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Roma es una excelente película mexicana dirigida y coproducida por Alfonso Cuarón, estrenada el año pasado. Ganó el León de Oro en el Festival de Venecia y recibió 10 nominaciones al Óscar. Los comentarios sobre técnica cinematográfica, musicalización, actuación, dirección, etc., los dejo para los expertos que, por cierto, la califican como una obra de arte. Yo comentaré sobre el tema social que está detrás del argumento, pues Roma muestra la realidad social de muchos países de América Latina, donde una minoría de familias de las clases sociales y económicas alta y media- alta gozan de todas las comodidades y beneficios económicos y sociales, siendo servida por la mayoría de la población formada por indígenas y por mestizos predominantemente indígenas, pobres, que carecen de esos beneficios. La película muestra la vida de una familia mexicana de clase media-alta en los años 70 del siglo pasado, residente en la Colonia Roma, construida cerca del centro de la capital, a principios del siglo XX para la élite de clase alta. En los años 70, Roma se convirtió en un residencial de clase media-alta.    

Roma revela las grandes desigualdades económicas entre las clases sociales de nuestros países; aunque eran más notorias en los años 70, cuando los de mi generación éramos adolescentes y jóvenes que hoy vemos en Roma la realidad en la que crecimos y que, si bien ha cambiado, no es mucho. Yo vengo de una familia de la clase media-alta de los 70 en Nicaragua, y no creo que nosotros, ni nuestros padres y abuelos fuéramos perversos explotadores de nuestros empleados de manera consciente. Como lo muestra la película, incluso había cierto paternalismo y hasta lazos de afecto entre patronos y sirvientes (hoy, más apropiadamente, empleados y empleadores). Aunque por supuesto que eso no era ni es una situación económica y social justa. Para mantener impecables las cómodas casas y servir las bien surtidas mesas de unos, los otros trabajan muy duro y por muy poco y de vez en cuando van a sus propias casas de tablas viejas, zinc sarroso, calles enlodadas y comida escasa, donde vive su propia familia. Es duro decirlo, pero emplear a estas personas es darles la oportunidad de comer y llevar comida a sus hijos. Es ayudarles a sobrevivir. Pero es una situación injusta que debe cambiar y que no se limita a las llamadas “sirvientas”, sino que involucra a los trabajadores de diferentes labores que pertenecen a esa clase social; y también, como lo expone Roma, a los reclutados para las fuerzas represivas de los diferentes gobiernos, principalmente instrumentalizados por las dictaduras latinoamericanas de derecha y de izquierda. 

¿Cómo cambiar esta situación? Aclaremos algunas verdades incuestionables: 1) Siempre habrá  diferentes clases sociales, niveles de ingresos diferentes en toda sociedad; pero debe ser por el mérito y esfuerzo de las personas. 2) No existen razas inferiores, cuyo atraso se deba a factores genéticos. 3) El Banco Mundial y la Unesco revelan que para que un grupo social, de la raza que fuese, pueda desarrollarse, el factor básico es la educación. Las enormes diferencias económicas y sociales en nuestros países nacen desde que se les negó el acceso a la educación a los indígenas durante la conquista y colonización europea de Latinoamérica. Los colonizadores establecieron brutales formas de explotación en instituciones como las “encomiendas”: grupos de indígenas al servicio de “encomenderos”, que después pasaron a ser los “patrones”. Indígenas y mestizos han sido los mozos de las haciendas, los campesinos y los sirvientes y obreros de las ciudades, sin oportunidad de recibir adecuada educación para sus hijos, como la recibida por los hijos de los “patrones”.  

Según la Unesco, para que un grupo social se desarrolle adecuadamente (como grupo, porque hay honrosas excepciones individuales) se necesita que tres generaciones hayan recibido una adecuada educación; o sea, desde los abuelos. Cada generación se calcula en 25 años, cuatro generaciones son 75 años. Hace 75 años, en 1944, ¿cuántos niños indígenas y mestizos tendrían escuelas apropiadas en la mayoría de países latinoamericanos?  La inmensa mayoría eran analfabetos. Roma nos ayuda a tomar conciencia de la responsabilidad de preocuparnos como nación por resolver la deficiencia de educación de estas personas y resolverles otras muchas necesidades básicas; sin despreciarlos jamás por su raza ni por su nivel cultural, porque su situación actual es responsabilidad histórica de nuestro grupo social. No es una tarea individual, sino colectiva, que debe ser objetivo primordial en todos nuestros proyectos de nación.  
 
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