•   Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Canadá detuvo en Columbia Británica a la CFO de Huawei, Meng Wanzhou. Se dice que el gobierno de Ottawa lo hizo para complacer a Washington —que tiene una guerra comercial con China—; y por haber infringido la resolución ONU— 2231, sobre sanciones a Irán, a quien, la empresa china vendió tecnología. 

En consecuencia, el gobierno de Beijing ha detenido a 13 ciudadanos canadienses (empresarios y diplomáticos, bajo cargos de amenazas a la seguridad china). ¿Represalia o reciprocidad? 

Mi punto. China sabe que solo puede enfrentarse y derrotar a Estados Unidos, donde le vea débil. Estados Unidos no puede cambiar las reglas comerciales. Pero, sí puede influir para que sus contrapartes sean más confiables. Beijing ha optado por  estrategias tecnológicas y comerciales. Ahora Canadá está en medio; y puede pasar, inadvertidamente, de ser actor pasivo, a un contendiente fuerte tratando de frenar el avance planetario chino. China no quiere revivir su “siglo de humillaciones”, sufrido otrora frente a varias potencias. Ahora se enfrenta a cualquiera. ¿Y si se democratiza, tendría esa misma actitud? 

Indudable, hay una guerra comercial entre Washington y Beijing. Los adversarios entre más grandes sean más posibilidades tienen de enfrentarse, pues ocupan mayores espacios.

Con la globalización casi todo está permitido allende las fronteras. Los Estados más fuertes, desarrollados y populosos son los que más ventajas y provecho pueden sacarle al momento: China, India, Estados Unidos, Indonesia, Brasil.  

Todo nicho de mercado para que tenga éxito, sustancialmente depende de cuánto venda. Y esos Estados-gigantes son, en sí, mercados naturales. Pero necesitan trascender. Siendo China la que menos necesita verle la cara a nadie. Es un país de 1.6 millones de consumidores; la segunda economía más grande; el mayor exportador global; tiene fronteras con 15 países.

Veamos los argumentos de los contendientes:

Estados Unidos dice que su balanza comercial con China es deficitaria. En 2017 fue de $376 USD billones; China vendió $506 billones; EU, solo $130 billones. Consecuentemente, el  presidente Trump sugirió medidas proteccionistas: “Ponerle altos aranceles a todo producto chino. Forzarlos a comprar más productos estadounidenses”.

Roger L. Martin, profesor de la universidad de Toronto, sostiene que el déficit comercial estadounidense se debe a dos factores: 1) la disponibilidad de mano de obra más barata fuera de EU; 2) y, los irrefrenables hábitos de los norteamericanos”.

¿Entonces?

China dice que ellos venden a todo aquel que les quiera comprar; y que no pueden obligar a las empresas privadas chinas a decirles a quién comprarles o venderles.

Hay algo más en cuanto al caso de Huáwei. Esta empresa ha desarrollado una tecnología G5; es lo más avanzado en ingeniería digital. Justificado, la empresa china emprendió el mercadeo y venta global de sus productos. 

Gran Bretaña se dio cuenta que adoptar la tecnología de Huáwei para sus macro-sistemas de comunicación implicaba que los chinos tendrían acceso a todo lo que los británicos dijeren o escribieren. Así, Londres alertó a otras naciones: EU, Australia, Canadá, Nueva Zelanda, para abstenerse de comprarle a Huáwei.

Inobjetable; la tecnología es una arma moderna de las potencias. Los hackeos son ataques en guerras intangibles.

Además, Huáwei hizo algo contrario a la resolución de la ONU que imponía sanciones a Irán. Ello urgió a Estados Unidos a pedirle a Canadá la extradición de la Señora Meng. Los chinos reaccionaron comenzando por detener a cualquier canadiense importante y medio desubicado, en territorio chino.

La diplomacia canadiense ha debido mover sus fichas. Y a partir de este incidente ­—que tendrá ulteriores consecuencias— Ottawa está entrando a la guerra comercial con las mayores potencias globales.

El gobierno de Justin Trudeau se ve incómodo lidiando en conflictos cercanos, pero ajenos. Canadá es pro-diplomacia, cooperación y ayuda humanitaria. No es de este tipo de lides. Pero ante estas circunstancias, Ottawa deberá revisar su política exterior. 

¿Escalará este episodio de Huáwei? China ha demostrado, últimamente, que está dispuesta a arremeter con todo. Ya no actuar pasivamente. Está en una etapa de su política exterior, de híper-potencia, en la que apuesta por imponerse, alzar la voz, y usar la fuerza, si es necesario. 

¿Hay opciones políticas?

Las opciones estrictamente no-económicas son: distensión, negociación, enfrentamiento. O propiciar que China tenga otros interlocutores con actitudes democráticas, menos anti-occidentales. Tarea difícil, pero no imposible. 

Esto último retomaría lo que el politólogo norteamericano, Aaron Friedberg ha sostenido: “una China liberal y democrática tendría pocas razones para temerle a sus contrapartes democráticas, menos aún usar la fuerza contra ellas”.  

China es inmensa, impenetrable, insondable. Está ansiosa. Tiene rencores, poder y paciencia.