Eddy Zepeda Cruz
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No es lo mismo verla venir que platicar con ella.

Sabiduría popular.

Recientemente apareció un artículo en este medio sobre la necesidad de garantizar en materia sanitaria calidad por encima de cobertura. Podría aplicar en educación, nutrición, trabajo, cultura, etc. En cualquier ámbito del desarrollo humano sostenible. Validez inobjetable. Escrito por un gurú del conocimiento, perteneciente a una institución multilateral que disemina conceptos, teorías, reglas y normas basadas sobre una premisa básica: multiplicar capitales financieros sin menoscabo de las consecuencias negativas (daño colateral) que puedan causarse a millones de ciudadanos. Filosofía Maquiavélica de avanzar sin importar cómo.

Menciona quien escribió dicho artículo la reunión en Alma Ata en 1978, ex- Unión Soviética, donde se propuso Salud para todos en el año 2000. Eufemismo y demagogia, sabiendo de la división mundial del orden establecido por los sistemas sociales definidos entonces. Primer, segundo y tercer mundo, vigentes casi igual hasta hoy. Similar a las reuniones COP o del cambio climático en esta época. Moda pura. Ausentes de conciencia social de quienes tienen responsabilidad y capacidad de cambiar las cosas en el mundo.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos menciona que todos los individuos tenemos derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad, algo que no es cierto ni relativamente. Eso incluye acceso a salud, educación, trabajo, cultura, idioma, identidad, etc. Nada más lejano a la vida real del presente siglo XXI, de ciencia, tecnología e innovación. 1,300 millones que sufren hambre, millones que migran de sus países por muchas causas y son despreciados, guerras que limitan libertades, hurtos y saqueos a riquezas naturales de parte de países poderosos sobre los pobres (Europa y EE. UU.) distribuyéndose al continente africano y americano), etc.

Haciendo referencia a la cursiva del encabezado, definir teorías vacuas desde un escritorio, definiendo lo que es o debe ser en nuestros países no se sustenta en lo objetivo. Nuestras economías de sobrevivencia no permiten darse el lujo de querer garantizar calidad a un segmento privilegiado o élite y dejar de llevar derechos a la gran mayoría que lo necesita. Es justo que se amplíe la cobertura para llevar los beneficios al ciudadano de la comarca más alejada de los centros urbanos, con la mayor y más viable de las calidades y no limitarla a segmentos que siempre han gozado de dichos privilegios. Inmunizaciones, atención médica primaria, secundaria y hasta terciaria, nutrición, educación, etc. La expectativa de vida al nacer no debe ser un porcentaje o promedio, sino un número real. Eso debe garantizarlo la cobertura.

Garantizar ambos indicadores es posible si la administración de la cosa pública, es decir, los recursos producidos por los bienes y servicios que pertenecen a la población son manejados transparentemente y se vincula en su control a los beneficiarios, responsabilizándolos del racionamiento y distribución más justa, socialmente hablando, sin sesgos de ningún tipo: políticos, religiosos, étnicos, de género, etc. Definir eso como una política pública sistemática, con independencia de períodos de gobiernos transitorios y sobre la base del respeto a los Derechos Humanos. La violencia y la intolerancia no son una cuestión genética. Son males creados por intereses mezquinos de unos pocos que siempre quieren ostentar poder.

Quizás podamos sobrevivir de manera digna, como ciudadanos a quienes nos correspondió nacer en esta parte del llamado tercer mundo. Paz, tolerancia, coexistencia y justicia social para lograr cobertura y calidad en todo. Para no ser ciudadanos de segunda o tercera clase.

* Médico.