•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

El emperador de la nueva dinastía ideológica Xi Jing-Ping sentenció claramente:1) no habrá dos caminos para Taiwán, sino uno, integrarse a Beijing; 2) en las elecciones municipales que el DPP, en Taiwán, recién perdió, hubo influencia (¿hackeo?) de China Continental. 

Mi punto. Beijing pretende debilitar al DPP taiwanés (partido en el poder) para que su interlocutor sea el partido Kuo-mintang (opositor) y forzarle a la reunificación. Obviamente, se está copiando la política hitleriana de los años 1930 con el Sudetenland. Beijing piensa igual al ver la diáspora china. Putin hace lo mismo en Crimea. ¡Se parecen tanto! Xi solo lograría el agigantamiento chino superando a sus predecesores: Mao y Deng. El “Gran salto hacia adelante” debe ser transfronterizo. No hay tal cosa como humildad china en política exterior. Hoy Taiwán es la presa. El ojo de Xi está tras la mira; su índice en el gatillo.

Pero a la propuesta de guante de seda y puño de hierro del camarada Xi, hubo una respuesta contundente. La presidente Tsai Ing-Wen contestó con mucha dignidad y patriotismo. 

1) China debe reconocer la existencia de la República de China [Taiwán]. 2) China debe respetar la persistencia de los 23 millones de taiwaneses en valores como libertad y democracia. 3) China debe tratar de manera pacífica y equitativa las diferencias que existen entre los dos lados. 4) China debe sentarse a negociar con el Gobierno de Taiwán o entidad autorizada por [este último].

Obvio. Ella tiene valores. La señora Tsai no pretende adueñarse del poder; no cree poseer la verdad absoluta o tener un proyecto para someter a su pueblo. Esas fantasías son propias de dictadores palurdos que ambicionan controlarlo todo, poseerlo todo, someter a los ciudadanos a un solo partido. 

Y parte de esas fantasías son los proyectos infames: muros, campos de concentración, sociedades uniformes y controladas para seguir consignas sin poder pensar, disentir o criticar. 

En la Edad Media los ignorantes y los pobres eran sometidos. Hoy los nuevos sumisos conforman el clientelismo fanático. 

Ahora no se imita el bien. Se perpetúa el mal para saciar los deseos reprimidos de los malandros.

Obviamente, Xi está urgido, aunque luzca impasible. Beijing ya es alpinista de cúspides. Pero la multipolaridad internacional le incomoda. ¿Cree que es mejor llegar fuerte a la cima para mantenerse imperturbable ahí, que verse trastabillando al escalar enfrentando osos, águilas o pequeños dragones a su alrededor?

Los taiwaneses han sabido vivir bien. Se han desarrollado solos, casi aislados, con pocos amigos. Han sobrevivido y prosperado orgullosamente, a pesar de dentelladas dragonescas mayores.

No solo eso. Taiwán es ejemplar porque, a pesar de su laboriosidad, no ha perdido la lumbre libertaria. Mientras que en la RPC solo hay libertad a medias: para hacer negocios. No hay para pensar distinto, disentir, protestar. Los monopolistas del Partido Comunista chino escogieron el camino oscuro del feudalismo socialista. Ellos no abrigaron el ideal libertario de las revoluciones francesa y norteamericana: la República de libres ciudadanos con derechos inajenables. A Xi le importa poco eso. Solo le interesa que le apoyen para consolidar su feudo-dictadura “revolucionaria” (léase, falso cuento justiciero para instaurar deslustradas tiranías cavernarias) y que una casta roja se perpetúe en el poder, imponiendo su voluntad mediante el sistema maniqueo de ascensos o castigos.

Taiwán es, geográficamente pequeño. Pero es inmensamente superior a la otra China en cuanto a dignidad, valores y decencia. 

El récord de China, en cuanto a derechos humanos, es deplorable. Basta ver sus atrocidades cometidas en el Tíbet. Son una vergüenza pública, al igual que lo han sido el esclavismo o el apartheid.  

¿Por qué los autócratas no aceptan que los pueblos aman la libertad como valor supremo de la vida y la conciencia colectiva? 

Para los demócratas, la política es un método cívico de administración pública. No es un púlpito expropiable. No es un látigo-botín para el vivián o el tramposo.

No dudo que, a pesar del inmenso poderío beijinesco, Taiwán seguirá mostrando coraje y dignidad. Podrá perder amigos; podrá perder terreno frente a los zarpazos de la diplomacia Xi. Taipéi siempre recurrirá a los mecanismos de los políticos decentes: el diálogo, la negociación, las elecciones, el respeto, el civismo, la tolerancia. 

La propuesta de la presidente Tsai es sensata. Debe prevalecer la diplomacia. 

Es poco probable que en Taiwán purguen a la presidenta Tsai. Ella se irá tranquila a su casa al terminar su mandato. Mientras, en Beijing seguirán las tramas, las conspiraciones, el atropello, sin miramientos ni escrúpulos.