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La única forma de empujar a Carlos Fernando Chamorro contra la pared, es con un grupo de antimotines armados hasta los dientes, equipados como para ir a una guerra sin cuartel, destilando ese odio que tanto han popularizado desde las esferas de poder en busca de distorsionar lo más posible este pobre país. Pero Carlos —junto con su familia— solo armado con la razón que le asiste en medio de este desastre sin aparente fin,  y ese fundamento moral y patriótico heredado de sus padres, resistió las cobardes embestidas por parte de uniformados que en lugar de defender al pueblo, como es su obligación, lo golpea siguiendo orientaciones que les permiten aplicar tantas arbitrariedades. Víctima de un atropello sin explicación y sin medida, Carlos, quien con su actitud coherente y sostenida frente a todo tipo de amenazas, ha demostrado ser un hijo de tigre, fue directo a denunciar el hecho como “un delito del crimen organizado”. Su firmeza como un combatiente de tiempo completo contra este régimen opresor, lo ha convertido en un ejemplo a seguir desde la pista del civismo, como lo fue su padre, el doctor Pedro Joaquín Chamorro, en todo instante de su vida.

Observado por su padre

Es llamativo como Carlos Fernando se mueve hacia delante en esta lucha heroica, como si cada uno de sus pasos estuviera siendo observado por su padre, seguramente hinchándolo de orgullo en el más allá, pendiente siempre del presente borroso de esta nicaraguita tan brutalmente agredida, por el sistema político más dañino de nuestra historia. Golpeado muy joven por el asesinato del doctor Chamorro, Carlos, a quien conozco desde sus tiempos de estudiante de bachillerato, antes que yo ingresara al diario La Prensa en 1970, se convirtió en un sandinista de verdad, de esos que todavía lo son y que ustedes no encuentran en el sector gubernamental, que olvidó por completo el ejemplo y las enseñanzas del general, hasta perder el atrevimiento de gritar ¡Sandino vive!...Perteneciente a la tendencia proletaria, Carlos fue de los más jóvenes funcionarios de aquella revolución que hicieron desaparecer los que la traicionaron con una desfachatez que parece ser producto de la ficción… Entre varias responsabilidades, fue vice
ministro de Cultura a la orilla del poeta Ernesto Cardenal, el autor de “La revolución perdida” y después, director de Barricada, órgano oficial del Frente Sandinista, logrando reunir un grupo de periodistas que además de eficientes, eran lo necesariamente beligerantes para cuestionar.

Sin duda, un ejemplo

Un militante ejemplar fue Carlos. Usaba el carro propio que tenía desde antes del triunfo, comía con nosotros en el periódico, era el último en salir, y siempre respondió a las expectativas sobre su rendimiento. Cuando se perdieron las elecciones en 1990, con su madre doña Violeta al frente del nuevo gobierno, Carlos siguió siendo fiel sin limitaciones al movimiento sandinista en una etapa que se considerada apropiada para una restauración de valores, compromisos y procedimientos. En lugar de eso, se decidió transformar el periódico en un órgano partidario-fanático; es decir, envuelto en esa ceguera que identifica a los actuales medios al servicio del régimen, y como era de esperarse, en un momento así, +Carlos Fernando fue calificado un estorbo siendo retirado de la dirección.

Me llamaron para que le informara del cambio, colocando en su butaca a Lumberto Campbell, aunque quién ordenaba era Tomás Borge…Convencido que aquel Frente ya no existía y que de la revolución no quedaban huellas, Carlos le dio forma al proyecto “Esta Semana y Esta Noche”, continuando con la responsabilidad de batallar por la democracia, y es lo que está haciendo, mereciendo el reconocimiento del sector ampliamente mayoritario de un pueblo que terminó de despertar en abril, y que no parará de andar en busca de su libertad.