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La determinación de una mayoría significativa, pese a estar solo “armada” por el ideal de darle forma a una patria mejor, ha sido heróica a lo largo de ocho meses y no tiene final. El despertador hecho sonar ruidosamente por esa juventud beligerante, rompe cadenas. El pasado 18 de abril activó a una sociedad severamente golpeada en silencio, convirtiéndola en una fuerza irreductible, rechazando un sistema terriblemente dañino que parece dispuesto a exterminar millones de protestantes pacíficos, aún a sabiendas que esa resistencia que ha provocado asombro, seguirá en pie, con la energía del patriotismo que cobijó al general Sandino y también a Carlos Fonseca. 

Los recuerdos de ellos han cobijado todas las marchas azul y blanco sin importar la toma de riesgos cada vez mayor, como fue visto en los últimos días por el crecimiento de las brutales agresiones a medios de comunicación independientes que abren espacio a tantas opiniones, denuncias y muestras de abusos, sin que ninguno de ellos doble rodillas, lo cual estimula a permanecer en pie de lucha contra vientos y mareas. Eso es estar en primera fila sin disparar un tiro.

No se tiene miedo

Todos los que opinamos día a día, asumimos una responsabilidad crítica muy necesaria en momentos trascendentales como los que el pobre país está atravesando y no tenemos miedo como decía hace unos días la comandante guerrillera Mónica Baltodano, quien fue parte del Estado Mayor del Frente Interno en la insurrección de junio y julio de 1979 en Managua, dejando como ejemplo la resistencia en los barrios orientales, previa al repliegue táctico. La gran diferencia es que aquella resistencia estaba armada, pero la voluntad de hoy es la misma frente a un sistema opresor empeñado en no dejar títere con cabeza a cambio de no soltar las riendas del poder… Poco a poco, se han ido agotando todos los métodos de acoso y la tiranía imperante, fácilmente vista y dimensionada por las huellas que deja lo sanguinario, y que ha provocado escalofríos en los organismos internacionales de derechos humanos, no logra avanzar una pulgada mientras el país sufre un deterioro en todas sus estructuras. ¿Qué más daño se puede hacer para q
ue esa resistencia se agriete? La falta de respuesta a esa gigantesca intriga, desespera a los agresores.

Se multiplican víctimas

Esa indiferencia al dolor de los demás es una muestra de salvajismo puro. Se dice humanamente que cada muerte es el fin del mundo y que la barbarie no es un asunto de estadísticas.

He dicho reiteradamente después de tantos atropellos multiplicadores de víctimas, con los amargos recuerdos de lo ocurrido en la Upoli, UNAN, UCA, la iglesia Divina Misericordia, Monimbó, los tranques, contra la Iglesia y en tantos otros sitios, hasta desembocar siniestramente en la confiscación de nueve oenegés, que aquí todo el país; es decir casi seis millones, están bajo amenaza. Apunté el viernes que aún con tres millones de muertos producidos por parte de los únicos victimarios, esta resistencia no se debilitará, tal ha sido la consistencia conseguida. Vimos la agresión a Carlos Fernando y su familia. Él es un ejemplo de militancia sandinista como lo demuestra su vasto curriculum revolucionario con cero gramo de corrupción y esas imágenes de la indefensión de lo razonable frente al atropello antojadizo de lo arbitrario, confirman que los cálculos figurados y reales, tienen forma pero no fondo. En los primeros días de junio publiqué en El Nuevo Diario y en las redes, una columna titulada “Ni un muerto más”, iniciándola con las frases de Rubén: “Oh Señor Jesucristo ¿por qué tardas?” Pero lo inhumano sigue prevaleciendo haciéndole daño a la sociedad, aunque frustrado por esta resistencia heroica.