Rafael Novella y Andrea Repetto
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¿Sabías que la gran mayoría de los jóvenes de América Latina y el Caribe tienen altas aspiraciones y expectativas sobre su futuro educativo y laboral? No solo piensan que lograrán terminar la educación superior, sino que además están prácticamente seguros de que conseguirán el trabajo que desean. Sin embargo, estas aspiraciones se contradicen con la cobertura educativa y las condiciones de los mercados laborales de los países de la región y también con algunas características que muestran los propios jóvenes. En el libro “Millennials en América Latina: ¿trabajar o estudiar?”, mostramos que estos presentan deficiencias que podrían comprometer la posibilidad de que alcancen sus sueños (en particular, en habilidades cognitivas básicas, en conocimientos de inglés y en información sobre los retornos salariales a la educación). Además, enfrentan restricciones en el acceso a educación pertinente y de calidad, y a un mercado laboral altamente informal y amenazado por las nuevas tecnologías. ¿Cómo pueden las políticas
públicas aprovechar el gran potencial de los millennials y las demás generaciones que vendrán?

Intervenciones de bajo costo

Existen diversas intervenciones que buscan promover la inversión en la educación de los jóvenes y facilitar su paso al mercado laboral, pero no todas han tenido un efecto positivo y muchas de ellas tienen un alto costo de implementación. Dentro de las intervenciones de bajo costo, proveer información sobre educación y empleo ha mostrado ser un mecanismo exitoso. Por ejemplo, entregar información a los jóvenes y sus familias sobre los retornos salariales a diversos niveles de educación aumenta la probabilidad de volver a la escuela al año siguiente, eleva la asistencia escolar y genera un impacto positivo en el desempeño. Otros estudios proporcionan también información sobre requisitos, elegibilidad y mecanismos de acceso a financiamiento, encontrando reducciones en el ausentismo escolar y efectos sobre los programas que eligen los estudiantes, haciéndolos más ajustados a sus preferencias, de mayor calidad o con mayor ingreso esperado. Otras intervenciones entregan información sobre ofertas de trabajo, oportunidades de capacitación, ingresos y condiciones laborales en la localidad, incrementando la probabilidad de alcanzar los grados más altos del sistema escolar y de graduarse de educación terciaria, reduciendo la probabilidad de desempleo al inicio de la carrera laboral y elevando la duración del primer empleo.

Un segundo tipo de intervenciones busca cambiar las actitudes y creencias de los jóvenes, basándose en la evidencia de que el cerebro es un órgano plástico que responde al ejercicio, y que, por tanto, puede modificarse por medio del estudio y la práctica. Un ejemplo exitoso de estas intervenciones consiste en mostrar esta evidencia a estudiantes (en un lenguaje apropiado para su edad) y pedirles que utilicen ese aprendizaje para explicar a otros el nuevo conocimiento científico que han adquirido. Estas intervenciones no solo son baratas de implementar, sino que además generan impactos relevantes (por ejemplo, en los resultados de pruebas estandarizadas de matemáticas y lenguaje o en la reducción de la brecha de género).

Un tercer tipo de intervenciones apunta a modificar las aspiraciones de los jóvenes, a través de los modelos a seguir. Exponer a los jóvenes a individuos de origen familiar y social similares que han sido exitosos laboralmente puede alterar su interés en educarse, mostrándoles que alguien como ellos sí puede lograr sus sueños. Estas intervenciones pueden complementarse con aquellas que entregan información sobre cómo alcanzar sus metas. Por ejemplo, una intervención en la que alumnos de la Universidad de Bristol (en Inglaterra) dictaron charlas sobre su experiencia universitaria en escuelas públicas secundarias logró elevar el interés de los estudiantes por ingresar a la educación superior y su probabilidad de postulación.

¿Qué hacer entonces para ayudar a que los jóvenes logren sus sueños?

Existe un amplio conjunto de opciones de políticas para que los países de la región aprovechen los recursos con los que cuentan los jóvenes. Por un lado, existen las intervenciones que discutimos en el libro “Millennials en América Latina: ¿trabajar o estudiar?” y que apuntan a mejorar el acceso al sistema de desarrollo de habilidades (a través de becas, subsidios y centros de cuidado infantil, entre otros); la calidad y pertinencia de la formación; y la orientación e información laboral. Por el otro lado, existen las intervenciones de bajo costo discutidas en este artículo y compiladas en nuestro estudio Acompañando a los jóvenes en educación y trabajo: ¿qué funciona y qué no?. Desarrollar el gran potencial de los jóvenes de América Latina y el Caribe requerirá combinar ambos tipos de intervenciones, atendiendo al contexto y las necesidades específicas de cada país.

* Este artículo fue publicado en el blog
Factor trabajo del BID.