Julián Corrales Munguía
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El papa Francisco, la juventud peregrina en Panamá y nuestros campeones invictos en la Serie Latinoamericana de Beisbol 2019 .

Los asuntos anteriores enunciados podrían evidenciar señales de mis inevitables 83 años de edad debido a su posible dispersión, no obstante, desde mi perspectiva encuentro vínculos que surgen en el tiempo y el espacio que, en la situación vivida en nuestra bien amada Nicaragua, hoy comparto con los lectores de El Nuevo Diario, en sus distintas modalidades básicas, frente a la carencia de sus insumos fundamentales para elaborarlo.

Allá por los 60 —más o menos— presenciaba y participaba con la licenciada Michele Najlis, en ese entonces estudiante de Ciencias de la Educación, mención español, en una reunión de jóvenes en la que se mencionó que en ellos descansaba el futuro del país. Y yo pregunté a Michele: ¿Y cuándo comienza el futuro? Buena pregunta, me comentó. Seguimos en la reunión y todo quedó allí. Con Francisco, el ovillo inició su soltura. Transparencia y honestidad demandó de los políticos en una de sus primeras intervenciones, en Panamá. También instó a todos por el trabajo a favor de una educación de calidad.

Y por supuesto comprendí una aplicación de su postulado de la unidad en la diversidad de nuestro filósofo Alejandro Serrano Caldera. El Papa evocó en la Cancillería de Panamá aquella convocatoria del libertador Simón Bolívar “que nos ayuda a comprender que nuestros pueblos son capaces de crear, forjar y sobre todo, soñar una patria grande que sepa y pueda albergar, respetar y abrazar la riqueza multicultural de cada pueblo y cultura”.

Ese gran Papa jesuita, el Papa Francisco, a quien la mayoría estima, respeta y admira, 70 años después, me dio sin saberlo una respuesta autorizada, creíble, ajena a toda intención dolosa, respuesta de padre amoroso, comprometida con nadie, el futuro comienza hoy, dijo a los jóvenes y a todo el mundo, vayan a trabajar por él y agregó...sin miedo, con esfuerzo, con trabajo, con alegría, con el ejemplo de María, sigan activos, no se dejen adormecer e impidan que sus sueños pierdan vuelo. Sobran los comentarios de chavalos y chavalas que, como otros pensamientos, recogí de El Nuevo Diario: “afiancé mi fe, voy a dejar la comodidad de mi casa, voy a evangelizar; recibí contenidos que dieron dirección a mi vida; quedo claro de cuál es mi misión en la vida terrenal; sentí la unidad de la Iglesia a nivel mundial y el orgullo de ser católico; estar aquí no es una casualidad, ha sido un regalo de Dios, el encuentro me ayudó a encontrar un propósito de vida, este camino me ha servido para poder llevar una palabra”.

No puedo obviar que en el local al que concurrían los muchachos y muchachas, así como mayores destacaba nuestra bandera bicolor que es de todos, que no pueden suprimirnos el azul y blanco que con toda razón expresa nuestro sentimiento cívico-patriótico.

Durante la visita del papa Francisco a Panamá ocurrió la Serie Panamericana de beisbol en Veracruz, México. Algunos, si no la mayoría, observamos la trasmisión televisiva.

Entiendo que los acontecimientos sociopolíticos que por hoy a todos nos trastornan dolorosamente con desgarros del alma y que, al menos, a largo plazo deseamos superar, personalmente me gozaba de los avances que en cada partido ganado obtenía nuestra selección. Me identificaba con un grupito, como de una docena de chavalos, que por allá ondeaban la bandera de los colores azul y blanco. A lo mejor esa minúscula docena llevaba en sus corazones exiliados toneladas de patriotismo nica, que en todo momento deseaban exhibir.

Confieso que poco simpatizo con el equipo Bóer. Voy con los Leones de León. Mi caso es un prejuicio que trato de superar. Lo explico así: hace algunos años, al entonar el Himno Nacional, antes de finalizarlo se gritaba: Viva el Bóer. Aquello lo juzgaba una profanación a algo sagrado. Los niños creían que era parte del himno.

En una ocasión, conversaba con el padre José Idiáquez al respecto, aún no era rector de la Universidad Centroamericana (UCA), y él razonaba así: Julián, esa era una manera de atacar la dictadura de Somoza, acuérdate que su equipo de guardias era el Cinco Estrellas. Entonces se trataba de un ataque-defensa popular. Valen las ideas: no soy antiboerista, pero mi equipo seguirá siendo el de los Leones de León.

En aquella linda escuela de El Jicaral, en donde aprendí a leer y en la cual recitaba poemas patrióticos los 14 de septiembre, los campesinos se quitaban sus respectivos sombreros, permanecían de pie, en silencio respetuoso entonaban la Hermosa Soberana o la Patria Amada, creo, en verdad no quiero ni hace falta recordar, pero sí rememoro aquel respeto patriótico muy bien aprendido desde mi niñez.

Algunas observaciones finales: Llegó y pasó el viaje de el papa Francisco a Panamá, esperamos la próxima Jornada de la Juventud en Portugal que también pasará, mas el contenido de sus palabras en aquella capital no pasará jamás y quedará como legado eterno para la humanidad en todas sus dimensiones y ámbitos. La construcción del futuro ya comenzó, estamos atrasados; corresponde a jóvenes y viejos sin exclusiones, es un reto que compete asumir a gobernantes y gobernados; la educación de calidad es una necesaria oferta por generalizar; la unidad en la diversidad, el respeto y la tolerancia frente a los otros y otras deben aplicarse y asumirse como mecanismo de contribución a la paz y superación económica. No olvidemos la transparencia y honestidad que el Santo Padre, con toda claridad, demandó de la clase política. En este planeta, creación de la divinidad, no solo la juventud, sino la humanidad peregrina sobre él.