Ian Coronel
  • Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

El déficit fiscal que estamos viviendo es más político que económico, y es precisamente porque fue causado por una crisis política que no se ha querido resolver por falta de voluntad y madurez.

En una economía liberal y esto que estoy diciendo para que no sea malinterpretado para que no sea usado desde la óptica de la falta de políticas sociales y de desarrollo a como siempre se trata de justificar, cuando los estados carecen de soluciones, debería el Estado tratar de limitar el uso de cargas impositivas a las empresas y a los ciudadanos.

Ante un déficit fiscal hay generalmente algunas formas de controlar sus efectos y hasta revertirlos, por supuesto, todos tienen un grado de responsabilidad y depende mucho de la visión del Gobierno.

La forma más fácil, la maquinita de hacer dinero y la devaluación de la moneda. Esta es posiblemente la más nefasta de todas, pero desgraciadamente no estamos muy lejos de sentir su posible implementación.

La carga impositiva encubierta nos quiere hacer creer que lo que están imponiendo solo afecta, entre comillas, a los más ricos o a las empresas más grandes.

Lo cierto es que nos va a afectar a todos los nicaragüenses, muchas personas creen que también se está usando como una forma de castigo en contra de los planteamientos moderados y correctos de los sectores económicos del país.

Pero qué deberíamos realmente hacer si nuestro interés fuera Nicaragua y si realmente estuviera el Gobierno interesado en buscar una solución a esto. Creo que hay dos formas, una es el diálogo de inmediato para buscar la solución política, que es la que tiene postrada a nuestra economía.

Segundo, para revertir el déficit fiscal no es necesario y más bien es totalmente contraproducente cargar a la economía con cargas impositivas, por qué no aplicamos una transformación del Estado y lo adecuamos a nuestra realidad.

Si frenamos la corrupción, si dejamos la mala práctica de aumentar los puestos de trabajo por afinidad partidaria o ideológica, si evitamos que los salarios sean desproporcionados a la realidad del mercado laboral, podemos empezar a reducir el déficit fiscal.

Asimismo, los beneficios o convenios colectivos de las instituciones del Estado distorsionan toda lógica de lo que debería ser un estado comprometido con el país y no solo con sus intereses propios.

Si el Estado de Nicaragua, al igual que las alcaldías y todas las instituciones pagaran sus deudas, a como lo es la deuda histórica con el INSS, sería más que suficiente para tener en números positivos a esta institución.

Si los puestos públicos fueran por méritos profesionales y no por influencias, si no se pensara en enriquecerse, en vez de servirle al país, tendríamos más recursos al servicio de los nicaragüenses.

Si las instituciones no sirvieran como caja chica o peor aún como botines de guerra, tendríamos oportunidad de desarrollar mejores políticas sociales y económicas, sin establecer una dependencia nociva para los que necesitan el apoyo.

El Estado es para servirle al pueblo, con capacidad, transparencia y eficacia, sobre todo, con honradez y humildad.


No hay y no puede haber mayor satisfacción que servirle al país con tus conocimientos y experiencia, la felicidad que debe llenarnos como seres humanos del deber cumplido y de la mejora de la sociedad.

Deberíamos hacer una auditoría internacional para que nos diga cómo y en qué áreas reducir el Estado, el Estado no debería ser un impedimento para la libre economía, nos han querido siempre vender la necesidad del Estado para el desarrollo de un país, lo cual no es del todo cierto.

No necesitamos un Estado faraónico, no necesitamos un Estado de lujos y derroches, necesitamos un Estado comprometido con el desarrollo social, comprometido con los que menos tienen, sin sacrificar las finanzas públicas.

No soy economista, pero en lo poco que entiendo como la gran mayoría, sé que los vicios y malas prácticas de los estados son los frenos al desarrollo económico de los países.

Tenemos un pueblo bueno y trabajador por naturaleza, debemos devolverle la confianza en el Estado, que las instituciones están para servir a todos los ciudadanos por igual y que nadie sea más que nadie.

¡Ánimo Nicaragua, vamos a salir adelante!