Los ajustes económicos: sus causas y sus efectos

Los ajustes económicos: sus causas y sus efectos

Noel Ramírez Sánchez / Edición Impresa

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Managua, Nicaragua

Estimado lector, como ya lo hemos dicho, no hay nada más político que la política económica y la mejor política social es aquella política económica que promueve la inversión privada, nacional o extranjera, genera empleo, genera impuestos y reduce la pobreza.  Así como la democracia, con todos sus defectos, es la mejor alternativa que tenemos para vivir en paz y desarrollo, así, esa política económica, es la mejor alternativa que hasta el día de hoy hemos podido descubrir. 

Pero para gozar de esa política económica es necesario salvaguardar la estabilidad monetaria y poner en práctica una economía de mercado, donde los precios reflejen los niveles de abundancia o escasez de un determinado producto o servicio.  Pero como también lo hemos dicho, no hay problema con recurrir a los subsidios, siempre y cuando los mismos sean sanamente financiados y no creen distorsiones que promuevan la especulación y desestimulen el deseo de invertir y producir.

Por otro lado, como usted ya lo sabe, la estabilidad monetaria no es un objetivo en sí mismo, pero es una condición necesaria para el crecimiento y el desarrollo económico y social.  

Todo esto ya lo sabemos, y por ello en esta oportunidad deseo conversar con usted en más detalle de los “ajustes económicos” y sus supuestos costos económicos y sociales. Para ello, y para hacerlo más didáctico, recurriremos a la reforma fiscal que se está debatiendo en Nicaragua.

Inicialmente y para analizar este “caso vivo”, recordaremos el orden de preferencia de nuestras opciones de política económica para enfrentar un déficit fiscal en sector público:

Primera opción, reducir el nivel de gasto, para así enfrentar el déficit de sector público.

Segunda opción, si la crisis es temporal y si es factible, sería recurrir al financiamiento internacional para cubrir la brecha y preferiblemente en términos concesionales, si ello fuera posible.

Tercera opción, colocar títulos del estado en el mercado financiero local para obtener liquidez y así financiar el déficit fiscal, pero “estrujando” al sector privado, es decir, reduciendo la disponibilidad de crédito a ese sector. 

Cuarta opción, aumentar la recaudación fiscal, lo cual si la economía está enfrentando una contracción, puede aumentarla y no alcanzar sus objetivos tributarios.

Quinta opción, recurrir a los depósitos del Gobierno en el Banco Central, lo cual reducirá el nivel de reservas internacionales, que como usted sabe es el “bastión” que garantiza la estabilidad monetaria de una economía.

Y sexta opción, recurrir a la “emisión inorgánica”, es decir, sin respaldo, y provocar un proceso inflacionario, que nos llevaría a un problema cambiario, que podría ser enfrentado con un control de cambios, con un aceleramiento de la tasa de minidevaluaciones, con una “banda cambiaria” o dejando libre la tasa de cambio.

Por mi experiencia como expresidente del Banco Central, le digo que ese es mi orden de preferencia y mi recomendación fundamental es hacer todo lo posible para no tener que recurrir a la quinta alternativa.  En otras palabras, yo prefiero, dado el caso, cualquiera de las primeras cinco alternativas que la última, que destruiría la estabilidad monetaria, que tanto esfuerzo toma en construirla.

Por otro lado, es importante mencionarle que en economías “pequeñas y abiertas”, el enfoque keynesiano o “contra cíclico”, no funciona y solo agrava más la situación de desequilibro.  

Yo sé que nadie es profeta en su tierra, pero por favor, creame lo que le digo.  Recuerde que tengo un PhD de Yale, que enseñé economía por más de dos décadas en el Incae y que fui presidente del Banco Central; y esto no se lo digo por ufanarme, sino para que me crea.

Y para concluir, deseo compartir con usted dos reflexiones; una que todos la conocemos y que consiste en reconocer que si el origen del problema es de carácter político, todas las opciones que le he mencionado son meros paliativos y que todos debemos contribuir a resolver el problema que enfrentamos, para que la economía vuelva a crecer, se vuelvan a generar empleos e impuestos y nos podamos desarrollar de una forma sostenible.

Y la segunda reflexión consiste en reconocer que la reforma tributaria que se está debatiendo en Nicaragua, aunque toda reforma siempre puede ser mejor, no es la causante de los problemas económicos sociales que estamos enfrentando y que seguiremos enfrentando si no superamos el clima de incertidumbre que prevalece en el país.  La causa de estos problemas y los nuevos y más serios problemas que podamos enfrentar en el futuro es el problema político que surgió hace ya varios meses y la forma en que se manejó el diálogo que estaba supuesto a superar dicha crisis.  Ahora solamente se están “transparentando” los costos de esa penosa situación. 

nramirezs50@hotmail.com
*Doctor en Derecho y Economía.

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