos funcionarios, dice mucho de la preparación de los políticos de mayor peso.

Cuando Felipe González iba a un evento internacional europeo, perseguía a François Mitterrand o al Premier belga. Eran, prácticamente, sus únicos colegas con los que podía conversar, pues González hablaba francés. Pero al astuto y pragmático líder socialista español se le hacía muy difícil comunicarse con sus pares Reagan o Thatcher, sabiendo que se excluía de participar en tantas conversaciones, aunque fuere con, al menos, un par de frases.

José María Aznar, durante su presidencia al frente del Gobierno español, tomaba clases de inglés. Pero, se limitaba a decir oraciones muy básicas. A pesar de haber tenido bastante cercanía con Tony Blair, no hablaba inglés. El británico dijo en su libro: “A Journey: my political life” (pág. 177), que hubo un momento en que debió decirle algo importante. Y recurrió al francés. [Nunca supe si Aznar hablaba francés]. Pero, cuando dejó el cargo presidencial, aprendió inglés bien. Y se le vió en varias ocasiones dar conferencias en Universidades americanas y europeas, hablando esa lengua.

Cuando le llegó el turno a Zapatero, este político hacía gala de su soledad; y, tal vez, de profundos miedos. Se dijo que en las grandes cumbres europeas, se limitaba a sonreír, mientras alzaba su copa. ¿Cuántas cosas no pudo decir? ¿De cuánto se perdió?

Como era lógico, en varias ocasiones, el presidente Zapatero confesó a los periodistas que no se sentía bien cuando asistía a reuniones con sus homólogos europeos. No obstante, recuerdo haberlo visto en un video, leyendo un discurso en francés ante la Asamblea Nacional, en París. ¿Sabía hablarlo?

De repente, con los malos pasos del PSOE, Mariano Rajoy comenzó a perfilarse para asumir la dirección del Gobierno español. Y con cierta listeza, se aprestó a tomar clases privadas de inglés. ¡Los políticos no tienen tiempo para nada¡ Y cuando ganó su partido ―el PP― las elecciones, y fue electo presidente del Gobierno español, le acribillaron las consabidas y repetidas invitaciones para los mil asuntos de la diplomacia unionista europea. Pero nunca mascullaba más de unas pocas palabras. Entonces, alguien le sugirió llevar consigo a un intérprete, que por cierto hablaba varias lenguas, este le acompañaba y le resolvía sus problemas de limitada comunicación monolingüe.


De todo esto, los medios españoles le hacían burla cuando le miraban en escenarios internacionales. Se veía apocado; abandonado a su suerte. Después de regresar de las reuniones europeas, la repetida pregunta de los periodistas le torturaba: ¿Sabe usted hablar inglés?

A estos últimos presidentes españoles se les hacía difícil comunicarse. Iban a las grandes reuniones esperando encontrarse con algún portugués, que muy probablemente les podía escuchar y comprender mejor sus contenidas ideas (pues nuestra lengua es de vocales más abiertas y más variados sinónimos); o arrimarse a un italiano que les dijera algunas frases en sonoro español.

Sin dudas, las buenas habilidades comunicativas del nuevo presidente Pedro Sánchez le están dando una escalada de influencias y proyección a La Moncloa. España, con sus anteriores jefes de gobierno, había quedado desconectada. Ello le quitaba poder de influencia a cualquier acción diplomática repentina.

Hoy en el mundo moderno exige mucha comunicación y, sobre todo, más allá de una sola lengua.

En política internacional, diplomacia y comercio no se puede estar ausente de los pequeños o grandes eventos de los pasillos y corredores. Ahí se pueden presentar únicas oportunidades para amistarse, abordar o enfocar puntos y temas que siempre serán valiosos para la comprensión amplia de toda la política o los negocios internacionales.

Con la expansión asiática, hablar inglés o francés, posiblemente, será poco.