Jorge Eduardo Arellano
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Si es usted como la mayoría de los mortales, a la medianoche del 31 de diciembre, después de abrazar a todos sus seres queridos, formuló sus propósitos a cumplir el año nuevo. Casi siempre son cosas que creemos necesario hacerlas (o dejar de hacerlas en su defecto) para mejorar como personas. Pagar las deudas de tarjetas de crédito, bajar de peso, dejar de tomar o fumar e inscribirse en una u otra actividad, son los propósitos más populares.

No obstante, a pesar de que la mayoría de las personas formulamos propósitos de año nuevo, sólo una minoría los mantiene hasta mayo. Y de éstos, el porcentaje que los cumple es ínfimo. Probablemente usted pueda recordar cuáles fueron los propósitos que formuló el 31 de diciembre de 2006. ¿Los cumplió? Si no lo hizo, no se preocupe. Los economistas tienen una muy buena explicación para ayudarle a comprender por qué no los cumplió y qué puede hacer para cumplirlos.

En el año 2005, la Real Academia Sueca de la Ciencia le otorgó el premio de economía en memoria de Alfred Nobel a Robert J. Aumann y Thomas C. Schelling por “Haber mejorado nuestra comprensión del conflicto y la cooperación a través del análisis de la teoría de juegos”. Las palabras claves acá son conflicto y cooperación. Inicialmente, los estudios de los laureados estuvieron dirigidos a aplicaciones militares de la guerra fría. Sin embargo, en la década de 1980, el profesor Schelling aplicó sus aportes teóricos a la comprensión del conflicto de los individuos con sus metas y propósitos de fin de año. El resultado fue lo que Schelling llamó: “Egonomía (de Ego: yo, y economía), lidiando efectivamente con el comportamiento propio”.

Una persona que formula propósitos de año nuevo se enfrenta a conflictos con ella misma. Dejar de fumar está en conflicto con nuestro deseo de nicotina. Del mismo modo, dejar de comer está en conflicto con nuestro deseo de comida. Por tanto, si una persona desea mantener sus propósitos de año nuevo debe aprender a cooperar consigo misma y con sus metas.

El profesor Schelling afirma que una manera para garantizar el cumplimiento de estas metas de año nuevo es a través de lo que el llama “Precompromiso estratégico”. Este concepto se refiere a la acción que un agente toma de autoamenzarse para obligarse a cumplir una meta. Por ejemplo, cuando una persona afirma que dará una moneda a su pareja cada vez que infrinja alguna de sus metas propuestas, está asumiendo un precompromiso estratégico. Este año asegúrese de comprometerse a realizar alguna actividad que no disfrute si rompe alguno de sus propósitos.

Por ejemplo, puede comprometerse con su familia a lavar todos los platos si en la cena comió de más. Esta sola amenaza será un incentivo perfecto para recordarle que debe de comer menos para, en último término, alcanzar su meta de bajar esas diez libras que se formuló como propósito de año nuevo. Las posibilidades son ilimitadas. Por supuesto, debe ponerse un límite. No debe usted llegar al extremo de la autoflagelación, como algunos miembros de sectas religiosas. Pero sí asegúrese de obligarse a hacer algo que no disfrute si no cumple con sus objetivos propuestos. Al principio será difícil, pero al cabo de un tiempo, el recuerdo non grato de lo que tendrá que hacer si no cumple, será suficiente.

Otro factor del que usted debe estar consciente es del costo de oportunidad. Este costo, según lo entienden los economistas, no es el costo explícito que se mide en dinero, sino la renuncia de una actividad por otra. Cuando usted renuncia a realizar alguna actividad como fumar o comer de más, está renunciando a un placer. Por tanto, este placer al que renuncia a sentir es el costo de oportunidad de la otra actividad que sí está escogiendo, a saber, no fumar o no comer de más. Que dicho sea de paso, no traen consigo ningún placer. Mientras más alto sea su costo de oportunidad, más difícil le será renunciar a alguna actividad.

No es fácil pedirle a una persona que disfruta del placer de comer, que deje de hacerlo a cambio de nada. Tampoco es lógico pedirle a alguien que deje de fumar y no recibir el correspondiente placer a cambio de simplemente no hacerlo y no recibir placer del todo. Por tanto, si usted quiere mantener sus propósitos de año nuevo, debe de reducir el costo de oportunidad de las actividades a las que está renunciando.

No solamente deje de fumar, sino que inscríbase en alguna actividad deportiva que siempre haya querido realizar y que le cause tanto placer como fumar. De esta forma el dejar de fumar no será tan duro, y no se verá usted entre los muchos que no cumplieron sus propósitos de año nuevo. Lo mismo puede suceder con dejar de comer. En vez de solamente no comprar la torta de chocolate que tanto le gusta, no la compre, pero también compre otra cosa a cambio que sea más saludable y que también le cause placer. Con esto estará reduciendo el costo de oportunidad de la torta de chocolate, y el no comprarla será más fácil.

Si usted toma esas medidas de contingencia, muy seguramente podrá cumplir con la mayoría de sus propósitos. Es importante reconocer que la frustración de no cumplirlos puede ser también muy alta. Recuerde los propósitos de 2006 que no pudo cumplir. Casi siempre esto le recordará que es necesario tener una forma diferente de proceder. Y sobre todo, asegúrese de que sus propósitos sean alcanzables y que no caigan en el terreno del país de las maravillas.

No debe usted pensar en los propósitos de año nuevo como una pérdida de tiempo. La gente que así opina, es justamente la que los ha formulado y no los ha podido cumplir. Los propósitos son metas que nos ayudan a planear y a dirigir nuestra vida. Y el tiempo gastado en planear nunca es tiempo pedido. Tal como dijera Séneca: “Ningún viento es favorable para quien no sabe a que puerto quiere dirigirse”. Por tanto, formule este año sus propósitos tal como lo hizo el año pasado. Sólo que esta vez recuerde penalizarse y reducir el costo de oportunidad de los mismos.


*El autor es estudiante de economía, UNAN-Managua
http://econoscopio.blogspot.com