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El 2018 será recordado en Centroamérica como un año de convulsiones sociales, problemas económicos, altos grados de corrupción y graves crisis políticas, que han llevado a la erosión de la credibilidad de los partidos políticos y, por ende, de las gestiones gubernamentales de cada nación. 

El resultado de ese cóctel centroamericano no es nada halagador. La pobreza, hambre, desempleo, siguen creciendo, inequidad y desigualdades son cada vez mayores y la inseguridad —crimen organizado transnacional, maras, entre otros—, es un factor creciente que debilita aun más la débil forma de vida de los habitantes.

Todo ello, nos lleva a una breve idea del por qué de las masivas migraciones de centroamericanos hacia el “sueño estadounidense” u otros destinos como Costa Rica, Panamá y España,  dónde deben pasar todo tipo de vicisitudes y peligros, inclusive la propia muerte. Sin embargo, esos miles de personas, parece no importarles con tal de salir de sus hogares, de sus países, ya que no han encontrado esperanza de trabajo, educación, salud, hogar, seguridad, en fin, tener una vida decente y saludable.

Las migraciones han sido y seguirán siendo importantes para la humanidad y de las naciones receptoras como motores de crecimiento económico, de las naciones de origen que reciben remesas, de convergencia social y convivencia cultural, entre algunos de los muchos aportes que han generado los movimientos migratorios en el mundo entero.

Ese fenómeno se debe mantener de una manera justa, que sea beneficiosa para el receptor y para los migrantes, y sobre todo, respetando los derechos humanos de las personas, que no representan un peligro, como se desea hacer creer, pero que si tiene que ser un proceso ordenado y apegado a las leyes de cada nación receptora, lo cual coadyuva grandemente a una mejor inserción y a la obtención de ventajas en el campo laboral, social y educativo, sorteando de esa manera la complejidad del fenómeno y la sensibilidad que conlleva el movimiento masivo de seres humanos.

Es por ello que las políticas públicas, el aporte privado y la interrelación que debe existir en cada nación centroamericana, nos demuestran que no están en la dirección correcta. El hecho de que miles de personas hayan decidido emigrar en este 2018, debe ser un momento de inflexión, ir más allá de lo hecho hasta ahora y corregir la falta de condiciones que los gobiernos han sido incapaces de brindar a sus habitantes. Ya se conocen los principales motivos, no debería ser tan complicado.

Los gobiernos deben centrarse en buscar los apoyos necesarios y solucionar esos motivos que hacen a Centroamérica una región vulnerable política, económica y socialmente hablando. Ya existen planes, estrategias y demás sinónimos, que son necesarios implementar para pasar a estadios de crecimiento sostenible. Y eso no es solo responsabilidad de la cosa pública, la empresa privada, la sociedad en general, los organismos internacionales y regionales, y la cooperación internacional, deben entrelazar sus esfuerzos para ayudar a solventar los graves problemas que aquejan a nuestras sociedades.

La democracia, las libertades económicas, políticas y sociales y la legalidad deben de ser la vía por donde pasen todos los esfuerzos, ya que de lo contrario no se obtendrán cambios positivos. Y eso lo expreso por algo simple, ¿Qué naciones escogen los migrantes para salir de sus países de origen? La respuesta es sencilla: naciones con alto grado de democracia y libertades, que les han permitido desarrollarse y ofrecer a sus nacionales estabilidad y vidas prosperas. 

* Analista internacional