Jorge Eduardo Arellano
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En 2007 vimos la velocidad que trae Ortega-Murillo de perpetuarse en el poder y el desconcierto y lentitud de la oposición de contenerlo. Ortega-Murillo juega ajedrez de alto nivel mientras la oposición parece jugar a la ruleta rusa. Ortega-Murillo planifica y reajusta dentro de lo planificado, organiza y no admite la anarquía, dirige y no permite desviaciones, controla y no deja nada al azar. La oposición está perdiendo el partido por forfeit. Tanto en el Parlamento como en las cortes, la oposición ha perdido terreno y ya no hay vuelta atrás. Ahora sólo hay camino para adelante, y lo que está de frente representa más enredo, más arbitrariedades y más imposiciones.

Todo lo que Ortega-Murillo pidió fue concedido por la oposición. La prórroga de la Ley Marco, el apoyo a la reforma de la Ley de Organización, Competencia y Procedimientos del Poder Ejecutivo (Ley 290), que le faculta para crear los CPC, tres reformas de urgencia al Presupuesto de 2007 solicitadas por el Presidente, la destitución inconstitucional de este diputado con la ayuda o la indiferencia de las mismas bancadas de oposición, y otros hechos más que nos hacen pensar que la oposición está “lista, servida y peinada de moña”. La agenda del Poder Ejecutivo dominó el trabajo del Parlamento, y ahora la oposición reclama la institucionalidad perdida del Parlamento ante el Ejecutivo, en complicidad con la corte del pacto.

La oposición sucumbe a las provocaciones de Ortega-Murillo, reaccionando como ya aquel lo había previsto con premeditación, alevosía y ventaja, dándole armas para las contramedidas que también ya tenía preparadas. Ortega-Murillo distrae a la oposición con recursos insulsos y ésta vuelve a ver como zonza hacia el icaco, mientras le mete todos los goles que quiere, y hasta la conduce a infringirse auto-goles de la manera más infantil. Ortega-Murillo se informa exhaustiva y oportunamente, desinforma a la oposición en forma astuta, experimentada y despreciable, y ésta se alimenta de chismes de baja calidad y cree poder engañar a los chamucos con muecas, tretas y aleteos inocuos.

A nuestro político-criollo se le conoce como aprovechado, charlatán, traicionero, deshonesto, pícaro, mezquino, puñalero, sólo por mencionar una pequeña muestra de los adjetivos que típicamente lo caracterizan. Es un secreto a gritos que el típico político-nica tiene cola y más de un cadáver en su ropero. Es de lo más esperado que haya realizado acciones al margen de la ley, a lo que hay que agregar sus faltas morales documentadas por la Gestapo-criolla al servicio de Ortega-Murillo, que muy bien sabe utilizar para chantajear y amenazar con sacar los trapos sucios al sol y forzar al adversario político a que haga algo contra sus supuestos principios, ideología e intereses.

Usando las medidas y tácticas anteriores, Ortega-Murillo se consolidó rápidamente en el poder. Los factores de poder de nuestro paisito ya se sometieron y/o se arreglaron, se repartieron el pastel, y se comprometieron con Ortega-Murillo a respetar sus respectivos feudos. Cabecillas políticos, poderes, embajadas, y gran empresariado, ya se acomodaron, Iglesia, Ejército y Policía también ya están comprometidos, y van a seguir la cómoda posición de neutralidad, como las últimas declaraciones que diera la jefa de la Policía sobre los camisas-azules que actúan como policías sin serlo.

¿Hasta cuándo? Quisiera creer que todo tiene un límite. Quisiera creer que nuestro espécimen político-criollo tiene un límite de tolerancia y tiene algo de amor propio, aprecio a su familia, orgullo ante sus amistades, pudor ante su electorado, entre otras cosas, y que cada uno tiene un punto sensible en esa interfase entre su ego y la presión externa que puede explotar y dar paso, si alguna vez la han tenido, a algo de vergüenza y de decencia.

Habría que ver si diputados, magistrados, contralores, fiscales, jueces, alcaldes, concejales, policías, militares, etc., estarán a punto de llegar al límite de su aguante, o si el cuero de dinosaurios políticos mantiene impermeable su conciencia. También está por verse si esa buena parte de los banqueros, finqueros, industriales y comerciantes logra experimentar en su delicada piel de “empresaurios”, al menos un poco de alergia ante el descaro y desparpajo con que los dirigentes de izquierda en franca complicidad con sus colegas de derecha, en nombre del bisne atropellan la moral y la ley, en una obtusa práctica del precepto de que el fin justifica los medios.

Esperemos que en 2008 esta decadencia moral llegue a su límite y que el verdadero poder ciudadano despierte y actúe en contra de las arbitrariedades e injusticias, y si no, que Dios agarre confesada a Nicaragua, porque una nueva década de estupidez está a la puerta.


* Directivo Nacional PC