Sebastián Gallegos*
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Mario llega a casa cansado del trabajo, ha tenido un día duro. Deja su abrigo, se sienta en su sillón preferido y se dispone a ver televisión. De repente, ¡ding! Recibe un mensaje de texto. Entonces recuerda; “es verdad, iba a leerle a mi hijo de 3 años un cuento antes de dormir”. Se levanta del sillón y va en busca de su hijo para leer con él durante 20 minutos, el tiempo mínimo que ha designado para la lectura diaria.

Como Mario, los padres deseamos compartir más tiempo con nuestros hijos, pero a veces estamos cansados y nos sentimos tentados a posponer compromisos previos por la gratificación inmediata, como ver la televisión.

Son las ciencias del comportamiento

Estos comportamientos y actitudes se dan en múltiples ámbitos, como:

-Ahorrar para la vejez (para qué ahorrar hoy, si falta tanto tiempo para la vejez).

-Hacer dieta (el lunes comienzo la dieta, hoy quiero comerme este pastel).

-Ir al gimnasio (pago una membresía que rara vez uso, mientras sigo esperando al próximo mes para ser más activo).

Las ciencias del comportamiento emplean herramientas como recordatorios, metas y señales que se convierten en “empujoncitos” para ayudarnos a hacer lo que queremos, pero no logramos solos.

Dedicar más tiempo a los hijos

Con el laboratorio de ciencias de comportamiento de la Universidad de Chicago nos preguntamos: ¿será posible usar estos empujoncitos para que los padres puedan compartir más tiempo con sus hijos pequeños?

Visitamos escuelas para preescolares en Chicago y les entregamos a cada papá o mamá un iPad con una sola aplicación: una biblioteca digital de 500 libros de cuentos en español e inglés para niños. A todos los padres les enseñamos cómo usar la aplicación y cómo elegir cuentos para compartir con sus hijos.

Dividimos a los papás en dos grupos: uno de control y otro de tratamiento. A los padres de este último grupo les dimos una serie de “empujoncitos” para ayudarles a que leyeran más cuentos a sus hijos.

Les enviamos recordatorios de lo bueno que es leerles cuentos a sus hijos; les ayudamos a fijar metas de tiempo de lectura deseable y les hicimos partícipes de su progreso. Cuando alcanzaban sus propias metas, les enviábamos un osito bailarín para felicitarles, que resultó muy exitoso ¡todos querían recibirlo!

Al cabo de seis semanas, evaluamos el tiempo de lectura registrado en la tableta para ambos grupos. Los papás que recibieron nuestros “empujoncitos” leyeron el doble del tiempo a sus hijos.

Extender la práctica a otros ámbitos de la crianza

¿Qué tal si usáramos empujoncitos para aumentar la asistencia al preescolar? Los datos muestran que como padres tendemos a subestimar las ausencias de nuestros hijos, que nos cuesta formar hábitos (sobre todo al comienzo) y que muchas veces no le damos la importancia que se merece a la educación preescolar.

Igual que en el caso anterior, recordatorios, metas e información pueden ser útiles para lograr el objetivo. En esta ocasión diseñamos un plan para motivar a los padres a comprometerse con metas de asistencia de sus hijos al preescolar, informarles sobre las ausencias por mes y contarles cómo el desarrollo temprano de habilidades sirve para el futuro de sus niños.

Tras 18 semanas, encontramos que los niños de padres en el grupo de tratamiento asistieron casi 3 días más en promedio que los del grupo de control. Y, quizás más importante aún, las ausencias crónicas bajaron en 9 puntos porcentuales gracias al programa.

Un camino promisorio

Nuestras intervenciones utilizando las ciencias del comportamiento en la crianza sugieren que existe un espacio para mejorar la vida de los niños mediante empujoncitos dirigidos a los padres.

Sin embargo, queda mucho por aprender. ¿Sabemos, por ejemplo, si los resultados de estas intervenciones se replican en otros contextos? ¿Sabemos cuándo los padres ya no necesitan más de estos empujoncitos, porque han logrado formar un hábito sostenible? ¿O cuándo estas intervenciones resultan aburridas o ineficientes? Todas estas son preguntas de gran importancia.

Las experiencias adquiridas hasta ahora indican que el estudio de programas de cambio de comportamiento para padres debería ser una prioridad para las políticas públicas de desarrollo infantil temprano. Han demostrado que sí se puede lograr grandes cambios con modestos esfuerzos a favor de la primera infancia.

* Doctor en Políticas Públicas por la Universidad de Chicago y actualmente se desempeña como Economista en el BID.

Este artículo fue publicado en el blog Primeros Pasos del BID.