Haishan Fu
  • |
  • |
  • Edición Impresa

Sabemos que los datos de alta calidad sobre el desarrollo sirven de base para la formulación de políticas importantes, la asignación eficiente de recursos y la prestación eficaz de servicios públicos.

Desafortunadamente, a pesar de que las nuevas tecnologías permiten generar una mayor cantidad de datos y usarlos de una manera más amplia, todavía hay muchos espacios en blanco en materia de datos en el mundo.

Un documento de mi colega Umar Serajuddin y otros autores publicado en 2015 describe este fenómeno como la “privación de datos”, concluyendo que, hace unos pocos años, 77 países aún carecían de los datos necesarios para medir adecuadamente la pobreza.

Lo que es peor, con frecuencia los datos son más escasos en las zonas donde justamente se necesitan más. Por un lado, la escasez de datos a nivel individual en materias como activos y consumo limita de manera grave nuestra capacidad de tomar decisiones para disminuir las disparidades de género.

De manera similar, pese a la urgencia de gestionar los riesgos climáticos, existen aún vacíos importantes en materia de datos climáticos, como por ejemplo los impactos en los recursos de agua dulce. La educación, la salud, la seguridad alimentaria y la infraestructura son solo algunos de los numerosos ámbitos en los que se necesitan más y mejores datos para lograr avances.

Entonces, ¿qué se debe hacer? De cara al futuro, propongo tres prioridades en el ámbito de los datos, que estamos tratando de poner en práctica.

Si bien comparto el entusiasmo mundial sobre la última brillante iniciativa en materia de datos (¡Shiny!), estoy convencida de que los componentes fundamentales de los datos sobre el desarrollo —registro civil y estadísticas vitales, otros datos administrativos, encuestas de hogares— siempre serán un componente crítico de la manera en que trabajamos para mejorar la vida de las personas en todo el mundo. Sin embargo, también hay un gran potencial derivado de las nuevas tecnologías y las nuevas fuentes de datos que no existían antes, y que nos pueden ayudar a ahorrar tiempo, aumentar la precisión, y entender y gestionar nuestro mundo de nuevas maneras.

Por eso, para mí, el real entusiasmo se debe relacionar con la integración de fuentes de datos tradicionales, como las encuestas de hogares, con fuentes de datos nuevas e innovadoras, como las imágenes satelitales y los datos geoespaciales, de dispositivos móviles y de redes sociales.

Esto nos obliga a ampliar la frontera aumentando nuestra propia experiencia en nuevos tipos de datos, mejorando el análisis de datos como el aprendizaje automático y aprovechando la colaboración con el sector privado, y manteniendo al mismo tiempo nuestro enfoque en el desarrollo de capacidad en los países clientes para promover la generación de datos de alta calidad en el sector público.

Mucho ha cambiado en el mundo de los datos desde que el Banco Mundial ofreció libre acceso a sus datos hace casi una década. Desde la puesta en marcha de nuestra iniciativa Datos de libre acceso en 2010, se ha observado un gran aumento tanto en la cantidad de indicadores que ponemos a disposición como en el uso de nuestros datos en el mundo.

Tampoco nos conformamos con dormirnos en nuestros laureles en este ámbito: abrimos nuestros análisis compartiendo nuestros códigos y algoritmos para alcanzar nuestro objetivo final de generar conocimientos abiertos al servicio del impacto en el desarrollo.

Pero creo en un mundo donde la abundancia de datos va de la mano con una gestión eficaz de los datos, lo que incluye la protección adecuada de los datos personales. La privacidad de los datos está en la mente de todos en estos días, y por una buena razón.

Es fundamental que frenemos el lado oscuro del uso indebido de los datos y garanticemos que los datos sirvan a un propósito social más elevado. En este momento, el mundo necesita con urgencia una gestión de los datos basada en un conjunto de valores universalmente reconocidos, lo que demandará un proceso político para reunir a las empresas privadas y el sector tecnológico con expertos legales y el sector público.

Por eso celebro el anuncio del primer ministro japonés, Shinzo Abe, de incluir la gestión mundial de datos como una prioridad clave en los próximos debates del Grupo de los 20 (G-20), que tendrán lugar este año. Por mi parte, estoy trabajando para promover una gestión eficaz de los datos en el Banco en mi calidad de copresidenta del Consejo de Datos
sobre el Desarrollo (DDC, por sus siglas en inglés), junto con Carolina Sánchez, mi contraparte del Departamento de Prácticas Mundiales de Reducción de la Pobreza.

A través del DDC, trabajamos con altos directivos y equipos técnicos en todo el Banco para coordinar nuestra visión colectiva, las prioridades y las actividades relativas a los datos.

En otras palabras, trabajamos con datos a lo largo de todos los aspectos de la cadena de valor de los datos sobre el desarrollo, desde la recopilación a la gestión, la organización, el análisis y el uso.

Y cuando se trata del uso de los datos, no nos detengamos en las tablas estadísticas; asegurémonos de que los datos mejoren la vida de las personas en sus mesas. Para lograrlo, debemos apoyar la alfabetización en materia de datos e invertir en la capacidad de las personas en todo el mundo para transformar los datos en políticas que realmente tengan impactos importantes en la vida de la gente.

Para poner en práctica estas prioridades, debemos comprometernos a financiar de manera integral las iniciativas en materia de datos. Necesitamos invertir en los países en cada paso del proceso, desde mejorar sus métodos a recopilar mejores datos, anonimizar y organizar la información y aumentar sus capacidades de uso y análisis de los datos para generar un impacto real en el desarrollo.

Debemos estar preparados para trabajar con las Naciones Unidas y otros donantes a fin de acelerar los avances en este ámbito complementando la inversión nacional con financiamiento sostenible a través de mayores inversiones de la Asociación Internacional de Fomento (AIF) y nuevos servicios de fondos fiduciarios.

Por último, debemos invertir en ideas innovadoras para apoyar mejor a los países y crear bienes públicos mundiales, siendo pioneros en nuevas aplicaciones de tecnologías de datos que nos ayuden a monitorear y lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Este artículo fue publicado en el Blog del Banco Mundial, en la sección Voces.