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¿A dónde va la especie humana y con ella las otras especies que se dicen inferiores y la naturaleza toda?

El dominio del conocimiento ha permitido incrementar la expectativa de vida desde los 30-50 años hasta más de 80 en este siglo de tecnología y ciencia.

Sin embargo, paralelo y simultáneo a ello se ha fomentado el proceso de deshumanización de la especie superior, la que piensa y siente, la que crea y construye. 

El fenómeno directamente proporcional, basado en evidencia, que a mayor dominio del conocimiento mayor alejamiento de la sensibilidad humana, mayor destrucción de los núcleos sociales, nos demuestra que no estamos preparados a intentar ser seres superiores.

Queremos alcanzar y dominar otros planetas. Queremos crear seres humanos en base a tecnología. Queremos vivir 150-200 años, como expectativa de vida promedio. Sin embargo, somos incapaces de disfrutar de la coexistencia en paz entre nosotros mismos. Seguimos siendo los protagonistas de la Torre de Babel. 100 o 1,000 individuos en el mundo poseen más fortuna que varios miles de millones. 1,500 millones de estos últimos  mueren o sufren por hambre, no tienen acceso a agua potable ni saneamiento básico.

Entre esos que poseen fortunas obscenas se encuentran los dueños de las industrias que más contaminan al mundo: la industria militar, la del narcotráfico, la de la prostitución y la de productos farmacéuticos… ¿Contradictoria la última, no? En apariencia trabajan para garantizar salud y vida, pero sus mayores utilidades las obtienen prolongando y haciendo crónicos los procesos de enfermedad. A manera de ejemplos: mantener por tiempos prolongados a pacientes con cáncer, VIH-sida, con enfermedades crónicas no transmisibles como hipertensión, diabetes, asma bronquial, enfermedades pulmonares obstructivas crónicas, epilepsia; procesos neurodegenerativos como alzhéimer, huntington, esclerosis diversas; siquiátricas como esquizofrenia, bipolaridad, déficit atencional; reumatológicas, como artritis reumatoide, soriasis,  etc.

Las inmunizaciones también caben en este grupo, pues existe evidencia de daño de muchas vacunas que todavía no se han confirmado, pero que son posiblemente parte del arsenal de la guerra biológica que adelantan los mismos de siempre. El Proyecto Brain que diseñó Estados Unidos, utilizando científicos de diferentes nacionalidades, incluidos los de países pobres: India, algunos asiáticos y latinoamericanos. Científicos del mal.

Haciendo referencia al título de la presente reflexión, tomado del libro del mismo nombre escrito a inicios del siglo pasado, nos queda repetir la pregunta: Humanidad: ¿Hacia dónde vamos tan desenfrenadamente?

Salud para todos.