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Pitágoras, quien consideraba que todo tiene que explicarse en números para tener lógica y ser algo real, estaría rascando frenéticamente su cabeza frente a “la estrategia” cada vez más equivocada del sector que maneja los resortes del poder en esta Nicaragua tambaleante.

No se puede, mucho menos intentando resolver una crisis que se ha extendido por casi 10 meses, perder interés por sumar y permanecer indiferente ante el crecimiento del restar, estableciendo una diferencia cada vez más grande.

La situación para quienes no encuentran la forma de elaborar propuestas viables, intentando regresar a gobernar como lo estuvieron haciendo sobre el colchón de un sometimiento aparentemente resignado, se ha convertido en enloquecedora, como lo demuestran la serie de medidas desesperadas y erráticas con el borrador en la mano, que no suman, pero siguen restando posibilidades y seguidores.

Hay suficiente fortaleza 

Cuando ni siquiera ofrecimientos de liberación alrededor de injustas prisiones logran funcionar, como fue el caso tan llamativo del joven Jonathan Lira Matey, lo cual evita seguir fabricando distorsiones, aparece Juan Sebastián Chamorro, lo suficientemente claro y contundente, rechazando cualquier intento de negociar impuestos con el sector empresarial, mientras existan presos políticos, medios de comunicación cerrados y violación de derechos humanos.

Estas actitudes le indican a quienes se mueven en las esferas del poder, que no hay manera de sumar mientras restar se estira. Es la firmeza de esa resistencia patriótica heredada de Sandino, mostrada en las prisiones por Miguel Mora, Lucía Pineda, Irlanda Jérez, Edwin Carcache y tantos otros, lo que impactó emocionalmente a los diputados de la Unión Europea en su reciente visita, calando muy profundo en sus sentimientos y llevando la verdad de lo aquí ocurre en sus mochilas.

Mirando hacia adentro

Tienen que convencerse, después de tanto tiempo, que la aplicación indiscriminada de la injusticia impide gobernar. Es eso lo que ha obligado 

—consecuencia de deserciones y de intentos que no ven ninguna luz dentro del túnel— a una vigilancia extrema interna como la de Maduro en Venezuela, para frenar lo que sería un flujo altamente motivador en busca de salir del barco que va a chocar contra la montaña de voluntades, dispuestas a resistir, resistir y resistir, en medio de las dificultades también crecientes, que provocan un mayor deterioro en lo económico, multiplicando el desempleo, provocando cierres de empresas, fuga de jóvenes talentos y sometiendo a prueba el espíritu de sacrificio de la mayoría de un pueblo, que pacíficamente, está demostrando ser capaz de provocar un cambio de sistema, y enfrentar el reto de enderezar un país agredido hacia adentro.

Deserciones de una vía

El problema es encontrarse en un punto neurálgico, en el que no se puede ejercer más control desde arriba que el sometimiento por la fuerza, haciendo valer una presión que ciertamente es agobiante, pero no te conduce a ninguna salida.

Estar consciente que las deserciones solo son de una vía, hacia la liberación; que la única forma de reactivar un diálogo es sobre compromisos que necesitan de una garantía difícil de proporcionar por no poder atreverse a enviar señales claras con necesarias e improbables actitudes limpias; que la posibilidad de ofrecer propuestas creíbles nunca tomó forma, en vista de lo poco que les ha importado en esta crisis el presente y futuro del país; y sobre todo, por estar convencidos que no han sido capaces de sumar, seguir restando es inevitable, indica que desde arriba todo se ve oscuro. El desesperado apego al poder nubla la mente y endurece el corazón. Es triste.