Jorge Eduardo Arellano
  •  |
  •  |
  • END

Según los datos oficiales, en 2007 se dieron un millón setecientos cincuenta y dos mil consultas médicas más que el año anterior; treinta y tres mil seiscientas cirugías más en los hospitales que las que hubo en 2006; se despacharon tres millones seiscientos setenta y seis mil recetas médicas más; ciento setenta y un mil cuatrocientos setenta y siete jóvenes más se matricularon en el sistema de educación. Ciento noventa y siete mil seiscientos cincuenta y un niños más que el año anterior recibieron alimentación en la escuela, aunque la retención escolar se desmejoró, así como el porcentaje de aprobados se deterioró. También estos datos muestran que el bono productivo sólo cubrió a 5,481 beneficiados, y sólo 500 recibieron financiamiento con el programa Usura Cero, dos programas emblemáticos del nuevo gobierno.

Cuánto más hubiéramos podido hacer de todo esto en 2007, tan necesario para cambiarle el rostro al país, si sólo se hubiera entendido que la institucionalidad significa que las instituciones funcionen de acuerdo a su naturaleza, sin interferencias políticas, y si sólo hubiera existido apertura al diálogo, respeto absoluto a la legalidad, y que nos hubiéramos convencidos de que los consensos son primordiales para construir el futuro, entonces otra historia estaríamos escribiendo. Sin embargo, quedarnos en eso sería como añorar el pasado y correr tras el viento, lo importante a estas alturas es ver hacia el futuro.

En 2008 necesitamos comprensión de parte de todos los actores políticos, particularmente de parte del Ejecutivo y sus adversarios, pues nadie gana si continuamos la tónica de confrontación y deslegitimación en que el país ha caído desde mediados del año que concluye.

Nicaragua quiere paz y no debe renunciar a ser parte de los países que quieren un cambio en sus relaciones internacionales con nuestra región, pero sin confrontamientos, sin descalificaciones ni con copias de comportamientos y esquemas extraños a nuestra realidad, que no son necesarios para alcanzar nuestros objetivos estratégicos. Debemos convencernos de la necesidad de construir el clima de certidumbre y tranquilidad interna, y hay que comprometer nuestras acciones y visiones, así como nuestras palabras y discursos, para que prive esa tranquilidad y sosiego en todos los hogares nicaragüenses.

Si sólo proyectáramos el año 2008 como el año de la construcción de consenso. El año del absoluto respeto a los derechos de los ciudadanos. El año donde nos comprometamos más con la democracia, la institucionalidad y el respeto a la ley, estoy seguro que la economía logrará desatarse y habrá un mejor clima no sólo para la inversión productiva, sino también para la tranquilidad, y más niños podrán ir a la escuela, más ciudadanos podrán acceder a consultas médicas y a más cirugías, y habrá menos desempleo de lo que hubo ya en 2007. Necesitamos la tranquilidad que reviva la esperanza para la mayoría de los ciudadanos.

El Ejecutivo ha querido llamarle a 2008 el año del Poder Ciudadano. ¿Por qué mejor no declaramos este año como el año de compromiso con la paz y del respeto a los derechos ciudadanos? Ese es nuestro deseo de inicios de año que queremos compartir con nuestros lectores a finales de 2007.


* Ph.D