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Fin de un año histórico y agobiante, oscilando entre lo tenebroso y lo esperanzador, zigzagueando entre la barbarie impuesta mientras pensamos en darle forma a otro país, en el cual todos podamos coexistir respirando libertad, no volviendo a estar debajo de las botas de los opresores, disponiendo de igualdad de oportunidades, incursionando realmente en el territorio de la democracia que no es perfecto, pero nos permite disentir y equivocarnos sin perder la dignidad, sin ser atropellados, confiando en la justicia, viviendo en paz.

Después de más de ocho meses atravesando por todo tipo de sufrimientos entre mentiras, amenazas y actitudes cargadas de odio, estamos vivos, y en pie de lucha.

Quisiera ser Sófocles para describir apropiadamente esta tragedia que la inmensa mayoría desea desemboque en una transformación que se inicie con la restauración de los valores morales, y la sanación de heridas provocadas por tantos atropellos, que han afectado demoledoramente a esta sociedad. Frente a ese terrible daño multiplicado por las distorsiones, se trata de realizar una tarea titánica, como cortar las cabezas de la Hidra de Lerna por parte de Hércules. Pero podemos hacerlo.

Los recuerdos patrióticos

¿Estamos soñando? Parafraseando a Rubén, cuando la lucha es tan intensa y decidida, sin importar caminar descalzos entre las brasas, se sueña con un gran resultado. Aún desarmados, presentando una resistencia pacífica admirable, no estamos como Leónidas en las Termópilas, porque se ha logrado ejercer fuerte presión moviendo todos los resortes de los organismos internacionales, desesperando a los abusadores del poder, golpeados por su incapacidad para gobernar el caos por ellos fabricado.

Termina un año de recuerdos patrióticos: el reclamo de Lesther Alemán quitándonos el miedo; la ruidosa demostración de una juventud pujante, atrevida, consciente, asumiendo responsabilidades que los adultos les quedamos debiendo; las actitudes de los hombres de sotana, colocándose sin titubeos del lado mayoritario del pueblo sin importarles los riesgos; la escalofriante cantidad de víctimas que han permanecido con vida a la orilla de la multitud de combatientes cívicos, junto con el aliento de los injustamente presos, fortale
ciendo las pretensiones; la incorporación de los empresarios después de quebrar una relación que los había mantenido bajo cuestionamientos largo rato; y por supuesto el desborde de la gente con esa presencia multitudinaria en las marchas mostrando su rechazo a un sistema que se sentía invulnerable a través del sometimiento.

Un renacer político

Recuerdo haber leído que la libertad debe crecer entre gritos y lágrimas para madurarla, pero que basta un deseo de libertad para disfrutarla. Es por lo que está peleando bravamente, por confeccionar un país para todos, sin exclusiones, con un fondo verdaderamente reconciliatorio, es decir, nada de ojo por ojo, pero cuidando de no empujar la aplicación de la justicia a un rincón.

Un país en que el estado no sea un botín para quienes lo gobiernen, estimulado por la persecución de un renacer político, colocando a un lado a todos los viciados de sobra conocidos, algo que es esencial para evitar la contaminación y el retorno de “la maldición” que tan severamente ha golpeado a esta Nicaragüita. Como diría cualquiera de nuestros admirables sacerdotes, a la orilla de esa esperanza, está la presencia de Dios que fortalece la pretensión…

La ruta hacia la construcción de otro país, está trazada y cuenta con el soporte de una impresionante firmeza. Como decía Ghandi: “Cuando desespero, recuerdo que a lo largo de la historia, siempre han triunfado la verdad y el amor.

Han existido tiranos que por un momento parecen ser invencibles, pero al final siempre caen. Tenedlo eso presente siempre”. Hay una luz al entrar esta lucha al año 2019. Miren a su alrededor donde se encuentren, y la verán. Es una luz capaz de iluminarnos a todos, como debe ser, y devolvernos el poder sonreír.