Orlando Barrios
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Un 51.3% de los bolivianos, en un referendo de 2016, expresó que no quiere que Evo Morales se reelija. 

Pero el presidente boliviano pretende seguir en el poder, aunque enfrente la voluntad popular. La mayoría de los funcionarios, nombrados por él, en la Corte Suprema y Tribunal Supremo Electoral, le hacen eco. 

Mi punto. Morales es vital para el Alba; pero dañino para Bolivia. En Latinoamérica, debería prohibirse la reelección presidencial para prevenir tiranías que causan demasiado sufrimiento humano. ¿Por qué Evo no respeta los resultados del referendo de 2016? Si su causa es buena, ¿por qué él quiere destruir la democracia y se alía con regímenes dictatoriales solamente? ¿Por qué no permite que haya otros líderes, dentro de su partido, postulándose en contiendas electorales amplias, plurales; que funcionarios probos cuenten los votos y no partidarios? 

Las respuestas son simples. 

Primero, Evo Morales no es demócrata. Se vistió con ese traje; pero ya se está poniendo el que escondía, el de dictador. Su intención verdadera es la de manipular la democracia, poniendo a sus seguidores detrás de cada institución gubernamental para que todos trabajen para él. Así, todo el régimen nunca será cuestionado, ni llevado a los tribunales. Y “todo se vea legal”. Falta la perpetuación en el poder (el dictum Castro), para alinearse al Kremlin.  

En el corazón de don Evo no hay amor a los campesinos e indígenas, hay cálculos; los quiere para uso y sumisión. Por ello los hizo alcaldes, concejales, diputados, les dio puestos públicos que les mejoren sus vidas, circunstancialmente. No los dignifica; los manipula.

Segundo, Evo Morales, aunque llegara al poder por los mecanismos democráticos, se está convirtiendo en un enemigo del sistema. Muerde la mano que le sacó de la oscuridad y el anonimato. Solo desea más poder para hacerse ver mesiánico e indispensable de todo lo que sus seguidores fanáticos carecen. 

El argumento de que Morales puede reelegirse, sino se violan sus derechos, es insustancial. ¿Se están violando los derechos de un privilegiado abusivo que ha estado 12 años en el poder? No. El asunto es otro. Estratégicamente, le es útil a La Habana y Moscú. Si él se cae, se derrumbaría otro pilar del plan regional del Alba.   

Tercero, el presidente Morales no representa a todo el pueblo boliviano. Es solo figura predominante de una facción de su partido que quiere seguir controlando las instituciones públicas. No permite que otros le cuestionen. Ha creado frenos para convertirse en insustituible. 

¿Eso es democracia o autocracia?

Peor aún, su argumento moral esgrime que representa, defiende y protege a los menos favorecidos: indígenas y excluidos. Mentira hiperbólica. ¿Todos los indígenas y excluidos bolivianos se sienten representados por Morales? 

Evidentemente, Morales no acata la voluntad popular. Y no lo hace solo por incapacidad para dedicarse a otras cosas. Quiere instaurar dictaduras tipo siglo-XXI. Estas han reprimido, sojuzgado. Hoy están revelando sus verdaderas intenciones: desmantelar la democracia, aduciendo que es un sistema burgués; asentar a castas políticas fanáticas e intolerantes y hacernos socios de las híperdictaduras moscovita y beijiniana. 

No debería haber reelección cuando los presidentes evidencien intolerancia, poca instrucción y abusos, sean de derecha o izquierda. Son más proclives a desmanes. 

¿Podría haber un híbrido entre el voto popular y el calificado?

Cuando las mayorías dicen lo que no conviene a los paleo-izquierdistas, se les tilda de “derechistas”, “proimperialistas”, “vendepatrias”, etc. ¿Cómo se les califica a ellos al postrarse ante sus zares? 

El poder es un atributo de la cosa pública. No es expropiable o privatizable. El que se queda más tiempo en el poder, le roba al pueblo su derecho a elegir su futuro.

¿Cuál es la lógica moral de los izquierdistas, si ofrendan su vida y sangre luchando contra regímenes militares, para luego emularlos? 

Si Morales logra salirse con las suyas es porque sus cómplices correligionarios del TSE le ayudaron. 

Un político sagaz es aquel que sabe negociar en desventaja; no el que ―teniendo todo bajo control―soborna, coopta, reprime o impone su voluntad a los demás. Eso es marrullería. 

La política es oficio público para servir bien, aunque haya diversidad de pareceres, sin infringir los derechos de las minorías. La condición para que haya juego político sano es que haya discrepancias, divergencia ideológica y disparidad. 

Bolivia debería tener gobernantes capaces, de credos variopintos. Si se reelige Morales, se instalará otra tiranía. Eso lo dicta el manual del Alba.  

Por la sanidad política de Bolivia, es mejor que Morales se vaya a su casa.