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Los Mandamientos de la Ley de Dios constituyen valores milenarios creados por la divinidad y ofrecidos a todos los seres humanos que en el presente, como tales, orientan la vida no solo de los cristianos, sino de quienes profesan otras religiones en virtud de su profundo e inagotable contenido especialmente ético, social, político, económico, etc. Comprenden del mismo modo en su más amplia y estrecha dimensión el sentido de los derechos humanos tal como hoy, con sus limitaciones, asumimos.

Derechos humanos y mandamientos se conjugan de tal manera que se conciben sin el menor resquicio de divorcio entre ellos. A mayor cristiandad corresponde mayor respeto por los derechos humanos, ya sean estos, juzgados o aplicados de manera individual o colectiva y viceversa.

No matarás. La vida es sagrada. Es inviolable. La muerte del otro es inadmisible así ocurra por mi medio directo, como hacedor o como su promotor. Hechor y consentidor pertenecen al mismo plano. Ambos como seres existentes son abominables y aquellas acciones ilícitas que cometieren o fomentaren constituyen severos delitos en contra de la humanidad.

No robarás. La propiedad ajena ya sea individual o colectiva  pertenece también al ámbito de lo sagrado. Lo ajeno no es mío y punto. Tampoco debo fomentar o permitir el fraude en forma alguna, bajo ningún pretexto.

No mentirás, jurarás en vano, ni levantarás falso testimonio. Acusaciones mentirosas en perjuicio de inocentes y peor aún la condena de los inocentes sobre la base de delaciones, ofenden a Dios y a la memoria de los fundadores del FSLN como al amigo Carlos Fonseca Amador para quien las delaciones eran inmorales. Aquí ojo con los orejas, los chivatos, los promotores de mentiras o falsarios y falsarias ya que los daños ocasionados perjudican a muchos y muchas con la severa y perversa afectación de la sana justicia sin contribuir en absoluto a la anhelada reconciliación.  

Todo aquel o aquella que no ame a Dios sobre todas las cosas y a su prójimo o prójima como a  él o ella  misma y falte a los Mandamientos señalados, violenta las sagradas Leyes de la Divinidad y los Derechos Humanos establecidos por las Leyes reconocidas  por los hombres.             

Todo lo anterior figura inevitablemente permeado por la educación en todos sus niveles, pero todo cuanto corresponde a la autoridad en cualquiera de sus atribuciones deviene en mayores responsabilidades, porque a estas se adjudican acciones nada complementarias como la formación en valores: su concepción, contenidos, metodología de su enseñanza, evaluación, supervisión, etc.

A la autoridad o autoridades corresponde una actuación ejemplarizante. Sus actuaciones como producto de seres humanos no serán perfectas, pero la ciudadanía las aspira y demanda justas, tolerantes, equitativas, educativas no represivas, comprensivas, afectivas, aleccionadoras, previsivas, aplicadas con los mejores métodos.

Desafortunadamente se observaron en los últimos días dos hechos que demandaron la atención ciudadana, independientemente de que otras personas pudieran pensar de manera muy diferente y yo las respeto, esta es mi posición y estos los hechos:

1. Una adolescente estudiante de un Instituto de Secundaria lanzó una piedra a un agente policial quien desenfundó su revólver, sin disparar.  Felizmente entiendo que no hubo mayores consecuencias físicas que lamentar para ninguno de ellos, pero se desconoce si la jovencita fue expulsada de la institución.

Opino que el agente se excedió y que debió guardar mayor prudencia y compostura debido a la situación nada fácil que hoy vivimos, comprender la actitud juvenil y actuar según lo expresado en líneas anteriores. Las autoridades educativas escolares desatendieron su deber de velar por sus alumnos y habría sido deseable un buen diálogo entre familiares de la joven, la joven misma, padres de familia, autoridades policiales y autoridades educativas.

Las condiciones en las cuales nos desenvolvemos nos invitan a actuar después de una seria y sensata reflexión, en beneficio de todos. Guardemos el carbón y pongámosle agua al que se encuentre encendido. El derecho a la educación fue violentado.

Dichosamente supimos, a través de medios sociales de comunicación, que un niño a quien por dificultades en su aprendizaje se le negaba el acceso a un centro educativo en el sector de Ciudad Sandino fue admitido en otro con gran regocijo de la comunidad y familiares principalmente. Muy bien hecho.

2. Un joven de la UNEN(Unión Nacional de Estudiantes de Nicaragua) solicitó públicamente que se retirara la porción del 6% constitucional que corresponde a la Universidad Centroamericana(UCA).

Los motivos, fueran estos de su propia iniciativa o aconsejados por alguien, son a todas luces una pésima iniciativa o mal consejo, porque violan la Constitución de la República de Nicaragua que tantos hemos defendido por muchos años y  se convierten en una burla para aquellos  universitarios que a través del tiempo, han muerto en defensa de la Autonomía ya vulnerada y que en este caso se pretende profanar más aún.

Ningún ser humano y mucho menos si ese ser representa autoridad de cualquier tipo puede convivir sana y justamente con otros en un ámbito social ajeno a una escala de valores así estos no se correspondan plenamente con  los sustentados por la mayoría de aquellos con quienes conviva. No obstante, lo deseable sería el mayor ajuste posible en materia de los valores sustentados por los miembros de ese sector social y sobre todo la fiel correspondencia entre lo dicho y lo hecho. Tales  coincidencias se convertirían en fuentes de solución de conflictos y se traducirían del mismo modo en una vida mejor  para sus habitantes.

Es la lucha por los valores de la autoridad, ya que en ellos se sostiene, pues en caso contrario no llega a ser denominada autoridad ni merece serlo.

Los valores como los derechos humanos constituyen una escala y sistema en la que todos se autoexplican, autoapoyan, emanan y generan por sí mismos su propia autoridad.